Alejandro, rey de Macedonia

Colin Farrell interpreta a Alejandro en la película homónima de 2004

A lo largo de toda la historia, miles de hombres han soñado con la gloria. Esto ha llevado a hombres comunes a la realización de épicas gestas y de aventuras imposibles; la devoción, la fe, las ansias de riqueza o la búsqueda de la inmortalidad, todo ello ha escrito los anales de la historia. Dentro de otros 2000 años, los hombres seguirán recordando la ancestral civilización que construyó las Pirámides, las brillantes mentes que escribieron los poemas épicos griegos y romanos, los incansables trabajadores que construyeron el Coliseo o la valentía de los soldados en la guerra.

Filipo II, el tuerto, de Macedonia, padre de Alejandro Magno

Por eso, hoy es el día de recordar: recordemos a los hombres que, contra todo pronóstico, protagonizaron la carga de caballería en Gaugamela, asediaron y conquistaron Tiro, destronaron al rey más poderoso de su época y llegaron a pie desde Grecia hasta la inexplorada India. Aquellos macedonios, liderados por el conquistador más grande de todos los tiempos, Alejandro. Su madre, la reina Olimpia, y su padre, el rey macedonio Filipo II, educaron al joven Alejandro para convertirse en el próximo caudillo de Macedonia desde el momento de su nacimiento. Creció junto a los hijos de los nobles macedonios que, posteriormente, serían sus generales y compañeros: Casandro, Ptolomeo, Nearco y Hefestión, su amigo inseparable y amante. El asesinato de su padre a manos de Pausanias, el capitán de su guardia, sobornado, supuestamente, con oro persa,  propició su ascenso al trono. Así comienza la leyenda.

Alejandro cruzó el Helesponto con 100.000 hombres bien armados y adiestrados para el combate. Derrotó a los sátrapas persas de la península de Anatolia con facilidad, liberando a los griegos que residían en estas tierras. Una de las leyendas más conocidas de Alejandro cuenta que, en la ciudad de Gordión, se encontraba un carro atado con un nudo complicadísimo. Se decía que el hombre que lo desatase reinaría en Asia. Alejandro, espada en mano, cortó el nudo de un sablazo. Continuó hacia el sur -conquistando la ciudad de Tiro tras un largo y épico asedio de varios meses-, llegando a la satrapía de Egipto, bajo el yugo persa. En Egipto, Alejandro visitaría el oasis de Siwa, lugar de culto a Amón, donde se dice que fue declarado hijo de Zeus-Amón. El caudillo de Grecia era ahora también faraón de Egipto, rey de Turquía y Oriente Próximo. Con todos estos territorios bajo su mandato, Alejandro dirigió a sus huestes a las llanuras de Gaugamela, donde se produciría la batalla más gloriosa de su reinado.

Darío III Codomano, rey de Persia, consiguió reunir a un ejército de más de 250.000 efectivos listos para el combate, mientras que el rey de Macedonia llevó a 47.000 macedonios preparados para acometer la tormenta persa con sus hoplones y sarissas. El genio militar de Alejandro  contra el poder de Darío III, en Gaugamela se decidiría todo. ¿Los persas aplastarían a la incipiente Macedonia?¿Destruirían las afiladas lanzas griegas a los dueños de Asia? Veámoslo.

Esquema de una división de la falange macedonia

Alejandro, al mando de su caballería de compañeros, dirigía las operaciones desde el ala derecha. El centro y el ala izquierda estaban compuestos por la infantería pesada macedonia (falange e hipaspistas) y la infantería ligera (lanzadores de jabalinas y honderos). Darío III trajo a la batalla a sus famosos carros falcados, repletos de guadañas cortantes que serían la pesadilla de los macedonios, y elefantes de guerra pesados. Su guardia real, formada por los famosos soldados de élite llamados inmortales, lo custodiaban con fervor mientras dirigía las operaciones. Alejandro se movió hacia el ala izquierda persa, con gran inteligencia, ya que los persas golpeaban los muros de lanzas del centro con contundencia. El rey macedonio aprovechó esto para romper las filas del enemigo y llevar a sus compañeros a atacar el centro persa, donde se encontraba Darío III, mientras Parmenio le daba cobertura por la izquierda y el centro macedonio masacraba las cuadrigas persas, ensartándolas con sus sarissas. La arriesgada maniobra dio sus frutos, provocando la retirada de Darío III y el colapso de las fuerzas persas. La persecución de Darío tuvo que ser aplazada, ya que el ala izquierda se venía abajo. Alejandro movió a su caballería de élite hacia la zona, rescatando a la falange de aquella peligrosa situación. Al final del día, el imperio persa, el mayor hasta el momento, había sido derrotado. Alejandro, rey ahora de Asia, entraba en Babilonia, recibido como el salvador de la ciudad. Darío III huyó a las montañas con sus nobles quienes, posteriormente, lo asesinarían.

Esquema de la batalla de Gaugamela

Alejandro continuó su marcha hacia el Este con prontitud, consuistando Susa y arrasando
Persépolis, capital ceremonial del reino persa. En este momento, llegó la crisis del imperio. Varias conspiraciones debilitaron el entorno de Alejandro, la que más le afecto, la de Filotas, hijo de Parmenio. Tanto el joven general como su padre fueron condenados a muerte. Clito, uno de sus mejores amigos y general de sus huestes, negó adorar a Alejandro como a un dios en uno de los banquetes del joven conquistador. El rey de macedonia, bastante ebrio, asesinó a su amigo y aliado después de concederle el puesto de sátrapa de Bactriana.

 

Esquema del Imperio Macedonio

Tras su boda con la princesa Bactriana Roxana, acto que no gustó a la mayoría de macedonios que querían una reina macedonia, marchó hacia el Hindu Kush, la cadena montañosa más occidental del Himalaya. Alejandro intentó conseguir la rendición de los pueblos tribales de esta zona, encontrándose con bastante resistencia. En este momento, un Alejandro furioso por la resistencia de los pueblos indios, arrasó ciudades y masacró a sus habitantes, acciones muy impropias de un conquistador que se solía mostrar benévolo con los conquistados. En este contexto, se produciría otra de las batallas más épicas de la historia del conquistador griego: los macedonios, lanza en mano, se enfrentaron al ejército del rey Poros, compuesto por cientos de hombres y elefantes de guerra indios. La victoria de Alejandro duró poco, ya que el genio macedonio tuvo que lidiar contra un amotinamiento de sus soldados, cansados de la marcha hacia el este. A regañadientes, Alejandro Magno, el hombre más poderoso del mundo, aceptó las demandas de sus hombres, iniciando el camino de regreso. En este camino de regreso se toparon con una tribu de la India conocida como malios. La refriega tuvo consecuencias inesperadas: los malios hirieron de gravedad al rey macedonio, por lo que sus hombres, creyéndolo muerto, atacaron con furia a los malios, masacrando toda a todos los habitantes del lugar. Alejandro no perecería aquí y, una vez recuperado, siguió con su camino de vuelta a casa.

En el año 324 a.C muere Hefestión, su amigo y amante, causándole un profundo pesar. El 10 de Junio de 323 a.C muere el gran conquistador griego en la ciudad de Babilonia. Las causas todavía no están claras pero, según varios investigadores modernos, Alejandro pudo contraer la malaria en una de las expediciones. El empazamiento de su tumba todavía no está claro pero si se conoce que, tras su muerte, el vasto imperio que construyó fue repartido entre sus lugartenientes. El sueño de Alejandro había acabado.

Representación artística de la batalla de Gaugamela

En definitiva, Alejandro Magno fue el conquistador más famoso de la antigüedad e inspiró a personajes
históricos tan influyentes como Julio César o Napoleón. Su aura sigue fascinando a los historiadores en la actualidad y su tumba se considera el misterio más apetitoso para los arqueólogos del siglo XXI. ¿Quién fue este hombre, un rey o un dios?

Quizás haya sido las dos cosas y, por méritos propios, se haya convertido en divino. Quizás lo humano pueda ser divino, siendo Alejandro uno de los mayores representantes de este hecho. Nadie puede negar el hecho de que, a sus 33 años, Alejandro muriera siendo el rey más influyente de la historia. Por eso, recordemos eternamente la carga en Gaugamela; recordemos eternamente a este hombre, conquistador del mundo.

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Pontevedrés, residente en Santiago de Compostela. Estudiante de Biología en la USC, investigador en formación y amante de la ciencia.

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