Antes del SÍ, antes del NO

El próximo dos de octubre los colombianos decidiremos tajantemente sobre la disyuntiva que más peso tiene sobre el futuro del país: sí a los acuerdos de paz, o no; continuamos batallando contra los insurgentes con balas, como hemos hecho los últimos más de cincuenta años. Veamos primero cuáles han sido las causas del conflicto, una pequeña trayectoria masticada para entender porqué hemos llegado hasta aquí.

Se dice que la principal causa del conflicto ha sido la disputa por la tierra. Campesinos despojados por terratenientes y obligados a trabajar sus tierras sin ser dueños de nada. Esto sumado a la debilidad del Estado, en su incapacidad para tramitar los conflictos por medio de la institucionalidad y decidir ignorarlos, volcando la mirada hacia los intereses de los terratenientes. Además, sumado al contexto de La Violencia, que eran disputas armadas entre conservadores y liberales, se encuentra el punto de inflexión que hizo surgir a las FARC. Llamado el ataque de Marquetalia, fue el bombardeo sistemático que hizo el Estado a la reunión de liberales y comunistas en 1964. En términos ultrasencillos, esto provocó que este grupo de personas con ideología comunista pasara a tomar las armas y a convertirse en guerrilleros, a finales de los años sesenta, para que así surgiera la guerra asimétrica que no solo implicó a la guerrilla y al Estado, sino también a grupos paramilitares y narcotraficantes que se nutrieron del conflicto. Por los años ochenta, se dice que la guerrilla cambió sus ideales políticos para convertirse en delincuentes. De país cafetero pasamos a ser un país cocalero y minero. El narcotráfico y la minería ilegal fueron imprescindibles para el recrudecimiento de la guerra. A finales de los años ochenta y hacia principios del 2000, Colombia era un río de sangre, desapariciones, secuestros, extrosiones y miseria.

 

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Familiares de víctimas de una masacre guerrillera en 1995. / JESÚS ABAD COLORADO.

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Hombre haciendo luto al cadáver de su esposa en Chocó. / JESÚS ABAD COLORADO

Durante el gobierno de Álvaro Uribe, se nos hinchó el pecho de esperanza con la idea que se podía acabar a la FARC por medio de la guerra. En estos ocho años de gobierno, se desmintío el conflicto armado, y pasó a convertirse en una guerra contra los terroristas. A punta de bala se pudo debilitar militarmente en un 50% a las FARC. Sin embargo, durante este periodo se cometieron graves injusticias aún impunes, como el aumento de los desplazados, la inserción de los paramilitares en la política colombiana, o el disfrazar a humildes campesinos de guerrilleros y darlos por trofeos de la guerra, entre otros.

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Año 1995 / JESÚS ABAD COLORADO

Sin embargo, me gustaría dejar suelta una idea que le escuché a un amigo. En cierta medida, Alvaro Uribe, y su política fue necesaria para Colombia. Llegó al poder cuando Colombia estaba sumida en sangre y guerra, y no obstante a través del discuro guerrista, logró intimidar a las FARC y quizás esto ahora pueda ser considerado causa en potencia de que las FARC y el gobierno actual cedieran, a sentarse en un mesa y dialogar.

Ahora bien, entonces, ¿qué fue lo que se dialogó, qué se acordó entre el gobierno y las FARC? Resumiré brevemente los puntos acordados, y lo que pasará si el SI logra ganar. Primero, una política de desarrollo integral que cuenta con un fondo de tierras para devolver al campesinado con subsidios y un plan de desarrollo rural. Suena maravilloso, toca ver si no se queda en la letra, o si se puede hacer efectivamente; no como los varios intentos fallidos de reforma agraria en el pais. Un país que tiene un gini de concentración de tierra de un 0,88, siendo 1.0 la cifra que representa que una persona es dueña de toda la tierra.

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Campesinos desplazados por el conflicto armado / JESÚS ABAD COLORADO

El segundo punto acordado es la participación política de las FARC. El Gobierno hará una reforma para garantizar la representación política del nuevo partido en el Congreso, es una fórmula transitoria que garantizará, por dos periodos, a partir del 20 de julio de 2018, cinco curules en la Cámara y cinco en el Senado. El nuevo partido participará en la contienda electoral, y aunque no obtengan los votos suficientes, tienen asegurada esa representatividad. Tercero, está el “Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de las armas”, cuya finalidad es la terminación definitiva de ofensivas armadas entre los dos bandos. El cuarto punto es un intento de solución al problema de las drogas ilícitas. Se implementará un plan de erradicación de cultivo ilícitos, y un compromiso por parte de las FARC de eliminar cualquier relación previa con el narcotráfico. Como quinto punto acrodado está el tema de las víctimas. Se crea el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, con el fin del esclarecimiento de la verdad hacia las victimas y sus familiares y la investigación hacia las violaciones de derechos humanos. El último punto se refiere al seguimiento y la verificación de que el acuerdo de paz se esté implementando, integrado por el gobierno, las FARC, e diversas instancias internacionales.

Creo que si se lee el acuerdo y se vota NO, sería Colombia como dijo Pepe Mujica, un pueblo esquizofrénico. Sin embargo si se lee la Constitución colombiana y no se cree que Colombia es el país más justo, seríamos también unos neuróticos. En Colombia existe un vacío enorme entre el papel y la realidad.  Queda la esperanza que esa brecha no sea tan titánica con estos acuerdos.

A medida que se acerca la fecha, sumidos en el mar de la incertidumbre política, en la capital colombiana se escuchan pitos, voces, gritos, cantos, música y marchas en contra o a favor de la paz. Lo que si es cierto es que este 2 de octubre podemos elegir el cambio, por primera vez se abre la posibilidad de hacer las cosas, si bien no de la manera más óptima, de manera diferente. Por primera vez el pueblo colombiano escuchó al jefe de las FARC en los medios públicos. Por primera vez lo escuchamos pedir perdón a todas las víctimas. Digo, si le dimos 50 años a la guerra, y no nos sirvió, por qué no le apostamos 50 años a la construcción de una cultura de paz? Para mi, el SI es esperanza más que una paz concreta. Una esperanza para que llegue el día en que finalmente podamos decir, como escribió García Márquez en Cien Años de Soledad: “Se acabó la guerra, díganle a Mauricio Babilonia que ya puede soltar las mariposas amarillas”.

Artículo escrito por María Angélica Barrios. Estudiante de Ciencia Política y Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Fotógrafa amateur, directora de cine frustrada. Amante de la filosofía, literatura y el arte

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