Antonio de Ron: “Los alimentos más seguros, en cuanto a las exigencias de las autoridades, son los transgénicos”

Diez y media de la mañana en el corazón de Pontevedra, el sol se deja ver a fin. A la cita en el Liceo Casino acude puntual nuestro entrevistado, Antonio de Ron Pedreira. Doctor en Ciencias biológicas, profesor en investigación del CSIC, experto en genómica o presidente de la Asociación de Ciencias de Galicia son algunos de los puntos que podemos encontrar en su encomiable currículum. Sin demora nos sentamos bajo una apetecible atmósfera matutina de olor a café y comenzamos a charlar.

The21: ¿Qué son los investigadores? ¿Cómo definiría un investigador?

Antonio de Ron (AR): Hace un tiempo, una persona del CSIC se entrevistó con una ministra, no recuerdo su nombre, como los cambian tantas veces… Supongamos que por entonces era ministra de educación y ciencia. Ésta le preguntó a mi compañero:

“Oiga, ¿ustedes que hacen? ¿Un investigador, un científico qué hace?” Exactamente lo mismo que me acabas de preguntar tú; a lo que él le respondió: “Pues yo por la mañana cuando llego a mi despacho enciendo el ordenador y compruebo el correo electrónico a ver qué me están diciendo y mandando los compañeros y, si tengo alguna novedad, consulto algunas cosas. Luego ya te metes en tus rutinas.”

Pero bueno, es una pregunta interesante porque seguramente hay gente que, ante la respuesta de “-¿Profesión? -Científico”, se pregunte si eso existe. Pero sí, eso sí existe.

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Entonces, ¿qué es un investigador, qué es un científico? Pues es bastante difícil de decir. Es una persona que tiene inquietudes de conocer en cada momento algo más de lo que ya conoce. Es aquel que estudia y se dice “Yo, de ésto, quiero saber un poco más” Así que estudia un poco  más, pero quiere saber más, y estudia todavía más. Pero de pronto ve que ya no hay más, que si quiere más tendrá que hacerlo él mismo; tendrá que crear algo, conocimiento. Pero ¿qué sucede? Sucede que para crear ese conocimiento has tenido que ir estudiando al límite del conocimiento donde lo que buscas ya no está, así que lo tienes que hacer tú, pero para poder hacerlo debes tener ideas. Y esas ideas, unas las coges de todo lo que has estudiado antes, y otras te tienen que salir de la cabeza. La peor crisis que puede tener un científico, que nos ha pasado a todos, es que de pronto en un momento determinado estás ante algo y no se te ocurre nada. Estás dándole vueltas y no duermes en, a lo mejor, dos días: ¿Cómo puedo hacer esto? Así que vuelves a estudiar más y, cuando empiezas a leer a otros autores y a estudiar, de pronto te aparece esa idea.

Así pues, más o menos, un científico es una persona que estudia para crear conocimiento y transmitirlo. Creas conocimiento y de ahí se van a derivar unas aplicaciones que, unas veces, puedes hacer tú y otras las hace otro.

The21: ¿Qué significa la investigación para la humanidad?

AR: Investigación es hacer progresar a la humanidad aportando algo que no tenía antes; si creo algo que no tenía antes estamos avanzando. La investigación, tal y como la conocemos hoy, se basa mucho en la experimentación. Es curioso, hace unos años escribí mi primer libro, se llamaba “Sobre la ciencia”; era muy joven, era un libro ingenuo, hablamos del año 83. Pero ahí hablaba un poco de la historia de la ciencia y de algunos pensadores famosos del tiempo de Aristóteles, Platón y todos estos. Los griegos, en su mayor parte, no eran partidarios de la experimentación, les parecía que lo empírico o lo experimental era algo bajo. No era elevado, lo elevado era pensar.

Pero bueno, la investigación científica, a día de hoy, se basa en experimentación; tienes que hacer una serie de pruebas que demuestren algo. Lo que hay que hacer en esta vida es estudiar y entonces, después, cuando quieres avanzar en algo, necesitas pruebas y esas pruebas es la experimentación. Luego te ves limitado por no disponer de dinero, de equipos, de laboratorios…Pero eso es ya otro asunto.

The21: Mucha gente se pregunta qué hace la gente con la gran cantidad de dinero destinado a la investigación. ¿Qué le diría a la gente respecto en qué se invierte ese dinero, si se invierte todo bien o si hay algo de despilfarro?

AR: Vamos a ver, es cierto que en investigación, aunque ahora no estamos en los mejores momentos, se gasta mucho dinero; aunque menos que en hacer una autopista. No digo que no haya que hacer autopistas, puentes, aeropuertos… pero no todos se han hecho con acierto.

En investigación, sí se gasta dinero, aunque ahora menos. ¿En qué se gasta ese dinero? En lo que más se gasta es en recursos humanos; a la gente hay que pagarle. La carrera de investigador, el que empieza desde un becario hasta un investigador de base, un senior, un profesor… Eso cuesta dinero. Los sueldos en investigaciones empiezan por poco, pero al final son relativamente buenos. Esa es una parte a la que se da mucho dinero, porque si no tienes personas, no puedes hacer nada.

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Luego el tema de aparatos, los equipos de investigación; hoy en día su precio ha bajado bastante. Hace unos años un ordenador era carísimo; hoy, un ordenador potente para cálculo científico, es relativamente barato. Hace unos años un secuenciador de proteínas o de ADN o un equipo de termociclador para hacer PCR eran algo impensable; ahora no es que sean baratos, pero son más asumibles. Y luego están los que son consumibles, fungibles, productos y todo este tipo de cosas que, salvo algunos reactivos específicamente caros (sobre todo en biología molecular), no son nada caros. Lo que sí es realmente caro son las grandes instalaciones, de las que tienen un ciclotrón para mover partículas “de esas virtuales” y que encuentran una partícula que vive una milésima de segundo. Esos equipos son muy caros y luego, claro, debemos pensar que hay que hacer edificios para albergar estos equipos. Por último la ciencia necesita reunirse, hay que viajar, hay que hacer congresos.

Así pues, si coges a un ciudadano y le dices: -“Tu dinero se gasta en pagar a los investigadores, en hacerles edificios y llenarlos con equipos, en reunirlos de vez en cuando, en hacer grandes centros, telescopios, buques oceanográficos…”-, ese ciudadano te dirá que todo sale de sus impuestos y que qué beneficio le aporta. En ese momento, es cuando cada uno debe dar la respuesta de su ámbito; yo puedo hablar de la agricultura. El ciudadano se puede beneficiar de que el agricultor que cultiva la lechuga que él se come tiene que echar menos productos fitosanitarios (mezclas químicas que contienen una o varias sustancias activas y otros ingredientes,) y esto es gracias a que hemos identificado una resistencia genética que se introduce en la lechuga o en el tomate, o hacemos un mutante del tomate que resiste tal cosa y así llega en mejores condiciones a tu mesa.

The21: ¿Podría dar una explicación rápida y sencilla de su campo de trabajo?

AR: Mi campo de trabajo tiene dos pilares: las plantas y la genética. Unas veces solo hacemos genética de plantas, las otras solo hacemos plantas porque hacemos agronomía, que no tiene nada que ver con la genética: son campos relacionados. Cuando la planta va al campo hay que hacer agronomía, hay que ver cómo la cuidas, cómo la tratas… Entonces, por una parte, estudiamos aspectos genéticos de la variabilidad genética de las plantas cultivadas: la evolución que han tenido por ejemplo algunas como tomate, judía o maíz que han venido de América a Europa, y en ese salto, cómo han evolucionado aquí. Por la otra, esos aspectos genéticos los aplicamos para seleccionar distintos tipos de plantas para un habiente determinado, para un uso determinado, para una simbiosis con los microbios del suelo determinados o para una composición determinada.

Y en la frontera de todo esto llegamos incluso a hacer algunos pinitos, vamos a decir, casi gastronómicos. En ocasiones buscamos algunos productos que puedan tener mucho valor añadido para un agricultor en un mercado específico, un mercado de restauración por ejemplo, o un mercado de producción de delicatessen, y entonces se los seleccionamos. De manera que mi investigación es entre la genética y las plantas.

The21: Estamos hablando de genética y plantas, entonces hablamos de organismos transgénicos.

AR: Un transgénico es un organismo que ha incorporado material genético de otro. No por la vía de la reproducción sexual en la cual se reúnen células reproductoras, no; por otra vía diferente. Llegamos al punto que si aislamos un gen de una planta, lo clonamos y se lo volvemos a introducir a la misma, es un transgenético. ¿Es paradójico no? Porque es de la misma especie, pero al haber habido esa manipulación ya se considera un transgénico.

Es simplemente que cuando en una especie, y voy a hablar de plantas, echamos de menos un gen que pueda ser útil y no está ahí se trata de encontrarlo. Uno de los ejemplos más clásicos es el maíz BT, incorpora un gen del Bacillus Thuringiensis, que es una bacteria, y ésta le otorga unas características que le permiten repeler a determinados insectos que causan una plaga, el taladro del maíz.

¿Se puede hacer por vía convencional? Claro, en La Misión Biológica, que es donde trabajo, tengo colegas que lo están haciendo por selección, poco a poco van acumulando genes favorables para resistencia al taladro, pero sucede que ha habido una vía mucho más rápida, porque descubrieron que introduciendo ese gen se evita el taladro.

Es una técnica que está ahí y que, desde mi punto de vista, tiene validez cuando es estrictamente necesario. Si logras conseguir con otros métodos el mismo fin pues se hace, pero si el otro procedimiento o va a ser muy largo o ves que no lo puede conseguir, tienes la vía del transgénico, y eso se puede extender a la salud humana claro.

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The21: ¿Por qué cree que hay miedo a los transgénicos?

AR: Hemos manipulado a los animales y a las plantas desde su domesticación. Bajo la mano del hombre, en el caso de las plantas, la domesticación se manifiesta en unas características típicas que son el gigantismo: se selecciona la semilla más grande, la hoja más grande (ya que queremos más comida), se selecciona que la semilla no germine por sí misma cuando se cae al suelo, que tenga que esperar al año siguiente para que la podamos guardar y se selecciona que no se disperse (si se dispersa la semilla no tenemos cosecha). Estas son cosas típicas de la domesticación. Es lo que se llama, vamos a decir, una mejora inconsciente que ha hecho el agricultor o el ganadero de toda la vida, y que luego ya fue de una manera consciente a partir del siglo XVIII.

Respecto a los transgénicos, hay dos vías de hacer plantas transgénicas: Por medio de un vector físico y por medio de un vector biológico.

Por medio de un vector físico, un pulsor de proyectiles de ADN entra en la célula y la puede dañar, pero alguna de las partículas llega al núcleo recombina y tenemos un éxito pequeño, una vez por cada muchos miles, pero bueno, digamos que es “a tiros”, pero es limpio.

En cuanto al biológico, habitualmente es un plásmido (molécula de ADN cuya replicación es independiente  del cromosoma del ADN). Hay que hacer una construcción que lleva un gen promotor y el gen que queremos introducir. La mayor crítica es que los marcadores que se han utilizado normalmente han sido genes de resistencia a antibióticos, ¿Por qué? Pues porque para saber que si una vez inoculado el cultivo celular, con la bacteria que sea, si se incorpora el plásmido, éste arrastra el gen que nosotros metemos. El Bacillus Thurgiensis de antes, por ejemplo, arrastra un gen de resistencia a antibiótico, las células las cultivamos en un medio con antibiótico, si tienen el gen crecen y si no, no crecen.

Hacemos una criba, luego reproducimos las células y regeneramos la planta. Esa es la primera crítica. Que esos genes de resistencia a antibiótico se puedan propagar y que llegue un momento en el que esos antibióticos no tengan efecto. Habitualmente se utilizan antibióticos que no se usan terapéuticamente, pero bueno, esa una pega común.

La otra pega que ponen, sobre todo los ecologistas y ambientalistas en referencia a plantas alógamas como el maíz (que se fecunda por el viento), es que los genes que transferimos introducimos pasen al ecosistema. Por ejemplo, que un gen de resistencia a herbicidas se transmita a otras plantas, cuyos efectos desconocemos. Pero eso es bastante improbable, entre otras cosas porque hay unas normas de seguridad en los campos. Es muy difícil que los genes pasen de unas especies a otras porque son híbridos inviables y, desde luego, las medidas de seguridad que tienen los alimentos transgénicos no las tienen los otros, es decir, la trazabilidad, el recorrido que tiene un alimento si tienen un 1% de producto transgénico te lo debe poner el alimento.

Hoy en día, los alimentos más seguros en cuanto a las exigencias de las autoridades son los transgénicos.  En mi opinión y no es la mía, (porque no es mi especialidad), pero la de muchos, incluso la posición vamos a decir no oficial, pero casi, de la Sociedad Española de Genética por lo menos es de que los transgénicos son inocuos, otra cosa son que tu decidas que no comes aquello o que no quieres esto, esas son decisiones personales.

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The21: ¿Se podrías decir que existe algún tipo de desinformación o ataque hacia los transgénicos, respecto a la diferencia entre lo natural y lo artificial, que a veces se asocia lo artificial con lo malo?

AR: Sí, evidentemente hay mucho componente político, de un lado y del otro. El otro día, en una conferencia que di en Santiago, precisamente celebrando los 75 años del CSIC, cuya temática era el futuro de la agricultura en Galicia, un señor me dijo que ahora se comía muy mal porque los alimentos veían de multinacionales y que lo casero era muy bueno… que era más natural, y que lo de las multinacionales era artificial. ¿Qué es natural y qué es artificial?

Muy difícil de discernir. Es posible que se identifique al transgénico como una cosa que ha pasado por laboratorio, hoy se entiende que ha habido una manipulación biotecnológica siempre que en algún momento determinado, el ser en cuestión pasa por cultivo “in vitro”; momento en el cual deja de ser natural. No es “in vivo”, es “in vitro”. Este cultivo evidentemente no es natural, en la naturaleza no hay nada “in vitro”, eso no tiene por qué ser malo, al final tendremos un producto que podrá ser bueno o podrá ser malo. La Sociedad Española de Genérica tuvo una serie de debates con ecologistas y al final algunos no tuvieron más remedio que dar la razón.

Todo esto se asocia con pensamientos ambientalistas o ecologistas y el rechazo a las multinacionales, que son las que manipulan todas estas cosas. Al final el que hace más ruido es el que se hace oír más, yo nunca he visto un manifiesto o manifestación a favor de los transgénicos; en contra sí, ha habido multitud, de manifestaciones y manifiestos. La Comunidad Europea puso una moratoria hasta que se percataron, en el caso de los alimentos, que países exportadores como Argentina, Brasil, EEUU, Canadá, Turquía o India se estaban comiendo el mercado. Y todo porque vendían alimentos provenientes de plantas transgénicas, más baratos en el mercado. Se lo han tenido que replantear, pero evidentemente, hay poca información y la que hay viene de un lado, nunca viene del otro.

Una anécdota simpática que ya he contado varias veces y que se dijo aquí, en el Casino en la semana de la ciencia, es la de una señora que venía del mercado con una cesta de lechugas y la vecina le preguntó que qué había pasado con las lechugas. Dado que no había encontrado ningún comprador volvía con ellas para casa. A lo que la vecina le respondió que siempre podía dárselas de comer a los cerdos. La señora dijo que no podía, que las había tratado el día anterior. Las había tratado con un producto y las llevaba a vender al mercado pero a lo cerdos no se las daba porque les podía sentar mal. ¿Eso es lo natural?

Comprar una lechuga en bolsa de plástico que ha pasado unos controles impresionantes, eso no; pero a la señora que venía con el cesto, que las había tratado y que a los cerdos no se las daba pero a ti te las vendía, a esa sí.

Las personas hemos coevolucionado con las máquinas, el hombre y la tecnología han evolucionado juntos, no podemos decir ahora: No queremos coches, no queremos móviles, no queremos alimentos procesados.

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The21: No sé si conoce la noticia de que, después de largos debates, Europa renunció a una política de cultivo común sobre los transgénicos. ¿Cómo se ve ésto desde las personas que trabajan con transgénicos?

AR: Aquí en España no hay mucho trabajo en transgénicos. Yo, con los cultivos que estoy familiarizado, tuve contacto con grupos de Brasil, Argentina y Holanda, y  digamos que cada uno está siguiendo el camino que le dicta su investigación y a dónde pueda llegar.

Hay cultivos que están muy avanzados en transgénicos como maíz, soja o patata y otros que están más atrás, como la judía, con la que yo trabajo y que se está haciendo también en Holanda y Brasil, pero por el momento no tienen mucha repercusión porque no están resolviendo problemas que no se puedan resolver de otra manera. La política de Europa es ese refrán de poner puertas al campo, dejas que trabajen en lo que sea y, una vez que tengan un producto que quieran producir, pon controles. Lo que no puedes decir es, no investigues en eso. ¿Por qué no se opone nadie en que se investiguen vacunas o en terapia transgénica para la salud humana?

Ahí no hay oposición porque nos jugamos algo, nos jugamos la salud. Por eso no hay oposición, por eso creo que es correcto abrir y dejar que los países vayan decidiendo y yo creo que la decisión debe ser la de no regular la investigación si no el producto final.

The21: Entonces, un reto. Con una frase intentar remarcar la importancia de los transgénicos, si lo son o no.

AR: Con una frase… La utilidad de la transformación genética es conseguir algo que sería difícil de lograr por otra vía, permite llegar a una meta que es imposible alcanzar de otra forma.

The21: Queda bastante claro [Risas]. Hemos hablado de transgénicos, ha quedado todo bien explicado, desde otro punto de vista de los actuales. Hablemos un poco más de técnicas de investigación. De genómica, ¿Qué es? ¿Por dónde se está trabajando? Hablemos del futuro de la ciencia y la proteómica, ¿Qué opinión tiene sobre eso?

AR: Hoy hay cuatro disciplinas. Empezó la genómica, palabra tomada de genes, estudia el ADN del que, por transcripción, se derivan los ARN. La segunda disciplina que se desarrolló y que hoy en día está a alza es la transcriptómica, que estudia los ARN, que es cómo se expresa el ADN. La tercera es la proteómica, el ARN produce unas proteínas que son las que realmente expresan cosas a través de productos intermedios, que son los denominados metabolitos de la que surge la cuarta, la metabolómica, e incluso al final lo que vemos es el resultado en la forma en la que la vemos, él, tú o yo y se habla incluso de la fenómica. De la fenómica, porque es el fenotipo, de modo que desde el genotipo al fenotipo pasamos por todas las citadas.

Nosotros hemos hecho algo, en lo que no he participado mucho, que fue secuenciación del genoma de la judía, la cual es la especie de cultivo proteico más consumida en el mundo directamente. Se hizo el genoma, se secuenció y tiene dos acervos genéticos distintos. Un grupo americano hizo uno y un consorcio de España y países de Latinoamérica, que lo lideraba una compañera mía de laboratorio, hizo el otro. Se está acabando, ya hay un borrador y se empieza a publicar.

Conocer la secuencia de un genoma es importante. Esto no quiere decir que sepamos donde se encuentran los genes;  luego, con eso,  hay que empezar a hacer tilling, es decir, dañar, producir lesiones por mutagénesis y ver qué expresa dependiendo de dónde lesione. Si me expresa mal esta cosa, es que ese era el gen de otra cosa. Hay muchas técnicas para separar, multiplicar genes. Se hace mediante electroforesis bidimensional, mueves las proteínas por carga y luego por masa con lo que se desplazan en un sentido u otro, desdoblas y obtienes un proteograma donde hay manchitas, sacas las manchitas y la secuencias y entonces ves que aminoácidos hay aquí y que proteína es, ¿Qué utilidad tiene?

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Bastante, la verdad. Desde el punto de vista de la salud humana se han encontrado proteínas marcadoras de tumores del cáncer colorrectal gracias a las cuales puedes hacer detección precoz. Nosotros queríamos analizar, por ejemplo, una planta que es atacada por una bacteria y otra que tiene el gen de resistencia entonces, al infectar la bacteria, la planta reacciona produciendo proteínas determinadas y puedes comparar enferma y la sana, hacerle extracción de proteínas y ver el proteograma. Analizas las diferencias y hallas qué proteínas son responsables de cada cosa. La proteómica tiene mucha importancia porque los ejecutores del ADN son las proteínas.

Tiene mucho valor porque, según un artículo que leí, al parecer cuando una persona ríe, si en ese momento extraes una muestra de sangre, extraes proteínas, está expresando proteínas distintas que cuando no ríe. Es un ejemplo extremo de a lo que nos puede llevar la proteómica; pero hoy es todo un recorrido, como la genómica avanzó mucho, hoy se está trabajando en la transcriptómica de ADN porque, del gran fragmento del ADN, no se expresa todo. Realmente un grupo de investigación no puede abarcar todo, pero tenemos toda la cadena de hecho. Ya se habla de -omicas, con guion delante, en inglés, ves que ponen –omics y ahí ya puede ser para delante, proteomics, transcriptomics…

The21: A ver, igual también cuando hablas de transgénicos la gente se imagina que se puede hacer de todo o que se pueden hacer cosas increíbles, como tomates con ojos que te den los buenos días, pero todo tiene límites…

AR: Nosotros hacemos mutantes, trabajamos con mutagénesis. Actualmente interesa porque puedes producir genotipos que tengan valor, pero es matar moscas a cañonazos porque tienes que hacer muchos para encontrar uno que tenga valor. Con productos químicos mutas las semillas y te sale de todo. Seguramente se puede hacer casi de todo ¿Tomates con ojos? ¿Tendría interés? ¿O que den los buenos días? No deja de tener interés que llegues al invernadero y que te den los buenos días, pero te daría pena cortarlo porque si te da los buenos días ¿Cómo me lo voy a comer?

A mí una vez me lloró una niña en bachillerato cuando daba clase en el laboratorio, porque cortamos un tomate en dos. Era un experimento sencillo porque tienen mucha peroxidasa y cuando le echas agua oxigenada y burbujea. Y se puso a llorar :“me da pena porque el tomate tiene sus sentimientos”.

Los límites de la investigación están fijados por la ley. En las plantas, salvo las limitaciones a transgénicos, cada vez son menos; los límites están fijados cuando trabajas con animales. Normalmente hay un cuestionario básico, cuando pides un proyecto nacional o europeo, que como no pongas todos te van a mirar con lupa, eso está muy controlado, luego en todos los sitios hay comités de ética; en el CSIC tenemos. Pero la ética es cambiante, todo evoluciona y hoy se aceptan cosas que no se aceptaban antes, también hay que decir que lo que pasa en un laboratorio lo saben cuatro.

The21: Desde ese sentido, a veces la bioética, la ética aplicada, es muy estricta, y limita el avance…

AR: Yo creo que no, aunque depende del campo en ella que te muevas. Si vas a hacer experimentación animal, el tema de sufrimiento se controla mucho. A otro nivel está la experimentación en humanos…, pero no creo que eso sea una amenaza para la ciencia. Lo que sí puede pasar es que en algunos países, sobre todo en el pasado, haya limitaciones ideológicas, determinadas publicaciones o progresos. Hoy ya quedan muy pocos países que tengan esas limitaciones ideológicas, pero en el pasado si fue importante.

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The21: Hablemos de la investigación, en el mundo y en España. Pongamos España, ¿Cuál es su lugar en investigación en el mundo? ¿Qué pasa en España en investigación?

AR: Se publican rankings en donde se dice dónde está situada cada área de investigación, son rankings de impacto de publicaciones, y hay varios. El CSIC, donde trabajo yo, hace más de 10 años, 12 o así, hizo un informe sobre la posición de nuestras aéreas de conocimiento de España en el mundo, basado en índices bibliométricos de publicación: cuántas publicaciones había y qué nivel tenían en el ranking internacional. Con la llegada de Severo Ochoa a España la biomedicina se disparó, se crearon los grandes centros del CSIC de biología molecular, se dotaban con más personal, equipo y se invertía mucho más.

Mira por donde, cuando se compara la posición de la biología molecular de España en el mundo, estamos muy atrás, pero cuando se compara la agricultura estamos entre los primeros del mundo en investigación agrícola, y otra área muy potente es la medicina clínica, la hospitalaria del día a día, del médico que investiga con sus enfermos y luego publica los resultados, eso y la agricultura y algunas áreas de la química y física era lo más potente que tenía España en el mundo. Como no gustó mucho el informe, se metió en un cajón, dado que esas áreas que más salen al exterior, como las cosas moleculares, transgénicos, las vacunas, a pesar de todo lo invertido, estaban muy abajo. Hoy hay índices que permiten saber cómo está la investigación, ahora, desde el punto de vista de la dimensión y la inversión; evidentemente el primer mundo es el que más invierte en investigación, Japón, Canadá, EEUU.

Por ejemplo, un investigador en una feria agrícola me dijo que un agricultor de Canadá, que es un país netamente exportador porque vive poca gente, sabe que un dólar invertido por el gobierno en investigación agraria significa un retorno en unos años de 15 dólares. Los agricultores saben que si invierten en agricultura, en 10 o 12 años van a tener beneficios de la investigación; esa mentalidad en España no la hay.

No obstante, desde el año 86, con la ley de la ciencia, se empezó a progresar bastante. Empleaban los planes nacionales de investigación, que fue el instrumento básico del gobierno, y se empezó a dotar de lo que hacía falta, de recursos humanos y materiales y hasta se subieron los sueldos en universidades y centros de investigación. El más grande de España, y el tercero de Europa detrás de Alemania y Francia, es el CSIC. Desde entonces hemos tenido un avance continuo hasta que llegó la crisis, ¿qué pasó con la crisis?

Por ejemplo, en Galicia, la inversión de la Xunta pasó a prácticamente 0 en investigación. A nosotros desde luego, a los centros de investigación no autonómicos, nos dejó a 0 y el año pasado empezó a darnos más o menos la décima parte que nos daban antes de la crisis. O sea, nada. El gobierno nacional también redujo mucho la inversión. Eso provocó que los que tenían un contrato en la administración de investigación pública, donde había mucha gente, acabaron su contrato y fueron al paro o a otra cosa. Provocó también que los recién licenciados que querían hacer investigación se marchasen fuera, y es lo que recomiendo, vete a Suecia, Alemania o Canadá y vuelve en 5 años con un doctorado en una buena disciplina, dentro de 5 años no va a haber doctores porque ha habido una bajada tal en formación de postgrado, en las becas de la comunidad autónoma y el gobierno, que los únicos que hacen doctorados son extranjeros, que vienen a España, que se forman con nuestra enseñanza y con el dinero de España. Su gobierno les paga e sueldo, pero los laboratorios son de aquí, se forman y se van, con lo cual se produce una descapitalización humana, que en los últimos 4 años en España ha sido brutal. Se ha descapitalizado la investigación. Esto no lo ha dicho nadie.

¿Cómo salimos de la crisis? Investigando. Porque si no, lo que ocurrirá, es que si no investigamos nosotros nos invadirá la tecnología de fuera y caeremos en la dependencia científica.

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The21: Entonces la investigación nos beneficia.

AR: Claro. No mañana, pero si yo no desarrollo una variedad de cultivo, el agricultor las comprará fuera, no a mí, con lo cual caemos en dependencia.

The21: Hablando de semillas y de venta de semillas, la compañía Monsanto vendió unas semillas a África, lo que tuvo grandes consecuencias, y queríamos preguntar sobre legislación de transgénicos con esas semillas, ellos vendieron esas semillas, los africanos tuvieron que comprárselas a ellos y solo le dejaban plantarlas, como se ve eso, está bien legislar los transgénicos.

AR: Ahí hay varias cosas. El que obtiene una variedad, sea transgénica o no, y la registra tiene la propiedad intelectual de esa variedad; eso está regulado y, de este modo, puedes proteger tu variedad en España o Europa. Entonces, el que la cultive tiene que pagar y, efectivamente, no puede volver a usar esa semilla ni vender ni comerciar con ella, sea transgénica o no. Está regulado así porque el que ha obtenido algo lo obtiene con inversión, es el derecho de la propiedad intelectual del obtentor; existe una unión internacional de obtentores de plantas que se encarga de proteger esos derechos. Luego está el privilegio del agricultor, la ley le reconoce el derecho a seguir usando la semilla para sí, no para vender.

Todos tienen ese derecho, de hecho pueden seguir usando la semilla; aunque existen una serie de connotaciones laterales. Por ejemplo, el que trabaja con variedades de cultivo tradicional traídas de algún sitio, según el tratado internacional de recursos filogenéticos, y te lo mandan legalmente para experimentar, experimentas, seleccionas, tienes una variedad nueva, la registras y la explotas; pues una parte de los beneficios debe ir, según el tratado, al país de donde salió la variedad inicial. Esto es difícil de controlar, pero está regulado, de manera que todo este mercado es más complejo de lo que parece.

Y por último, algunas empresas pueden esterilizar la semilla. La irradian y, entonces, esa semilla que ahora es estéril crece, te da planta, da cosecha, pero las semillas que obtienes no germinarían. ¿Eso está bien o mal?

Si te lo dicen cuando te la venden tú decides. El asunto es que al agricultor que se lo vendes debes decirle qué es y en qué condiciones la vendes y, desde luego, lo que tiene que saber es que, salvo que sea un pequeño agricultor, por ley, no puede reproducir la semillas, sean transgénicas o no; está patentado y no lo puede reproducir.

Hay una tendencia a considerar que las empresas son malas. “El que te paga te roba”, decían antes. La empresa lo que quiere es ganar dinero, cuanto más gane la empresa, más gana el que trabaja allí. Si una empresa vende semillas, no es para hacer obras de caridad, quiere vender semillas todos los años, si nadie las compra no obtiene beneficio.

The21: En ese sentido, a la par que la investigación pública sea recortada, la investigación privada en este sentido de ganar más dinero invierte más en investigación…

AR: Claro, la privada hace investigación para ganar dinero. Poco de lo que se hace en privada se publica. Algunas veces sí, porque al hacer un poco de todo, algunos datos se pueden publicar. Cuando suscribes un contrato con una empresa firmas unas cláusulas de confidencialidad. Para publicar eso tiene que estar de acuerdo la empresa. La empresa tiene un período, en nuestro caso de obtención de variedades, de 3 años o lo que se establezca con derecho a la explotación de esa variedad, si no reclama eso, queda en tus manos y ya la puedes ofrecer a otro.

Evidentemente la privada no busca hacer avanzar el conocimiento, busca ganar dinero. Lo que pasa es que eso es caro y, salvo grandes multinacionales,  las empresas pequeñas contratan la investigación con centros públicos; les sale mejor contratar un programa de investigación con una universidad o con un centro de investigación. Te pagan la investigación, o te pagan una persona para el laboratorio. Hay muchas empresa pequeñas que contratan la investigación pública y hay otras más potentes que pueden permitirse departamentos de I+D; pero la empresa siempre quiere ganar dinero.

Entrevista realizada por José Rodríguez y Valentín Estévez. Fotografía de Antonio de Ron.

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