Arte con futuro

El proceso político en el que esta inmersa Catalunya ha tenido por fin su eco en el Arte. Lo ha hecho con el advenimiento de la Plataforma Art i Futur (arte y futuro) con la dirección artísitca de Bernat Puigdollers. La plataforma ha juntado 24 artistas doce emergentes: Albert Arribas, Carles Azcón, Helena Basagañas, David Bonet, Miquel Gelabert, Ariadna Mangrané, Sergi Mesa, Gorka Pinyol, Stella Rahola Matutes, Oliver Roura, Àlex Santafé i Rubén Torras. Y doce artistas consagrados: Jordi Alcaraz, Arranz-Bravo, Perejaume, Alfons Borrell, Joaquim Chancho, Salvador Juanpere, Robert Llimós, Francesca Llopis, Albert Porta (Evru/Zush), Josep Maria Riera i Aragó, Benet Rossell i Gerard Sala. Esta dictioma ha generado un igual número de litografías, que generaran una colección para recalcar su adhesión al derecho a decidir del pueblo catalán.

En esta misma sección, servidor de todos ustedes, ha dejado constancia de la dejadez con la que el sector artístico ha actuado en el proceso catalán. Con estas notas pongo en relevancia la significación de las dos docenas de creadores. También la buena elección de los mismos. Puigdollers ha dejado fuera de la lista a actores importantes del escenario artístico, como por ejemplo a Guim Tió, la cuota catalana en la jet-set-art, pero también a provenientes artistas crecidos en la tradición combativa de la Transición. Popularmente se dice que qui no arrisca no pisca (quien no arriesga no gana nada). Una apuesta siempre es arriesgada y Puigdollers lo ha logrado. Este hecho lo hace doble valedor. Ha dado un paso adelante y cosa rara dentro del mundo postmoderno ha escogido a artistas e ideología.

La elección puede ser más o menos acertada, pero inicia un juego, escoge bando y se moja. Demasiadas veces se habla del arte de trinchera, del arte contextual, de cómo el artista denuncia la pobreza material y espiritual del sistema postcapitalista ¡Pero si el mismo Bill Gates también lo hace! Posicionarse políticamente a favor de una cosa que ya tiene un consenso generalizado, de una idea que ya es hegemónica no es ninguna virtud. Posicionarse defendiendo lo propio a sabiendas de crearse poderosos enemigos sí que es ser valiente.

Entre los artistas emergentes merecen ser destacadas Helena Basegoñas y Stella Rahola Matutes, estas dos mujeres están consolidando sus carreras con muy buenos fundamentos. Basegoñas, polifacética y joven, en el campo del diseño usa su fuerte sensibilidad para crear obras con la estética de los días en que vivimos. La transmutación de un espíritu general a una obra particular merece nuestra atención. Rahola, proveniente de la arquitectura, muestra en sus creaciones el control del espacio plástico, atreviéndose a hacer esculturas y cuadros en dos dimensiones. A la exposición Otros Paisajes en la Galería Carles Taché pudimos ver sus obras sobre papel con tinta que nos llevaron a un mundo hecho de test de Rorschach.

Dejando atrás este elogio merecido, vemos que las obras presentadas muestran la vitalidad y riqueza del arte catalán. No son obras de propaganda. Son obas que hablan de cómo el artista ve su mundo, de los códigos que hacen servir para relacionarse su realidad. La voluntad de construcción nacional fundamentada en la creación artística. Stalin dijo una vez que el artista es el ingeniero del alma. La voluntad de estos artistas tiene que ser la misma con la nación, explorarla, crear nuevas cartografías, plantear los problemas subyacentes para plasmar en un lienzo sus fantásticas visiones. No tienen que mostrar la arcadia con la que hemos soñado. Solo así, el surgimiento de nuestra nación será su suprema obra de arte.

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Joan Vila i Boix

Nacido el 1991, estudio Historia del Arte en Barcelona. Escribo crítica de arte y de literatura, con pasión y compromiso. Creo en la importancia de los detalles que pasan desapercibidos. Todo eso lo hago de forma clara y catalana, paradójicamente en castellano.

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