Artista invitado: Socram Photo&Phobia

Intentando recuperar las viejas costumbres os presentamos a Marcos, un joven fotógrafo gallego, que publica bajo el pseudónimo de Socram Photo&Phobia, acompañando siempre sus imágenes por un texto escrito por él.
Nos muestra el cuerpo de la mujer como una obra de arte y siempre desde un punto de vista delicado y elegante, podríamos decir muchas palabras osbre su trabajo, pero este habla por si mismo, sin más dilación os dejamos con una pequeña muestra de su trabajo y esperamos que os guste, seguro que pronto hay más!
Podéis ver más de su trabajo en su página de Facebook

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Yo no te buscaba

No te buscaba y apareciste en medio de un campo de cadáveres carentes de corazón.
Apareciste en un espacio tiempo descontrolado donde no importaba ni quien, ni como, ni cuando; en este vórtice especial en el que mucho menos importaba la profundidad de la herida.
No te buscaba, y apareciste con paciencia y tesón, un antídoto frente a mi irracionalidad, un beso en mi nudillos sangrientos.
Aparcaste tus manos sobre mi pecho desbocado, chutándome esta tranquilidad ya olvidada.
Yo no te buscaba, y ahí estabas, regalando tiempo, acortando distancias, poniendo brazos por alas y corazón por reactor.
Yo no te buscaba.
Y sin embargo, ahora lo hago siempre que te levantas de mi lado.
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Artista, me llamabas.

Colgabas del cuello de mi modestia, medallas con sabor a admiración.
Por como trataba todo lo que hacía, por como incrustaba en cada detalle una parte de mi, que a mis ojos era invisible, pero hacía sonreír los tuyos de orgullo.
“Con ese talento que tienes, no te queda otro camino que ser alguien, alguien importante que hará soñar a los más incrédulos”
Pero un día te fuiste, alegando disconformidad en mis bocetos.
Y no volviste, por muchas siluetas que intento crear en nuestra habitación..
El secreto es que ya no soy nada.
Y si alguna vez fui artista,
si alguna vez tuve un talento,
sin duda fue,
el intentar al menos,

hacerte feliz.
 
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Un buen día, decidí reemplazarte.
Reponerme de tu huída.
Empecé cambiándote por el cine, pero los malditos finales felices sólo me recordaban que efectivamente sólo ocurría en las películas.
Luego lo intenté con la escultura, llené mi casa de muñecas de barro, extrañamente todas tenían tus pechos.
Acabé barriendo los trozos, como hace un tiempo hice con lo que tú antaño me rompiste.

Continué con el dibujo, empecé por lo abstracto, creando lineas negras, formas rojas, hasta darme cuenta de que eran tus manos con las mismas uñas pintadas de lujuria que tantas veces desgarraron mi espalda.
Los quemé, y de rojo se tiñeron las cenizas.

Luego probé con la música, me decidí por la guitarra, pero a mi gran pesar, sus curvas afinaban igual que tus caderas, y mis dedos acabaron perdiéndose entre tantas cuerdas robándome lo cuerdo.
Acabé empotrándola contra la pared, como muchas veces hice contigo, pero en lugar de mancharla de sudor, lo hice de despecho.

Y un buen día me decidí por la fotografía.

Empecé haciéndole fotos a los pájaros, pero sólo me recordaban tus ansias de libertad.

Seguí con los monumentos, que aunque muy clásico, me recordaban que nunca aguantabas tus hermosas risas en los museos.

Luego me pasé a las flores, pero me parecían tan aburridas como un domingo sin ti.

Y al final, acabé sacándole fotos a otras mujeres, esa sería mi salvación me dije.
Retratando bellezas que te superaban en todo menos en lo esencial, que a mis ojos, maldita sea, era lo primordial.

Te busqué en todas y cada una de ellas. Y sólo encontraba un mismo blanco de ojos, un mismo vació en el pecho.
Gasté carrete, pero mi memoria seguía intacta.
Nunca te olvidaría.

Después de tantos intentos, te confieso que me resigné.
Y decidí recordarte de la mejor manera posible.

Escribiendo.

Y así muy señores míos, es como desde el dolor más profundo nace la inspiración más sincera.

Y así es,

como nació mi musa.

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