Ciencia ¿ficción?

Novela "Veinte mil leguas bajo mar" Jules Verne popularizar calamar gigante animal real

Cuadro de finales del siglo XIX mostrando una escena de 20.000 Leguas de Viaje Submarino.

El mundo en el que vivimos está lleno de misterios, lugares, objetos y seres tan maravillosos que se escapan a nuestro entendimiento y ponen en duda algunos aspectos de nuestra lógica. Cuando la ciencia aún no ha encontrado una explicación para ellos, es el momento de las especulaciones, las hipótesis fantásticas y  la ciencia ficción. Es hora de explorar lo inexplorado y de apartar el telón de nuestra ignorancia a algunos aspectos de nuestro entorno que resultan increíbles, insondables o desconocidos.

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Cueva de Liang Bua en la Isla de Flores, Indonesia.

Es muy posible que si le preguntas a alguien, “¿Qué es un hobbit?” sepa ubicarlo en la historia que les da vida. El Señor de los Anillos nos ha proporcionado fantásticas criaturas con las que recrear nuestra imaginación mas no iban tan desencaminados a la hora de describir a estos pequeños seres. De un metro de alto, cráneo muy parecido a los demás hombres, agilidad y astucia envidiables no me estoy refiriendo a los habitantes de la Comarca si no a una especie de homínido conocido como Hombre de Flores u Homo Floresiensis que habitó la isla de Flores, en Indonesia hace 12.000 años. El primero de estos diminutos parientes nuestros fue encontrado en la cueva de Liang Bua donde también se hallaron instrumentos de piedra. ¿Tolkien pudo haber descrito a sus hobbits o quizás a los enanos al contemplar a los hombres de Flores? No ha sido descartada la posibilidad de que alguno de estos homínidos haya resistido en la multitud de islas que forman Indonesia y es bien conocido que los aborígenes actuales tienen rasgos muy distintivos de su zona. Quizás no seamos los únicos homínidos vivos hoy en día en la Tierra.

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El Pelagornis comparado con el cóndor y el albatros viajero.

También son apreciables las águilas gigantes en la misma saga. Poderosas aves que, con sus garras, pueden agarrar a un humano, cuya envergadura supera los 10 m de punta a punta de las alas no son tan fantasiosas como podemos pensar en un primer momento. Solo se conoce un único fósil de Pelagornis sandersis un ave que hace 25 millones de años surcaba los océanos con una envergadura de 7,4 m de largo siendo el ave más grande encontrada hasta la fecha.

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Elefante pigmeo o enano de Flores y humano en una comparativa.

En la misma isla de Flores, por si fuese poco con los hobbits, también encontramos dragones. Y es en efecto uno de los pocos lugares del mundo donde habita el Dragón de Komodo, en concreto uno un poco más grande. Este gigantesco reptil tuvo varios encuentros con los Floresiensis, obligando a los pequeños homínidos a tener que defenderse con lanzas y piedras. El Dragón de Komodo también gustaba de alimentarse de elefantes enanos del género Stegodon, cuyo tamaño no era mayor que el de un humano adulto. Que no resulte extraño este reducido tamaño en estos curiosos proboscídeos (familia del elefante) ya que un fenómeno biológico muy común es el enanismo y gigantismo insular, razón por la cual se pueden encontrar elefantes enanos o abejas gigantes, como trataremos posteriormente.

 

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Las tortugas de Darwin o de las Galápagos.

Estos fenómenos suceden debido a que las islas ofrecen condiciones muy duras para unas especies y muy beneficiosas para otras, permitiéndoles crecer u obligándoles a menguar según los recursos disponibles en el medio. Las abejas de Wallace que, junto con Darwin postuló la Teoría de la Evolución, son muy parecidas a las abejas normales pero gigantes. No es el único caso conocido en la Naturaleza de gigantismo tan evidente ya que en casi todos los museos de Historia Natural o acuarios encontramos calamares gigantes metidos en frascos de formol. No es una criatura nueva ya que la primera vez que se dio a conocer de forma masiva fue en la novela de ciencia ficción del autor Julio Verne 20.000 Leguas de Viaje Submarino, en el siglo XIX. Este monstruo de las profundidades abisales ha tenido muchos nombres: Kraken, Leviathan, Diablo de los Mares… Casi todos los zoólogos e historiadores admiten que este monstruo pudo haber tomado contacto con el hombre por medio de pescadores del mar Báltico (donde se cree que hay una considerable población) que echando redes pudieron capturar alguna de estas bestias y luego mitificarla en el monstruo fantástico de las leyendas y cuentos de marineros. Sin duda es una auténtica bestia con sus 4 metros de media aunque se ha capturado un ejemplar de 13 metros en 1887. Su naturaleza no es agresiva pero se defienden bastante bien de ataques de sus depredadores, normalmente cachalotes.

El calamar gigante Architeuthis dux.

Muchos en nuestra infancia teníamos una tortuga como mascota, aunque realmente no hiciese nada salvo comer, nadar y dormir. Las tortugas domésticas son realmente pequeñas para ser reptiles. Si observamos las tortugas marinas vemos que su tamaño es mucho mayor, pudiendo llegar a los 2 metros de largo y a los 150 Kg de peso. Charles Darwin describió en sus viajes a las Galápagos (frente a la costa de Sudamérica) las famosas tortugas de Darwin o de las Galápagos. Estas bestias son verdaderos monstruos para ser animales terrestres ya que la gravedad limita un poco el crecimiento de las especies terrestres y por eso en el mar los animales suelen ser más grandes, como las ballenas.

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Modelo de Titanoboa en el Museo Smithsoniano de Londres.

El cine también se ha aprovechado de las bestias fantásticas para sus argumentos. Son múltiples los ejemplos de ataques de arañas gigantes que comen humanos. No es del todo cierto pero si puede sorprender que algunos tipos de araña se puedan alimentar de pájaros capturándolos en sus telas de araña. Son raros estos sucesos pero posibles ya que la araña conocida como Seda de Oro puede llegar a dimensiones equivalentes a la palma de la mano de una persona adulta. Las serpientes tampoco se han librado de salir representadas en la gran pantalla como animales gigantescos y con gran apetito por la carne humana. Hace 60 millones de años existió una especie de reptil realmente titánico y es que la Titanoboa medía 13 metros de largo (equivalente a dos elefantes africanos puestos en fila) y podía pesar más de una tonelada, con lo que deja en ridículo a sus descendientes vivos como la boa y la pitón reticulada.

Están entre el mito y la realidad. El misterio inunda sus vidas y la Historia les da fama. Son, sin duda alguna, los retos que la ciencia ha de explicar en nuestros días mientras ellos siguen con sus ociosas y despreocupadas vidas como leyendas vivientes, ratificando con su presencia que no está todo por descubrir y que la imaginación es vencida por la fuerza más poderosa del Globo, la Naturaleza.

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Pontevedrés, residente en Santiago de Compostela. Estudiante de Biología en la USC, investigador en formación y amante de la ciencia.

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