Civilizaciones perdidas: Los minoicos

Recontrucción artística del palacio de Cnosos

Cuentan que hubo una vez una civilización que asombró al mundo entero. Sus barcos cargados de ricas telas de Fenicia y perfumes de Egipto desembarcaban en las costas de Creta para abastecer a los adinerados ciudadanos locales. Los susurros en la historia hablan de un pueblo trabajador y diligente, capaz de levantar los palacios más hermosos de todos los tiempos. Aún se puede ver a algunos ancianos contar las historias de la mítica Cnosos y de su palacio; se pueden oír los bufidos del Minotauro en su laberinto y a Teseo entrando para darle muerte. Hoy viajaremos a las entrañas del imperio minoico.

Pieza de cerámica en la que se aprecia a Teseo dando muerte al Minotauro

Hace más de cinco milenios, la isla de Creta veía nacer una extraordinaria civilización: los minoicos, denominados así por su descubridor Arthur Evans que relacionó el palacio de Cnosos con el del rey Minos, florecieron en los albores de la Edad del Cobre y Bronce, dejando cuantiosos legados arquitectónicos e históricos. Los primeros pobladores de Creta crearon débiles asentamientos de cazadores-recolectores que pronto dominarían artes de construcción más avanzadas, sustituyendo la paja y la madera por ladrillo y piedra. En esta cultura, presumiblemente la primera europea, encontramos un culto muy particular, el culto al toro.

Si, a diferencia de nuestro país, donde los toros son cruel y vilmente asesinados en ruedos mortales, en Creta los toros eran venerados como animales sagrados, llegando a ser adorados como dioses. El propio rey Minos, el rey más característico de Creta, llegó a tener cientos de toros en sus rebaños. De este rey nace la mítica leyenda del Minotauro. Se dice que Minos pidió al dios Poseidón que le concediese el trono de Cnosos, antiguamente perteneciente a su padre. El benévolo dios de los mares le concedió ese don, después de hacerle prometer al futuro rey que sacrificaría al toro que le enviase. El señor de los caballos envió a Minos un impresionante toro blanco para su ofrenda pero, el astuto Minos, lo sustituyó por un toro de su rebaño, encandilado por la belleza del divino animal. La furia de Poseidón no se hizo esperar y, con malas artes, forzó a la esposa del rey a enamorarse del animal. La reina se acostó con el toro blanco de Poseidón y engendró a un ser mitad hombre, mitad toro: el Minotauro o Toro de Minos.

El fresco del salto del toro, ubicado en el vestíbulo del palacio de Cnosos, parece representar una festividad religiosa

Ojalá hubiese acabado ahí la pesadilla de Minos mas el Minotauro, de nombre Asterión, tenía reservada otra sorpresa al rey minoico: solo se alimentaba de carne humana. Durante años, el pequeño toro-hombre se alimentó de hombres fallecidos hasta que creció lo suficiente como para ser agresivo y un peligro en la corte del rey, por lo que el arquitecto real le construyó al Minotauro un laberinto en el palacio para atraparlo. Aquí se le ofrecían algunos humanos para saciar su incontenible apetito. Cuenta también la leyenda que, tras la derrota de Atenas, el rey Minos exigió a los griegos un tributo de muchachos y muchachas para aplacar el hambre del monstruo. Fue Teseo, hijo del rey de Atenas, el que acabaría con el engendro de Poseidón. Teniendo el amor de Ariadna, hija de Minos, esta le ayudaría a salir con vida del laberinto de la bestia, portando una madeja de hilo para que consiguiese salir del recinto. Muerto el Minotauro, Teseo salió de Creta con Ariadna, la que sería su futura esposa.

Vestíbulo del palacio de Cnosos

Además de la leyenda del Minotauro, los minoicos son famosos por la edificación de grandes estructuras palaciegas. El palacio de Cnosos es una maravilla arquitectónica sin precedentes. Con más de 1.500 habitaciones y 17.000 metros cuadrados edificados, esta imponente estructura sufrió de múltiples destrucciones, fruto de cataclismos naturales como terremotos y algún maremoto. La historia de Cnosos no es entendible si no se conocen las características geológicas de esta zona de Grecia. La proximidad de la isla de Santorini no fue positiva para este palacio. La erupción y posterior explosión del volcán de la isla provocó graves daños a las zonas circundantes mediante tsunamis y movimientos de tierra, acompañados de lluvias de materiales piroclásticos que dejaron varios palacios bajo varios metros de cenizas y rocas volcánicas. Este cataclismo natural recordó a muchos autores el fin de la Atlántida platónica, llegando a elevar el palacio de Cnosos a la mítica ciudad perdida.

En cuanto a sus creencias, los minoicos tenían por sagrado los cuernos de los toros y las hachas de doble filo. Irónicamente, a pesar de ser un pueblo que doblegó a Grecia, las únicas armas que se encontraron en el palacio de Cnosos son ceremoniales. En las 90 ciudades que componían Creta, los palacios parecen tener funciones político-administrativas, siendo la sede del poder del rey. Las ciudades portuarias eran muy frecuentes, ya que los minoicos eran un pueblo predominantemente comercial. Sus rutas alcanzaron las costas egipcias, griegas y turcas debido a un profundo conocimiento de la navegación.

Símbolos sagrados minoicos: el hacha de doble filo (Labryx) y la cornamenta del toro

En cuanto a su arte, los minoicos han sido famosos por sus frescos, decorando palacios y edificios importantes con miles de ellos, siendo la mayoría bellamente realizados en varios colores (policromatismo). También fueron los inventores de un deporte muy famoso actualmente: el boxeo. Los pugiles minoicos ya luchaban en Creta cientos de años antes de que se pusiese de moda en el Viejo Mundo esta lucha a puñetazo limpio. En los juegos olímpicos griegos había una disciplina de lucha muy parecida e inspirada en sus vecinos isleños.

Los últimos estudios sobre el palacio de Cnosos parecen revelar una civilización mucho más compleja de lo que se creía, con una sociedad muy avanzada y ya dividida en estados sociales. Además, se afirma que el palacio pudo haber sido tres veces más grande de lo que pensaba su descubridor, el doctor Evans. Los arqueólogos que trabajan en Cnosos siguen desenterrando miles de piezas cerámicas de gran calidad y grado de elaboración.

En definitiva, este fascinante y asombroso pueblo desapareció en las arenas del tiempo sin dejar rastro, dando vida a múltiples leyendas y búsquedas arriesgadas para desentrañar sus misterios. La civilización del toro, el hogar del Minotauro, la tierra de los primeros conquistadores europeos yace todavía rebosante de historia en las costas y valles de Creta aguardando, quizás, a que otros investigadores desentierren sus misterios. ¿Qué secretos aguardan bajo esas polvorientas piedras y llanuras? El descubrimiento de toda la magnificiencia de estas antiguas gentes está, a día de hoy, por ser revelado.

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Pontevedrés, residente en Santiago de Compostela. Estudiante de Biología en la USC, investigador en formación y amante de la ciencia.

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