Dos películas, un color: una mirada al cine monocromático

En tiempos donde la imagen es la reina fuente de todo conocimiento, bombardeados por ella, y convertidos en ella por la fuerza de las redes sociales, vale resaltar  dos películas monocromáticas que además de provocar a la industria, son una preciosa obra de arte.

BLANCO

La primera, más que ser una película, es una obra de video-arte  y  nace en 1965 por el artista surcoreano Nam June Pail. Es literalmente entre veinte y treinta minutos de una pantalla en blanco con el sonido de una película análoga rodando. Se llama Zen for Film (1964)  a lo que se podría inferir de primeras, que sería una meditación para el cine. Efectivamente lo es.

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El espectador cavila sobre una película sin exponer que corre por un proyector. La imagen se convierte en una superficie blanca que es alterada mínimamente por ralladuras y polvo de película que se reflejan en el proyector.

Se podría pensar como algo supremamente aburrido, ¿ver una pantalla blanca por treinta minutos? Sí. Como dijo el artista John Cage: “si algo es aburrido por dos minutos, trátalo por cuatro. Si todavía es aburrido, trátalo por ocho, dieciséis, treintaidós, y así. Eventualmente, uno descubre que no es aburrido sino más bien interesante”. En efecto, esto realmente podría ser el antídoto para descargar las cientos de imágenes que pasan por nuestros ojos sobre estimulados por todas las fuentes mediáticas diarias; televisión, celular, IPad, IPod, IWatch, Facebook, YouTube… etc. De hecho, ver ocho minutos de este video se siente como estar viendo televisión. Estas viendo imágenes correr, espectáculos pasar, gente hablando por los codos, y al final de cuentas, no estás viendo nada. La obra obliga al espectador a cambiar el chip televisivo. Ya no está inundado de imágenes exteriores que salen de una pantalla, sino que ahora él es el que inunda la pantalla blanca con su imaginación y pensamientos. La película reduce el cine a la fotografía, y a su vez reduce ésta a su génesis: la luz.

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 AZUL

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“En el pandemonium de la imagen, te presento el Azul universal”

Esta segunda película se llama Blue (1994). ¡Y así es, toda azul, toda azul! Derek Jarman, maestro del cine se despide de la vida que le fue arrebatada por el SIDA con esta última película. Diagnosticado como VIH positivo en 1986, Jarman realiza la película a finales del 1993, justo un año antes de su muerte. Es un enjambre de música y meditaciones poéticas, que como telón de fondo permanentetiene el color International Klein Blue (color patentado por el artista francés Yves Klein), expuesto desnuda e íntimamente en dimensiones inquietantes. Como si tener el color azul frente a los ojos por una hora y veinte minutos no hipnotizara lo suficiente, con este maravilloso filme, el espectador entra en trance en la mente del director, experimentando su creciente ceguera, los efectos secundarios de las docenas de pastillas que debe consumir al día, la añoranza de sus amigos infectados por el virus, su abierta homosexualidad y todo esto dentro de una alabanza a la vida eterna y sublime, hecha metáfora por el color azul.

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“Mi retina es un planeta distante”.

Durante toda la película se acompaña al director en el camino de la pérdida de visiónen el que estaba inmerso, entre sentimientos de frustración y desamparo. Aunque el guión es sacado de los diarios de hospital de Jarman, la película fue hecha con la ayuda de sus asistentes. Una película sin imágenes es la alegoría perfecta para su condición.

"¿VIH/SIDA?, ¿SIDA?, ¿VIH?"

Si el espectador ordena las palabras de esta imagen puede leer lo siguiente:”¿VIH/SIDA?, ¿SIDA?, ¿VIH?”

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“Aquí hay muerte en el aire pero no hablamos de ello”.

En la sala de espera, a la que Jarman llama el “infierno en la tierra”, se encuentra con los demás pacientes moribundos y desolados. En el filme, describe la sala como un lugar completamente horroroso y pálido e, irónicamente, resalta que esto es de poca relevancia ya que los enfermos en su mayoría son ciegos. Describe a las placas exhibidas con los nombres de los donadores privados de la clínica, con la frase “la caridad ha permitido mostrar a los insensibles como sensibles y es terrible para aquellos que dependen de ella. La caridad es el gran negocio.” Jarman fue un  activista homosexual, que defendió un tratamiento más digno por parte del gobierno británico hacia los enfermos de SIDA.

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“Soy un chupa pija”. Jarman estuvo fuertemente ligado al arte activista gay de los años 80, haciendo visible el rechazo de la sociedad británica ante la comunidad gay infectada por el virus.

Azul es el color por excelencia, escogido por los poetas para nombrar lo innombrable, para llamar al silencio, para hacerse uno con la totalidad. Con un grito heroico de artista a punto de morir, Derek Jarman acepta la enfermedad y se resigna a la muerte llamando al Azul como eso que “trasciende la solemne geografía de los límites humanos”. Azul, azul, azul.

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“El azul trasciende la solemne geografía de los límites humanos”.

En fin, estas dos películas más que imágenes, son juegos que invitan a pensar sobre el color y el sonido, la propia esencia del cine. La primera es una meditación sobre la luz y el vació, llenado por el monólogo interno del espectador. La segunda es la expresión cinematográfica de un enfermo de SIDA, terminando su vida en un gran adiós desde el arte hacia la eterna muerte.

¡Si no las han visto ya, cinéfilos, corran a verlas, imaginarla, oírla; a crearla ustedes mismos.

Artículo escrito por María Angélica Barrios. Estudiante de Ciencia Política y Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Fotógrafa amateur, directora de cine frustrada. Amante de la filosofía, literatura y el arte.

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