El arte en una botella de agua

Hace unas semanas asistí al curso On mediation de la Universidad de Barcelona. En este seminario, nos explicaban a los asistentes el hecho curtatorial en todas sus formas. Pero, mi apreciado lector, no aburriré con las técnicas de curación del arte (dicho así parece que la faena de un comisario sea más próxima al jamón de jabugo que al arte) sinó hablaré de una cosa que vi y desde el momento en que la presencié no la pude olvidar. Vi a uno de los asistentes beber agua de una botella de un litro o litro y medio. No de una pequeña cantimplora, no de una botellita de 25 centilitros. Era una gran y opulenta botella.

El asistente asosegado era más bien bajo y con poco músculo, una persona muy pequeña. Mi mente dejó de atender las derivaciones poscolonialistas del arte contemporáneo en los Cárpatos y se fijó en la estampa ya dicha. Como si de un cuadro al oleo fuese, lo analice y llegue a una conclusión; había demasiada parte sostenida para tan poco sostén. La botella era demasiado grande y contenía demasiada agua para un sorbo tan pequeño. ¿No resultaría más cómodo llevar una pequeña cantimplora e irla a rellenar de vez en cuando? ¿No resulta un carga llevar un litro o sea un kilo de más en la mochila que una cómoda ampolla pequeña?

Estas disquisiciones estéticas me llevaron a la máxima de la diferencia entre el arte clásico y el barroco, la diferencia entre parte sostenida y sostén. El primero es proporcionado y armonioso, el segundo es, como dijo el filósofo, el dolor de los santos. En el arte clásico, las partes se equilibran entre sí para llegar a un resultado perfecto. Fídias en la antigua Grecia hizo los frisos del Partenón siguiendo sus normas, por eso su arte es norma después. El Laoconte y sus hijos, pertenece al arte barroco de ese periodo, en que las formas se retuercen, hay sufrimiento y curvas, se muestra el dolor, se muestran la parte desagradable del alma. Comparad el Discóbolo con el Laoconte. Pues bien, es la misma diferencia que entre una botella de 25 centilitros y la botella de un litro. Beber un pequeño sorbo de agua de una botella enorme es mostrar el deseo de tener mucho, de conquistarlo todo, por lo poco que es.

La botella pequeña es usada por un propósito específico, refrescarse en un momento dado, en el que se sabe se tiene que beber poco. En medio de una conferencia de hora y media, el conferenciante quiere beber sorbos de agua para mantener su voz limpia, no quiere limpiar sus riñones del exceso del fin de semana. O por poner otro ejemplo, si nos pedimos un café en un buen bar, nos traerán un vaso de agua, para aclararnos la boca del gusto del café. No nos traerán un cántaro. De otro modo, si quiero ir de excursión y sé que no habrá ninguna fuente por el camino, cogeré una botella grande con mucha agua. Del mismo modo si tengo que comer con un amigo, cogeré una botella grande de agua.

La justa utilización de las cosas, la justa proporción de estas es en sí arte. La estampa del chico pequeño con una gran botella es una visión desproporcionada, no obedece a una razón práctica y hasta nos puede parecer ilógico. Desde un punto de vista estético sucede lo mismo, no vemos ninguna armonía en el hecho de beber agua. Pero claro, se podrá decir, beber agua no es ningún hecho artístico, no tenemos que ir por ahí como estetas entregados a su arte. ¿O puede que sí? ¿Nos fiaríamos de un zapatero que va descalzo? ¿O de un cocinero que es vegetariano y cocina carne? O por más inri, ¿de un diseñador de ropa que va mal vestido?

El hecho estético trae consigo mismo una disposición total. Una disposición que sale naturalmente del sujeto. Se supone que el artista o la persona que se dedica al arte tienen una sensibilidad al color, a las formas, a las proporciones que lo habilita para esta profesión. Bien, si uno la tiene la ha de mostrar. ¿Por qué los primeros veraneantes de Cadaqués eran artistas? Porque fueron los primeros en admirar su belleza ¿Quiénes descubrieron la belleza de la costa azul? Los artistas parisinos, que además encontraron un lugar barato para vivir. Si vemos fotografías de la Bauhaus, los artistas, ahí docentes, extiende su arte para diseñarse casas a su medida, que sin renunciar al arte puedan albergarlos en sus paredes. El espíritu sensible necesita de esta disposición de las formas y los colores para subsistir.

Como el lector ha apreciado, el arte envuelve a las personas. Y se hace patente en los detalles más mínimos. Demasiadas veces se ha dicho que en casa del herrero solo hay cubiertos de madera, pero yo creo que si el herrero es bueno, se hará la mejor cubertería del pueblo, aunque sea solo por el goce de tenerla y de haberla hecho. El arte, el hecho artístico se encuentra en muchos lugares, des de un cielo con clamorosas nubes hasta un árbol, todo depende de los ojos que lo vemos.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (Sin votos aún)
Cargando…

Comentarios

Comentario

Joan Vila i Boix

Nacido el 1991, estudio Historia del Arte en Barcelona. Escribo crítica de arte y de literatura, con pasión y compromiso. Creo en la importancia de los detalles que pasan desapercibidos. Todo eso lo hago de forma clara y catalana, paradójicamente en castellano.

Comments are closed.