El arte subversivo y el comunista liberal

Actualmente abunda el arte contra el sistema; el street art, los cuadros alegóricos que maldicen el sistema capitalista, las ilustraciones que nos muestran como perdemos inútilmente nuestra vida delante de los ordenadores, pero ¿Realmente actúan contra el sistema? ¿Este arte articula un discurso subversivo o es arte que ilustra los pensamientos del comunista liberal?

En palabras de Slavoj Zizek: “los liberales comunistas son pragmáticos. Detestan los enfoques doctrinarios. Para ellos hoy en día no existe una clase trabajadora explotada. Solo hay problemas concretos que se tienen que resolver: el hambre en África, el conflicto de las mujeres musulmanas y la violencia religiosa fundamentalista.” Son gente como Bill Gates, detestan el sistema, creen que es la degeneración del ser humano, pero son la misma causa de este orden. Recordemos que el dueño de Microsoft es el máximo filántropo del planeta mientras explota a millones de trabajadores.

El arte subversivo tiene que oponerse al discurso del comunista liberal para ser útil a sus fines, debe explicar el mundo desde el punto de vista de aquellos a los que se dirige, tiene que ser complejo y accesible. Tiene que poder organizar la gente a su alrededor. Si se convierte en superficial, en un simple punto de vista del creador sin un claro contacto con la realidad social, como dice Karl Popper: “¿Qué es el arte en su acepción general? Expresión de la personalidad; yo, artista soy importante en el campo del arte; es preciso que me exprese, llegado el caso es preciso que me comunique con los demás. Eso es todo cuanto parece importar en el arte. Y lo que le ha condenado a la ruina (…) Esa es toda la verdad sobre la decadencia del arte; Los filósofos superficiales son responsables de su caída”.

Los ejemplos de Mr. Brainwash y Damien Hirst dan a entender que han pasado de una supuesta disidencia, si la llegaron a tener, hasta la posición de comunistas liberales, descrita por Slavoj Zizek. Su supuesta crítica constante al sistema, como su expresión del Yo, ha sido digerida por este hasta llegar a adaptarse completamente a su lenguaje. Ven el mundo desde una falsa visión de los oprimidos, pero el prisma que toman es el descrito por Popper. Nadie niega que el sistema en que vivimos sea un despropósito, ni el mismo sistema lo hace, denunciar este hecho es respaldar el consenso en que vivimos. Por ejemplo, Hirst, en su obra hace una profunda crítica al mundo del arte, siendo él mismo en sus parámetros El Problema del mundo del arte.

Mr. Brainwash se dio a conocer en Exit Through The Gift Shop, un falso documental sobre el artista Banksy. Actúa como un alter-ego del graffitero, que solo reproduce diseños astutamente hechos por becarios. Su obra se basa en cambiar caras de cuerpo, poner gafas de sol a la reina de Inglaterra o pañuelos de bandolero a los Beatles. Al final del documental, Banksy dice: Antes animaba a la gente a pintar, pero des de Mr. Brainwash no se lo digo a nadie. Brainwash solo hace lo que otros ya han hecho vendiéndolo a unos precios de escándalo bajo una cortina de falsa rebeldía, desactivando los discursos realmente rebeldes.

Podemos entender en este sentido que Mr. Brainwash, como Hirst, son intelectuales orgánicos de los comunistas liberales, en la excepción de Antonio Gramsci: “Son los “gestores” del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político o sea: del consentimiento espontaneo dado por las grandes masas de la población a la orientación impresa de la vida social por el grupo dominante fundamental, consentimiento que nace “históricamente” del prestigio (y por tanto de la confianza) que el grupo dominante obtiene de su posición y de su función en el mundo de la producción.” Explican el mundo des de la visión del consenso actual, en el que hay violencia política, racismo y hambre pero en compartimentos estancos, no se entiende que es el mismo sistema que los genera.

Si no hay una voluntad de construir un consenso alternativo para entender el mundo y poder ver la realidad desde otro prisma, el arte político no beneficia a nadie (a excepción de legitimar el poder). Como hemos visto, el sistema se sustenta asimilando una suerte de disidencia. Las clases oprimidas ven el mundo desde la perspectiva de la clase dominante (al no tener un discurso propio de clase) y el arte que se hace para este fin, no llega a sus destinatarios reales, se queda para el consumo de una élite ilustrada.

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Joan Vila i Boix

Nacido el 1991, estudio Historia del Arte en Barcelona. Escribo crítica de arte y de literatura, con pasión y compromiso. Creo en la importancia de los detalles que pasan desapercibidos. Todo eso lo hago de forma clara y catalana, paradójicamente en castellano.

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