El fantasma de Detroit

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He aquí un fantasma. Quizá me dirán que no ven ningún fantasma, que estoy delirando, que el whisky estaba malo José Ignacio. O quizá lo están buscando en las ventanas, de tantas ventanitas que pueden verse ahí en el edificio de la derecha; un par de ojos que brillan como los ojos fijos de un gato en la noche. Pero no. Este fantasma no es humano ni animal. Y ese edificio es un banco. Todos saben que los fantasmas odian los bancos, igual o más que los vivos. Quién va a querer a una institución que le cobra a tu familia todas las deudas que dejaste apenas días después de almacenada tu carne en un cajón.

Si miran con detenimiento se darán cuenta de que esta fotografía no es actual. 1915 es el año, la calle es la Woodward Avenue, centro fuerte de la ciudad de Detroit. Ese lugar con los árboles es el Campus Martius, y el edificio del centro, el Detroit City Hall. Los tranvías son operados por la Detroit United Railway. La mayoría de carros son Ford, como Ford es el edificio del fondo; el que está casi oculto por otro que, por efecto de luz parece de tono oscuro, pero en realidad es blanco. El edifico en el costado derecho es el Central Savings Bank; el que da la impresión de ser dos torres es el Dime Building; el blanco del costado izquierdo no le conozco el nombre, pero tiene en el techo un letrero de Stroh’s Beer (desmontado en 1920 por la Prohibición).

Este es el fantasma de una ciudad alumbrada por una fotografía. De un día que fue prometedor. Detroit, la metrópolis. Detroit, el motor de América. Detroit, la casa de RoboCop.

Y hablar de RoboCop me hace recordar al Fantasma de las Navidades Pasadas de A Christmas Carol de Dickens (quien sabe, pueda que sea un trauma infantil que justo me resulta útil en este momento). Apareciendo poco antes de la media noche, alumbrándole el pasado al anciano Ebenezer Scrooge y haciéndole cuestionar su presente. Creo que el fantasma de esta fotografía cumple un mismo propósito. Solo miren las ventanas. A donde miran, miran con frialdad. Juzgando, eso no hay duda. Pero a donde, pero a quien. ¿Mirarán al funesto futuro de Detroit? A la que es hoy cadavérica, solitaria, violenta y en lenta descomposición. Estoy seguro que del otro lado debe haber alguien que se pone blanco y suda frío al ver la mirada fija del espectro que te muestra lo que fuiste y hace mucho dejaste perder. Esto es el terror, lo verdaderamente aterrador. Porque susto puede dar el sobresalto que provoca un fantasma apareciendo de la oscuridad en simultáneo con un ruido estridente; pero no es aterrador. Aterrador es ver un gran pasado y no poder revivirlo.

 

*Hace unos días leí un artículo de la BBC que hablaba de la inesperada resurrección de Detroit.

¿Qué le ha pasado? ¿Será que fue visitada por tres fantasmas la noche de navidad?

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José Palacio Salazar

José Ignacio Palacio Salazar (1989; Barranquilla, Colombia) Escritor. Premio de literatura de la Universidad del Norte (2014). Sus relatos hacen parte del libro 'Tinta Fresca' (ed.uninorte, 2014). Ha colaborado con diferentes revistas internacionales y colombianas. Amante del jazz, de la música clásica, de la historia antigua y las películas de David Lynch, Wes Anderson y Winding Refn. Lector estudioso de Jorge L. Borges, James Joyce y Yasunari Kawabata, de sagas nórdicas y epopeyas homéricas.

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