El gran hotel de Budapest

Nuestros análisis

Empieza. No entran y salen los personajes de la escena, sino que la escena sigue a los personajes. Cámara fija. Como mucho tenemos un seguimiento lateral, pero de primeras es un plano fijo. Absolutamente. Sientes cierta curiosidad. Alguien debió de gritar “acción” y se derrama la perspicacia y misticismo del gerente del hotel. Te hace gracia, al principio, la relación paterno-filial que este guarda con el botones. Lobby Boy interesa tanto como el gerente. Y este tanto como la cámara. Engancha. Atrae. Quieres seguir la historia.

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Avanza. La cámara tiene un mimo absoluto, es evidente. Te percatas de que el director ha empleado horas y horas en que cada detalle se filme a su gusto. Todos y cada uno de los primeros planos que van componiendo la película son perfectos. Los travelling estremecen. Hacen las delicias de mis ojos. No es mera brillantez técnica- esta está más que asumida- sino que se suman ingenio y buen humor en la imagen. El detalle, que logra ser arte- y más aún- garbo, encumbra cada escena. Los diálogos se visten de gala con la cámara, y además de gracia; tienen delicadeza. “Más todo lo que no nos hayamos fundido en putas y güisqui”. No cabe duda de que es excéntrico y alegre, su guión. La historia, aún con la novela por leer, tiene una enjundia que la aleja de la simpleza. El diálogo, del joven escritor, oyéndolo todo de un mayor botones, es en sí otra novela. Anticipa las preguntas e informa de las conversaciones, esto- de nuevo- de smoking blanco con pajarita de cámara. La música que lo acompaña nos lleva no a otro tiempo, sino a otra época, pero de cine. Parece un guiño al cine de antes, casi mudo, con los movimientos rápidos, los saltos, giros y tanto subtitulado. Ese guiño es al primero de todos, no al de “antes” como concepto cinematográfico de los 70. Más aún, el refinado diálogo de un cultivado hombre de la élite europea no sobre carga en ningún momento. Todo ello mezclado con la poesía, la elegancia, el lujo y el mimoso detallismo cinematográfico y hotelero, se plasma tanto en la cámara como en las palabras de Gustav. ¿Estamos en los años 20 en Viena? Sin duda debían de ser así.

Continua. Ya estás más que enganchado. Sigues el desarrollo de los hechos como un adicto busca su dosis. Hay una historia dentro de otra historia, y estas a su vez, con más de un narrador; y en varias épocas.  Avanzas por ellas al ritmo en el que se desplaza la cámara, siguiendo al personaje. Escenas mayúsculas, como si en cada rincón del Gran Hotel hubiera un foco y los protagonistas o secundarios sólo tuvieran que saltar de habitación en habitación. La escena, reiterada, del tren con los fascistas, son- sin lugar a dudas, y a media hora de que acabe la película- unos de los mejores 5 minutos que has tenido la suerte de ver este año en la pantalla. Y fuera todo lo demás…  que nadie ha criticado así, en tan poco tiempo,  con tal maestría, la devastación que provoca una guerra. Nadie, jamás, homenajeño a la vieja Europa, observada desde la nueva América, de este modo.

Main Quad_AW_[26611] Grand Budapest

Sonríes. Aparece la sociedad de las Llaves en Aspas, y entiendes el reparto del cartel. El gremio de hosteleros, sus homónimos en todas las partes del mundo, interpretados, entre otros, ¡por Bill Murray! Todos ellos con su pequeño Zero. Es una chispa de optimismo que se fundamenta en la solidaridad, la idea de familia y que a todos nos pase un poco lo mismo. Se acerca al final y no dejas de pensar en todo lo que has vivido, y en tan poco tiempo. Vas a necesitar verla dos o tres veces más para aprehender todas sus grandezas. Hacía tiempo que no veías un dúo tan exquisito, carismático y encantador, como el que forman Ralph Fiennes y Tony Relori. Qué química hay entre ellos. Que forma de entenderse en la pantalla. Como se llevan de la mano por este gigantesco y maravilloso flashback. Y sus antagonistas no se quedan cortos…

El-Gran-Hotel-Budapest_197A. Brodi es diabólicamente tétrico al sonido apertural del órgano. W. Dafoe es directamente cruel y malvado. Fantástico en su papel.

Termina. Abandonas la sala. ¿Qué me acaba de ocurrir? ¿Qué acabo de ver? Era humor de un altísimo voltaje, ritmo trepidante y juegos de puertas (¡y ventanas!) que nunca antes habías visto. Si era cine de carne y hueso, no me he dado cuenta. Era algo más metafísico y colorido, casi “Cartooniano”. Colores vivos, mucho más que vivos, te transmitieron de continuo ese sentir feliz. Te ha robado una sonrisa de casi una hora y treinta minutos. ¿Tal vez insulsa de contenido? ¿Será mi sonrisa injustificada?

the-grand-budapest-hotel-1Pues lo será. Igual la novela de Stephan Zoe pueda no dar para más. No ha sido así, para mi juicio. La brillantez técnica y la correcta interpretación sostienen el buen gusto de esta pieza cinematográfica. Un buen gusto, he de remarcar, exquisito. En todos sus detalles. Es una película para ver en silencio y con atención. Sin el ojo puesto en los planos, estos marearán y sólo conseguiremos perdernos la historia. Sin atender al detalle, nos perderemos el auténtico contenido argumental de la película.

Lo que aquí nos transmiten va más allá de un simple guión adaptado o de una novela, porque los detalles son la vida, y la cámara es su Dios. El plano fijo vertical, el barroquismo ornamental, los colores y sonidos que riman como en poesía, el reparto plagado de estrellas que cantan a coro, la sensibilidad- aquí apreciada de otro modo- como educación, que funciona a la vez como estilo de vida personal. La intercalación del relato hablado y visual, junto con la repostería del detalle, de la imagen centro europea. Las citas y referencias al mundo de la lírica, los gerentes de hotel y su sociedad como metáfora de la dominación del mundo (a través del buen gusto). Joder.  Esta película es- mientras la ves y más adelante cuando lo piensas- la mejor película del año. Y me apuesto la mano a que la Academia la va a menospreciar otorgándole mucho menos de lo que merece. Ojalá me equivoque. Porque mientras escribo esto, y rememoro, sigo sonriendo.

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Comentarios

Comentario

Trasnochada caballerosidad. Cinéfilo y melómano, estudiante de derecho en su tiempo libre. ☐ Bodrios infumables. ★ Típica película de domingo. ★★ Buenas películas, de las que aportan algo. ★★★ Obras maestras. Estas maravillas irrepetibles. ☞ Cinéfilos. ¿Te gusta el cine?

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