El Holocausto de las Abejas

Fotografía de una abeja reliazada con una cámara de alta definición

Mientras la idílica primavera sucede al frío y oscuro invierno, prados, praderas y bosques se llenan de color y actividad. Puede que te tumbes en una verde campiña a observar como las blancas nubes cortan el cielo azul, raudas, empujadas por el suave y fresco viento estacional. Las flores se abrirán, las aves emitirán sus cantos de apareamiento y las hormigas explorarán los nuevos pastos en busca de alimento para la colonia. El suave revoloteo de las moscas y mosquitos no es sino una máscara musical que tapa un verdadero desastre: entre los insectos voladores que, con vivaces movimientos, surcan los aires, no se divisa ni rastro de las criaturas más bellas e importantes de la naturaleza, las abejas.

Puede que os sea desconocido pero, desde hace unos años, las abejas se están extinguiendo. Las abejas no son la primera especie que se encuentra amenazada en nuestros días, ni será la última. Biólogos de todo el mundo alertan sobre la posibilidad de que nos encontremos inmersos en una gran extinción masiva. Históricamente, más de diez extinciones masivas han amenazado con borrar de la faz de la Tierra todo tipo de vida. Posiblemente, la más conocida se produjo hace 65 millones de años, cuando los dinosaurios cerraron sus ojos por última vez. Ya no es una

Abeja succionando néctar de una flor

posibilidad remota, ya no es un conjunto de pruebas circunstanciales. La extinción del Holoceno, período geológico en el que nos hallamos, ya cuenta con amplio reconocimiento por parte de la comunidad científica.

Solo quiero lanzarte una pregunta a ti, lector, ¿hace cuánto que no ves volar a una abeja? Puede que hayas sido afortunado y te hayas cruzado con alguna estos días de calor, pero lo cierto es que es un suceso cada vez más raro. En Estados Unidos, más del 90% de las colmenas han quedado despobladas. Las abejas que, en tiempos pasados, poblaban las colmenas americanas en grupos de decenas de miles, han desaparecido. En este país, donde las abejas producen un beneficio de más de 15.000 millones de dólares anuales, se han empezado a alquilar colmenas de abejas para polinizar los extensos campos de arándanos. En China, los agricultores han empezado a polinizar a mano sus árboles, ya que sus pequeños y alados trabajadores ya no están. Es un fenómeno mundial cuya repercusión, como veremos más adelante, podría ser catastrófica.

“Si morimos, os llevaremos con nosotras”

Se le denominó Problema de Colapso de Colonias al fenómeno del abandono sistemático de cientos de miles de abejas de sus hogares para no dejar rastro. ¿Adonde van las abejas? Las abejas son insectos sociales, esto quiere decir que viven en colonias formadas por una abeja reina, zánganos (machos fértiles que copulan con la reina) y obreras. Cuando una abeja enferma, abandona la colonia y muere en solitario para no infectar al resto de la colonia. Al principio, los apicultores no conocían el paradero de los cadáveres de las abejas hasta que, cuando el abandono fue masivo, se encontraron cientos de miles de cadáveres dispersos a varios metros a la redonda de la colmena. Estos valientes y altruistas insectos habían sido masacrados por una extraña patología.

Al tiempo que los agricultores de Norteamérica, China y Europa denunciaban el “Declive de las Abejas”, cientos de investigadores se pusieron manos a la obra, tratando de descubrir el foco de esta pandemia mundial. Después de meses de trabajo se identificaron varios sospechosos de este exterminio. Por una parte, un parásito de las abejas conocido como Varroa, un género de ácaros que producen enfermedades letales en las abejas. Por otra parte, un hongo conocido como Nosema apis que produce la nosemiasis, una grave dolencia. Por último, virulentos virus, la radiación de los teléfonos móvil, la desnutrición y los pesticidas neonicotinoides, de estos últimos hablaremos más adelante.

El problema de las abejas no es, como pueda pensar la mayoría de la población, un tema superfluo. Si las abejas desaparecen, más del 80% de la biodiversidad vegetal del planeta se encontrará en serio peligro. Toda esta masa de árboles, arbustos, selvas y bosques colapsará, provocando la extinción de todavía más animales. Si las abejas mueren, se llevarán con ellas a más del 90% de la biodiversidad del planeta. El impacto para la Humanidad sería devastador. A día de hoy, nuestra alimentación está basada en el trabajo de estos pequeños himenópteros. Pensemos en una frutería repleta hasta los topes de jugosa fruta: melocotones, manzanas, peras, tomates, higos, arándanos y naranjas. Todo esto puede desaparecer de la noche a la mañana, dejándonos solo con una poca diversidad alimenticia: plátanos, piñas y alguna verdura. Con el colapso de la agricultura se produciría una crisis económica a nivel mundial, de la que probablemente nos cueste varias décadas salir. ¿Sigues pensando que las abejas no son importantes?

Al posarse sobre las flores, las abejas quedan impregnadas de polen

Estos insectos sociales nos proporcionan, además miel y cera, dos productos indispensables. Su organización social es muy compleja, comunicándose mediante feromonas (un tipo especial de hormonas) y una serie de danzas muy peculiares, conocidas como “el lenguaje de las abejas”. En 1973, Karl R. von Frisch fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina o Fisiología por descifrar esta danza. Los mismos descubrimientos ya los habría hecho el eminente filósofo y científico Aristóteles en el 330 a.C. Los pasos, los giros, meneos y ademanes de las abejas son un lenguaje encriptado que les permite conocer la posición relativa de una fuente de alimento, de un lugar propicio para colonizar o alertar de un peligro al enjambre.

Las abejas poseen un diseño aerodinámico perfecto, esculpido tras 100 millones de años de evolución. El pelo, que recubre su tórax y parte de abdomen, sirve para transportar el polen de una flor a otra, ayudando a las plantas en su proceso reproductivo. En sus viajes, las abejas recogen un líquido denso y azucarado conocido como néctar, sirviéndose de este para alimentar a sus larvas y nutrirse ellas mismas. El único individuo de la colonia que pone huevos es la abeja reina. En épocas propicias, la abeja reina puede llegar a poner 500 huevos al día, siendo fecundada constantemente por los machos, denominados zánganos. Las abejas son alimentadas con miel y, en ocasiones especiales, con jalea real, sinónimo de que esa larva llegará a ser una reina cuando madure. Al eclosionar, esta joven princesa emigrará de su colonia junto a su nueva corte, poblando nuevos territorios y así expandiendo el imperio.

Los cadáveres de abejas se cuentan por millones en todo el mundo

Después de conocer el mundo de estos seres maravillosos cabe hacerse la pregunta definitiva, ¿qué está matando a las abejas? Muy bien, puede que recordéis que antes hemos hablado de los pesticidas neonicotinoides, unas sustancias químicas muy agresivas con los insectos que parasitan plantas. Estos compuestos matan a todo organismo que ose posarse encima del vegetal con el fin de conseguir alimento. Algunos de estos compuestos, como el imidacloprid, son letales en dosis bajas para la mayoría de insectos de los ecosistemas. La revista Science ha publicado, recientemente, un artículo en el que se relaciona este químico con la disminución de tamaño colmenar y poblacionar de himenópteros y demás insectos. De hecho, en algunos países se han empezado a prohibir, por ley, el uso de estos insecticidas, intentando solucionar el Problema de Colapso de Colonias. Alemania, Francia, Estados Unidos o Rusia son algunos de los múltiples países que han adoptado legislaciones pioneras para salvar a estos alados e incansables trabajadores.

La comercialización masiva de estos pesticidas no podía estar orquestada por nada más, ni nada menos que dos de las compañías privadas más destructivas del planeta: Monsanto y Syngenta. Una vez más, los intereses privados han podido más que la conservación del medio ambiente, esquilmando más especies en favor de los beneficios multimillonarios. Monsanto, que ya es famosa por su control tiránico en investigación transgénica, ha dado su siguiente paso: el exterminio de las abejas es una realidad incuestionable. En sus pesticidas, estas compañías usan productos que, después de ensayos científicos, se ha demostrado que son perjudiciales para el medio ambiente. Una vez más, dejar la investigación en manos privadas, supone un alto precio para todos.

En definitiva, quizás nuestros nietos no puedan disfrutar del mágico aleteo de una abeja obrera trabajando de sol a sol, recolectando néctar y polinizando flores. ¿Vamos a dejar que las abejas se extingan?¿Vamos a abandonarlas a su suerte? ¿Será el humano cómplice de la extinción masiva de nuestro tiempo? Quién sabe, quizás un día sea demasiado tarde para actuar, solo pudiendo lamentar la pérdida irreparable de estos hermosos y trabajadores, insectos sociales.

Para saber más:

Noticias sobre abejas:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/06/27/actualidad/1403882291_329326.html

http://www.abc.es/catalunya/barcelona/20140508/abci-extincion-abejas-afecta-produccion-201405081300.html

https://actualidad.rt.com/actualidad/198798-causa-mortalidad-abejas

Página de Greenpeace (campaña de Salvemos las Abejas):

http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Transgenicos/Abejas/

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Pontevedrés, residente en Santiago de Compostela. Estudiante de Biología en la USC, investigador en formación y amante de la ciencia.

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