El porqué de la desigualdad salarial entre hombres y mujeres

 

La desigualdad salarial entre hombres y mujeres por el mismo trabajo es uno de los elementos más preocupantes y que debe de ser erradicado cuanto antes si queremos vivir en una sociedad realmente igualitaria. Con este artículo, que no tiene carácter exhaustivo sino una simple intención divulgativa, trataré de exponer las que yo considero que son las causas de esta desigualdad salarial y apuntar a alguna posible solución.
Primero de todo, la desigualdad salarial en España es un hecho: los hombres cobran más. Las estadísticas publicadas por Eurostat en marzo de 2016 indican que hay una diferencia de un 18,8% entre la renta bruta media percibida por los hombres y la percibida por las mujeres.
Ante este hecho toca preguntarnos qué causa esta diferencia. La teoría económica convencional determina que, en general, el salario percibido será mayor cuanto mayor sea la productividad del trabajador. Por tanto, se podría entender que la diferencia salarial entre hombres y mujeres viene dada por las diferencias de productividad entre los dos grupos. Dicho de otra manera, los hombres son más productivos y por eso cobran más.
Pero Barbara Petrongolo, investigadora en la London School of Economics, y Claudia Olivetti, profesora en la Boston University, demostraron en un estudio publicado en 2008 que, en España, las mujeres que participaban en el mercado laboral eran más productivas que los hombres. Además, hay otros estudios, como los de Blau, Ferber y Winkler1, que estimaron que las mujeres de la muestra analizada ganaban un 80% de lo que ganaban los hombres. Si se igualaban las características productivas de ambos grupos, las mujeres seguían ganando un 10% menos que los hombres.
Por todo lo dicho, considero que la productividad no es, necesariamente, un elemento clave para entender la desigualdad salarial entre hombres y mujeres actualmente.
Creo que hay factores, como los que exponen Blau, Ferber y Winkler, que tienen una mayor capacidad explicativa. Los autores encontraron que era la experiencia laboral de los trabajadores lo que explicaba la mayor parte del diferencial de ingresos entre hombres y mujeres. Es decir, a mayor experiencia laboral mayor sueldo recibido.
Y de entre los varios elementos que pueden explicar que la experiencia laboral sea mayor en hombres que en mujeres me gustaría resaltar dos: cómo se distribuye el tiempo entre las varias tareas del día a día y el efecto de las bajas de maternidadpaternidad.
Para observar la distribución del tiempo diario podemos analizar la Encuesta de Uso del Tiempo, cuya versión más reciente fue publicada por el INE en 2010. En esta encuesta encontramos que el uso de tiempo dedicado a trabajo remunerado, de media por persona/día, es de 3:03 horas para los hombres y de 1:53 horas para las mujeres
mientras que el tiempo dedicado a las tareas domésticas es de 1:50 horas para los hombres y de 4:04 horas para las mujeres. Con estos datos en mano es evidente que los hombres, de media, terminan poseyendo una mayor experiencia laboral y que, como hemos explicado antes, es un buen factor explicativo de la desigualdad salarial.

 

Ante esta situación de reparto desigual del tiempo creo que es necesario acudir a los planteamientos de la economía feminista para revertir la situación: se debe tener muy presente el papel fundamental del trabajo doméstico no-remunerado como aquello donde se apoya el trabajo remunerado. Sin trabajo doméstico no hay trabajo remunerado y, dada la importancia del mismo, el trabajo no remunerado debe ser repartido equitativamente entre mujeres y hombres.
Dado que este planteamiento requiere de profundos cambios podemos empezar por otros elementos más fácilmente modificables pero que también tienen un importante papel en el desarrollo profesional de las mujeres: las bajas de maternidad. Como dice Sheryl Sandberg, una ejecutiva de Facebook: “When men announce they are about to have a child, they are simply congratulated; when women do, they are congratulated and then asked what they plan to do about work.”
Esta situación puede empezar a remediarse cambiando el modelo de las bajas de maternidad y paternidad existentes. En el caso español el permiso de paternidad tiene una duración máxima de dos semanas, que son de uso exclusivo para el padre e intransferible a la madre. Por su parte, el permiso de maternidad se concreta en dieciséis semanas. De éstas, las seis primeras son obligatorias para la madre, mientras que las otras diez pueden repartirse entre los dos progenitores. Pero los datos nos demuestran que en una gran mayoría son las madres las que acaban copando las diez semanas que pueden repartirse entre los progenitores.
¿Por qué es beneficioso que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales (16 semanas en el caso español) para ambos progenitores? Tal y como nos cuenta Lidia Farré, investigadora del IAE en un post en Nada es Gratis: “Además de aumentar la participación de los padres (hombres) en el cuidado de los hijos durante las primeras semanas, la extensión de los permisos de paternidad podría tener importantes implicaciones tanto en la esfera familiar como en la profesional. En primer lugar, las madres podrían reincorporarse al trabajo con más facilidad. En segundo, la existencia de permisos que si no son usados por “ellos” se pierden reduciría el estigma asociado a solicitar bajas por parte de los hombres para quedarse al cuidado de sus recién nacidos. En tercer lugar, disminuiría la discriminación estadística contra las mujeres: en presencia de permisos de paternidad no transferibles el empleador debería esperar que tanto un hombre como una mujer abandonaran temporalmente el puesto de trabajo tras el nacimiento de un hijo. En la esfera doméstica, los permisos de paternidad permitirían que la experiencia inicial de tener un hijo mucho más igualitaria para los dos progenitores. De esta manera padres y madres podrían desarrollar conocimientos sobre el cuidado de los hijos, desmontando los principios del modelo beckeriano en el que las madres se especializan en el trabajo doméstico no remunerado y los padres en el trabajo no-doméstico remunerado. Es decir, los permisos de paternidad no transferibles podrían alterar las normas sociales sobre la división del trabajo, acercándonos a un modelo en el que ambos progenitores tuvieran la misma posibilidad de elegir una carrera profesional completa (dual-earner, dual-carrer family model).”

 

En este aspecto debemos alegrarnos porque empiezan a cambiar cosas en el estado español: el Congreso aprobó hace unas semanas una iniciativa no-legislativa que incitaba al Gobierno a establecer el mismo permiso para madres y pares. ¡Desde estas líneas celebramos la propuesta y esperamos que el próximo paso ya tenga peso legal!

 

 

Referencias
1 Blau, Ferber, and Winkler; The Economics of Men, Women, and Work, 205

 

 

Artículo escrito por Enric Vila, estudiante de Economía en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (Sin votos aún)
Cargando…

Comentarios

Comentario

Comments are closed.