Es la hegemonía, estúpido

14585372_1147860065307142_1896449244_n

En este artículo trataremos los efectos sobre cómo la situación preponderante que la economía neoclásica, con su visión hegemónica de lo que es la economía, tiene en los grados de economía actuales: definiendo y perfilando los discursos mediáticos y sociales sobre economía y algunos casos donde esta situación es muy contraproducente. Antes de empezar, cabe constar que un análisis riguroso de estos efectos es una tarea inmensa. Ya que el artículo no tiene un propósito exhaustivo, esperamos generar debate y la reflexión en quienquiera que lo lea.

En lo que el análisis se refiere, nos gustaría estructurarlo en tres apartados diferenciados, pero con una cierta coherencia discursiva entre ellos. Primero de todo, cogiendo una “visión hegemónica” como concepto, analizar que entendemos por “visión”; seguidamente, como esta visión pasa a ser hegemónica; finalmente, un caso concreto del enorme peso que esta visión hegemónica ha tenido en la configuración de discurso mediático y popular sobre economía.

Cuando hablamos de visión, nos referimos a maneras de interpretar el mundo. Desde la economía, la interpretación de la realidad se hace mediante la modelización —normalmente, en lenguaje matemático— de esta realidad compleja e inabordable en realidades más abordables y fácilmente interpretables. Se parten unos supuestos determinados, se utilizan unas herramientas metodológicas concretas, se marcan unas variables de interés y se llegan a ciertas conclusiones. Sin embargo, estos supuestos pueden ser variados, así como aquellas variables de interés; por tanto, las visiones que se tienen son muy diferentes.

En el caso de la visión que se ha convertido hegemónica en los grados universitarios, sus supuestos son variados: agente representativo (se asume que todas las personas son iguales, por tanto, estudiando una es suficiente); racionalidad de los agentes (los participantes en la economía tienen información sobre todo lo que pasa en su entorno y se comportan en consecuencia); maximización de la utilidad de los diversos agentes, competencia e información perfecta; y, los que ahora nos parecen más relevantes, existencia de un equilibrio y linealidad de las variables estudiadas. Nos son de especial relevancia para explicar más fácilmente el caso concreto donde se ve el efecto de la hegemonía neoclásica. Después profundizaremos.

Ahora, nos centramos en el estado hegemónico que goza esta visión a nivel mediático. Dicha hegemonía a nivel mediático nace, primeramente, de una hegemonía académica para acabar convirtiéndose en una hegemonía a nivel de medios de comunicación.

Para explicar el proceso de creación de hegemonía académica, creemos que es muy clarificador hablar de lo que Tiago Mata, profesor en la UCL, ha clasificado como “La Batalla por Harvard”. Como nos cuenta Giorgios Kallis1, “En 1968, un grupo de jóvenes economistas radicales, producto de los disturbios políticos en los campus universitarios en los años 60 y del movimiento contra la guerra, llegaron a la disciplina. Organizados en la Union for Radical Political Economics, acusaron a sus colegas economistas de ignorar las cuestiones importantes y de ser instrumentales para el logro de los injustos finas de las élites.[…] La vanguardia del grupo radicaba en Harvard, donde los profesores no titulares Arthur McEwan, Samuel Bowles, Herbert Gintis y Thomas Weisskopf impartían un curso de nombre revelador: El sistema capitalista: conflicto y poder. Los profesores más veteranos de la facultad de Harvard consideraban que el curso era una desgracia. Pero eran todavía los años 60 y la economía aún no es era la Economía.

En los siguientes años, se desencadenó una campaña para erradicar a los jóvenes radicales de sus posiciones. Contrato tras contrato y puesto tras puesto, les fueron denegados, incluyendo a los cuatro citados de la Universidad de Harvard. Entre ellos, el caso más notable fue el de Sam Bowles, uno de los economistas más brillantes de su generación, tal y como su obra posterior ha confirmado. Su candidatura a un puesto fue rechazada por diecinueve votos contra cinco en 1973. Tuvo el apoyo de los miembros más prominentes del departamento, como Galbraith y el ya premio Nobel Wassily Leontief y Kenneth Arrow (que después también sería Nobel).

Hirschmann, un economista moderado, dejó Harvard amargado en 1974 para irse a Princeton y también se fue Leontief, en este caso a New York University, en 1975, después de estar en Harvard durante treinta años, como tutor de pesos pesados de la talla de Paul Samuelson y Robert Solow. Galbraith se retira en 1975, después de medio siglo en Harvard, y Arrow partió hacia la costa oeste. La negativa a dar un puesto a Bowles y la salida de Leontief, Galbraith, Hirschmann y Arrow pusieron fin a las célebres batallas en la facultad de Harvard entre moderados y conservadores, no solo sobre los puestos de profesor, sino también sobre la gobernanza de la Universidad y el papel de los estudiantes —batallas que habían llevado al departamento a un bloqueo a principios de los años 70—. Los jóvenes radicales no tuvieron la suerte de encima partidarios mayores, ya establecidos. Fueron relegados a universidades de menor prestigio, refugios radicales como la New School de Nueva York y la UMass en Amherst. La UMass ofreció a Bowles la oportunidad de crear un instituto y alojar a otros jóvenes radicales expulsados de Harvard, Yale y otros Lugares, entre ellos a los marxistas Stephen Resnick y Richard Wolff”.

Pero lo más interesante de la historia es que, aunque la American Economic Association no encontró pruebas de que la expulsión estuviera motivada por elementos políticos, la justificación que durante muchos años se dio desde la universidad es que se expulsaron a los radicales porque su investigación era demasiado política y poco científica. Ciertamente curioso. Pero, en definitiva, creemos que este ejemplo demuestra que no siempre las decisiones que se toman en la academia siguen criterios científicos o de mérito personal, sino que en el fondo se acaba marcando, con criterios puramente arbitrarios, como se quiere que sea la producción científica o la universidad en general.
Y, en el ámbito de la hegemonía mediática, el caso de los medios públicos en Cataluña en la forma en que se retransmite la economía es paradigmático. Consideramos que estos medios de comunicación faltan a su deber de dar una información plural y contrastada —cuando, en los monólogos de economía que retransmiten, la única pluralidad que se da es en el color de las americanas del economista estrella—. Por consiguiente, no existe una pluralidad real en las visiones defendidas y transmitidas a la ciudadanía.

Nos gustaría poner como caso concreto de esta visión hegemónica cuál era el estado de la macroeconomía académica los años previos en la crisis de 2008. Así creemos que será más fácil entender la sensación de optimismo que se vivía entre la sociedad donde se creía que todo iba bien y, que como vimos en 2008, no era así.

Como ejemplo relevante de esta sensación de optimismo que se respiraba sólo nos cabe citar el fragmento inicial del discurso que hizo Robert Lucas, premio Nobel de economía en 1995 y seguramente uno de los economistas contemporáneos más importantes. En el año 2003, en la American Economic Association, momento en el que le otorgaron la condición de presidente de la misma, Lucas defendía que la macroeconomía moderna en aquel momento había cumplido su gran objetivo: acabar con las depresiones económicas. Había logrado la estabilidad económica de una manera consistente. Creemos que la afirmación de Lucas nace de dos elementos: un histórico y un metodológico. El histórico es que en 2003 Estados Unidos (y la mayoría de los países desarrollados) se encontraban inmersos en la Gran Moderación, un periodo de bonanza económica (PIB creciente, desempleo e inflación estables a un nivel bajo, etc.) que extiende, para el caso de Estados Unidos, desde mediados de los ochenta hasta el año 2008. Por tanto, hacía casi 20 años que las economías desarrolladas no sufrían grandes fluctuaciones económicas y todo parecía funcionar. Pero hacer estas afirmaciones también se sustentan en un enfoque metodológico que toma la economía neoclásica.

Como hemos dicho anteriormente, dos de los grandes supuestos que se toman en la economía neoclásica son la existencia de equilibrio (por ejemplo, los mercados se vacían a un cierto precio) en la economía y la linealidad de las variables a estudiar. Sin embargo, este elemento se puede llegar a demostrar erróneo: la imposición de la linealidad en un sistema no lineal es un procedimiento válido solo si el equilibrio alrededor del cual se linealiza el modelo es estable. Pero el modelo canónico de los que se derivan los modelos DSGE (Dynamic Stochastic General Equilibrium Models; modelo estándar en la macroeconomía moderna), formulado por Ramsey en 1925 sobre la tasa de ahorro óptima en una economía, tiene un equilibrio inestable que es similar a la forma de silla de montar de un caballo. Imagínese que intentamos dejar caer una bola sobre una silla de montar de forma que no se deslice fuera. Imposible, ¿no?

El enfoque matemáticamente más válido es aceptar que, si los equilibrios del modelo son inestables, el modelo mostrará dinámicas far-from-equilibrium, en lugar de hacer oscilar las variables en torno a un equilibrio. Para ello, se han de entender y aplicar técnicas de análisis de sistemas complejos, los cuales son mucho más sofisticadas que las matemáticas que utilizan los economistas neoclásicos.

Como reconocía Oivier Blanchard, economista jefe del FMI, en 2014: “La forma de trabajar de los macroeconomistas estaba fuertemente influenciada por estos supuestos [equilibrio y linealidad]. Nosotros pensábamos que la economía tenía un componente más o menos lineal, sometido a constantes fluctuaciones, pero que siempre acababa tendiendo hacia un equilibrio estable “.

Resumiendo, viendo el estado de euforia en que se encontraba la macroeconomía académica mainstream antes de la crisis, y observando cómo se forman los consensos mediáticos sobre economía, no es de extrañar el estado de ilusión ficticio que gobiernos, instituciones y medios transmitían a la población.

El elemento preocupante de todo esto es que la crisis del 2008 se podría haber paliado antes ya que existían economistas heterodoxos (principalmente, Steve Keen y Wynne Godley) que años antes ya predecían la crisis financiera del 2008 mediante otros modelos económicos.

Wyne Godley, economista británico que fue director del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Cambridge y responsable del departamento de modelos macroeconómicos del Levy Economic Institute of Barnard College de Nueva York, pudo anticipar la crisis financiera del 2008 gracias al uso de modelos macroeconómicos consistentes que relacionaban las variables flujo y stock en la economía (stock-flow consistent approach, SFCA en inglés).

Estos modelos tienen varias características que los hacen extremadamente interesantes de analizar. Primeramente, estos modelos dan un peso muy importante en la parte contable de la economía; cada transacción que se produce en la economía requiere que se contabilicen cuatro movimientos contables por cada una. Dos de estos movimientos están relacionados con las compras y ventas de los diversos sectores (una compra implica una venta, por tanto, se deben contabilizar las dos) y los otros dos movimientos hacen referencia a los saldos financieros (ingresos y gastos) con el correspondiente cambio en la variable stock de los sectores implicados en la transacción. Dicho de otro modo, toda transacción “viene de algún lugar y algún lugar”. Este enfoque ya implica una diferencia importante con los modelos más ortodoxos: la integración en el modelado de la economía de los flujos reales y financieros.

Este enfoque lleva, de manera natural, a emplear las matrices de la contabilidad social (SAM en terminología anglosajona) para analizar las transacciones económicas. La matriz de los flujos de transacciones refleja tanto la contrapartida, como su financiación y la suma tanto por filas como por columnas siempre es cero. Además, la ecuación representativa del sector n está determinada por las n-1 anteriores, lo que, además de ahorrar un cálculo, permite asegurarse de que el modelo está bien especificado y articulado. De estas matrices, se deducen una serie de identidades contables, que garantizan que el modelo está bien especificado, y, también, una serie de ecuaciones de comportamiento, que siguen ciertas normas stock-flow, y son susceptibles de ser modeladas.

Las diferencias con los modelos DSGE, que como ya sabemos son los más usados en el análisis macroeconómico actual, son enormes. En los modelos DSGE, el producto potencial, determinado exclusivamente por elementos de oferta, marca el desarrollo de la economía y las posibles desviaciones entre producto potencial y producto real son corregidas mediante cambios en precios y salarios, sin tener en cuenta las identidades contables de la economía.

Otro elemento interesante de los modelos SFCM son los supuestos que toman para establecer las relaciones causales en la economía. Son varios, pero nos gustaría resaltar un par dado a la relación que tienen con las causas de la reciente crisis económica: reconocimiento explícito del dinero y su papel clave en la economía y la necesidad de modelizar los bancos y su relación con los diversos sectores de la economía.

Utilizando este enfoque, Wynne Godley y su equipo, desde su departamento al Levy Economics Institute, elaboraron sus informes de análisis estratégica que les permitieron demostrar la insostenibilidad del modelo de crecimiento basado en el endeudamiento del sector privado y que terminó estallando en la crisis financiera de 2008.

Con este artículo, hemos querido hacer patente la necesidad de que la visión de la economía que llega a la esfera pública sea monolítica. La economía es una ciencia social y, como tal, el debate y la diferencia de análisis sobre una situación concreta son inseparables de la propia concepción de ciencia. Necesitamos, como sociedad, que este debate se haga presente en el día a día público y también en la academia.


Referencias:

1. Kallis, G. “La batalla por Harvard o cómo la Economía se convirtió en la Economía” Revista de Economía Crítica, nº17

2. Para una mayor profundización en el tema y otras cuestiones de interés: http://www.debtdeflation.com/blogs/2016/08/13/the-need-for-pluralism-in-economics/

3. Garrido de la Morena, A. “El enfoque macroeconómico consistente de Wynne Godley. Una exposición” Revista de Economía Crítica, nº15

Artículo escrito por Enric Vila, estudiante de Economía en la Universitat Pompeu Fabra y miembro de Post Crash UPF.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (2 votos, media : 5,00 sobre 5)
Cargando…

Comentarios

Comentario

Comments are closed.