ESPAÑA Y SUS GUERRAS SUCIAS CONTRA ETA (II)

Esta es la segunda parte del artículo España y sus guerras sucias contra ETA. Si no has leído la primera parte haz clíck aquí.

 

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HOEDER: Tengo las manos sucias. Hasta los codos. Las he hundido en suciedad y sangre. Pero ¿qué esperas? ¿Piensas que puedes gobernar inocentemente?

Las manos sucias, Jean Paul Sartre.

Entre principios de 1981 y finales del año siguiente, la democracia española pasó del terror a la euforia. Sin embargo, la campaña de ETA durante este periodo no hizo sino exacerbar el extremismo en el seno de las Fuerzas Armadas, que en 1980 había sufrido grandes pérdidas, siendo registrados un total de treinta y dos miembros asesinados. Aunque lo cierto es que la lista de víctimas que más creció fue la de civiles, políticos, empresarios o paseantes que se encontraban en el lugar equivocado a la hora equivocada. Así, en la sociedad española se comenzó a hablar de la crisis crónica de la “seguridad pública”.

Mientras tanto, el partido que gobernaba, la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez había comenzado a desmoronarse y todo apuntaba a que los socialistas iban a ser los próximos en el poder. Ante tales circunstancias, en enero de 1981 Adolfo Suárez anunció su dimisión, la cual, a pesar de que él siempre lo negó, parece que fue debida a presiones del Ejército.  Su sucesor, Calvo Sotelo, se disponía a jurar cargo el 23 de febrero cuando estalló un golpe de Estado liderado por el teniente coronel Antonio Tejero. Después de este acontecimiento, que es conocido como la noche más larga de la historia reciente de España –cuyo desenlace conocemos todos-, se inició el nuevo gobierno de Calvo Sotelo, el cual impulsará dos medidas muy relevantes. En primer lugar, certificó el ingreso de España en la OTAN (decisión extremadamente impopular entre la población española) y, por otro lado, promulgó una polémica ley, respaldada por los socialistas, que pretendía disminuir las competencias autonómicas que se habían concedido a vascos y catalanes pocos años atrás -algo que, como cabe esperar, iba a tener una fuerte repercusión en la población vasca-. Sin embargo, Calvo Sotelo no puso obstáculos en la negociación del proceso de reinserción social con el cual lograba que un sector de la rama política-militar de ETA (ETAp-m) abandonase la lucha armada a cambio de la excarcelación de sus prisioneros y del regreso a Euskadi de sus exiliados. Este proceso dejó la lucha armada prácticamente en manos de la rama únicamente militar de ETA (ETA(m)).

Es importante señalar que lo cierto es que durante el mandato de Calvo Sotelo el índice de víctimas bajó en dos tercios y que, además, la guerra sucia cesó casi al tiempo que él llegaba al poder. De hecho, la ausencia de actividad de los Escuadrones de la Muerte durante su gobierno es uno de los mejores argumentos para refutar el mantra de los socialistas acerca de que el GAL fue un legado directo de la UCD. Pese a todo, la falta de carisma de Calvo Sotelo y la creciente desintegración de la USD eran inminentes y, en consecuencia, en octubre de 1982 el Partido Socialista Español (PSOE) se hizo con el poder. Felipe González consiguió con su habilidad política acercar el PSOE al centro y abandonar la línea marxista que había tenido en sus orígenes. Así, el PSOE se mostraba como el partido de la modernidad y símbolo del fin de la transición democrática.

El frustrado golpe de estado y la ofensiva de ETA supusieron que el nombramiento del responsable del Ministerio de Interior fuese un tema crucial en la llegada del equipo de González.  Y aunque todo apuntaba a que el responsable del cargo sería Carlos Sanjuán, finalmente Felipe González se decantó por José Barrionuevo. Barrionuevo, que había sido teniente de alcalde de Madrid y responsable de la Policía Municipal, suscitaba cierta controversia dados sus orígenes ideológicos de derechas -había militado en un sindicato estudiantil franquista- y la tendencia que compartía con Rafael Vera -miembro de mayor rango de su equipo en el Ayuntamiento de Madrid-, de apoyar las acciones de la policía contra los ciudadanos.

Pese a la necesaria reforma de las fuerzas policiales, Barrionuevo y Vera no mostraron el menor afán reformista.  El PSOE se equivocaba al pensar que el cambio político iba a hacer que ETA les dejase tomar un respiro: una semana después de la victoria electoral de los socialistas, el grupo terrorista asesinó a Lago Román, miembro de las Fuerzas Armadas. Durante el resto del primer año de gobierno socialista, la ofensiva de ETA prosiguió a un ritmo similar al de los años anteriores y el PSOE decidió responder a esta violencia con el llamado Plan ZEN (Zona Especial Norte).

El Plan ZEN se inició en febrero de 1983 y consistía en una versión disfrazada de un documento redactado por sus predecesores en el gobierno que recogía tanto propuestas de guerra psicológica como el refuerzo de los recursos militares de las fuerzas de seguridad.  Pero lo cierto es que, con la fórmula “acción-represión-acción”, lo único que logró fue intensificar la vieja atmósfera de ocupación en Euskadi.

Por otro lado, junto con el hecho de que ETA continuaba con su campaña de violencia, el PSOE se encontró con una nueva decepción: inicialmente Francia no parecía dispuesta a ayudar a España con la lucha antiterrorista. Esto sin duda fue una de las semillas que generarían el GAL. El gobierno socialista parecía trabajar solo y mal y estaba convencido de que lo que había que hacer era llevar a cabo un cambio de estrategia. En relación con esto, en diciembre de 1982 Barrionuevo se referirá al tipo de cambio que deseaba llevar el Ministerio de Interior en la guerra contra ETA del siguiente modo: ‹‹No sería un mal cambio que dejen de morir policías, aunque muera algún terrorista››.

El acontecimiento que va a marcar el inicio de la actividad de los GAL va a ser el secuestro y asesinato de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala en octubre de 1983, así como el secuestro de un ciudadano hispano-francés -Segundo Marey- en diciembre de ese mismo año en Hendaya. En lo que respecta a éste último, el GAL lo confundió con el presunto etarra Mike Lujúa. Una hora después del secuestro del inocente es detenido el sospechoso Pedro Sánchez, quien morirá en prisión presuntamente envenenado. Los responsables del caso Murey habían sido Talbi Mohand y Jean-Pierre Echalier,  juzgados y condenados a 12 y 8 años de prisión respectivamente.  Las declaraciones de estos dos miembros del GAL convierten en evidentes las implicaciones del Estado español, puesto que ambos aseguran que en cuanto se dieron cuenta de la confusión , entregaron a Marey a policías españoles en Dancharinea tras haber realizado una llamada a dos “teléfonos de urgencias” que correspondían al Gobierno Militar de Vizcaya y a la Jefatura Superior de Policía. En ese mismo año se celebrarán  hasta tres acciones más por parte del GAL: el intento de secuestro de José María Larrtezea; el asesinato del presunto militante de ETA Ramón Oñaederra Vergara (“Kattu”) en Bayona y el asesinato de Mikel Goikoetxea (“Txapelea”).

A estas muestras de violencia se les sumarán doce más en el año siguiente y otras diecisiete en 1985, entre las cuales una será  especialmente destacada por ser el más sangriento de todos los cometidos: el ametrallamiento al bar Monbar en Bayona. En este atentado fueron asesinados cuatro miembros de ETA y resulta herido un ciudadano francés llamado Jean Iriarte.

1986 será el último año en el que el GAL resulte activo. En este periodo se producirá el 8 de febrero el ametrallamiento del bar Batxaxi y resultarán heridos el etarra Frederic Haramburre, José Cau, Juan Luis Zabalet Elosegui, Carmen Ortegui y dos niñas, Nagore Otegui y Anitze Zabaleta. Finalmente el 17 de febrero se realizan los últimos asesinatos del GAL,  siendo asesinados Christophe Matxicote y Catherine Brion, los cuales no tenían ninguna vinculación con ETA ni con su entorno.

 

¿Quién es el señor X?

La especulación en torno al grado de conocimiento y participación del gobierno en las actuaciones ilegales del GAL jugaron un factor determinante en la derrota del PSOE durante las elecciones generales españolas de 1996, tras las que González renunció al liderazgo del partido. El propio González ha sido acusado de estar tras la misteriosa figura del Señor X -nombre con el que se refieren los medios de comunicación al hipotético dirigente del entramado GAL, cuya identidad real no ha trascendido-. En relación con esto, el ex-Presidente del Gobierno siempre ha declarado que se enteró del tema de los GAL a través de la prensa. Así, el PSOE siempre ha negado toda la responsabilidad respecto a los GAL, aunque lo cierto es que nunca se ha dejado de cuestionar si sus declaraciones son ciertas o no. De hecho, el 4 de abril de 2011, Amedo, el subdirector de policía condenado en 1991 a 108 años de prisión por los atentados de los bares “Batzoki” y “Consolation” en febrero de 1986. culpó a Felipe González de ser el Señor X. “La decisión de actuar en Francia no fue policial -declaró el ex policía- sino exclusivamente política. Fue una decisión de Felipe Gónzalez, el señor José Barrionuevo y el señor Julián Sancristobal”. Así, Amenedo explicaba que las acciones de los GAL se realizaron para presionar a Francia por su falta de colaboración en la lucha contra ETA y que todo se había hecho con la anudencia y el consentimiento de José María Benegas, (actualmente diputado del PSOE), de Ricardo García Damborenea (ex-Secretario General de los socialistas en Vizcaya) y de Ramón Jáuregui (actuallmente diputado socialista).

 

Lo que revelan los GAL de la democracia española

El escándalo de los GAL consiguió lo que ETA pretendía: sembrar dudas acerca del éxito de la Transición Española. Se debe tener en cuenta que los GAL no solo fueron una organización que llevó a cabo una guerra sucia contra ETA, sino que también se presentó como una obstrucción persistente por parte de los líderes del PSOE de todos los intentos de investigar lo ocurrido. Además, esto último ha sido acompañado repetidamente de una tendencia a justificar el tipo de terrorismo de Estado que al principio los socialistas negaron que hubiera existido bajo los gobiernos de González.  La justificación más empleada por el PSOE siempre ha sido la de que los socialistas habían heredado todo el aparato de seguridad de la dictadura. Sin embargo, el error de no haber eliminado ese aparato compuesto por funcionarios antidemocráticos y partidarios de la guerra sucia tiene que ser entendida como una responsabilidad del propio partido y de ningún modo ajeno al mismo.

En lo que a Euskadi respecta, el caso GAL produjo un gran impacto en la sociedad vasca y especialmente en la generación que no había vivido la época del franquismo. La guerra sucia de los socialistas proporcionó un argumento crucial para la tesis de los nacionalistas vascos, quienes argumentaban en base a los hechos sucedidos que casi nada había cambiado desde la muerte de Franco y que la democracia española no era sino una máscara. Así, Patxo Unzuela explica que ‹‹la actividad de los GAL fue utilizada por los propagandistas de ETA como prueba de las violencias simétricas››, argumento que, pese a todo, cae por sí solo en tanto que la organización terrorista continúa su actividad tras la desaparición de los GAL. Sin embargo, es innegable que con la guerra sucia de la década de los 80  -junto con la resolución judicial y su repercusión en los medios de comunicación en los 90- la reproducción generacional del nacionalismo vasco era totalmente comprensible. De este modo, las consecuencias de los GAL acabaron derivando en un efecto desestabilizador del sistema democrático y catalizador de nuevas adhesiones a ETA.

Llegados a este punto, creo que cabe trasladar este tema al terreno de la filosofía política para cuestionar algo fundamental: ¿qué resulta más denigrante: la existencia de organizaciones terroristas o la existencia del terrorismo de Estado? Acerca de esta cuestión me gustaría recurrir de nuevo a las palabras de Patxo Unzueta quien piensa que el terrorismo, a pesar de los grandes males que causa, ‹‹no es capaz generalmente de poner en cuestión el Estado democrático; mientras que una política antiterrorista ilegal provoca la liquidación de las libertades e instituciones democráticas››.  El resultado de la violencia de los GAL han sido 27 asesinatos amparados por la máxima garantía de la democracia: el Estado.

Lo vivido durante esos años debería habernos prevenido de que aquello que dicen hacer para salvar nuestros valores democráticos es a veces lo que cimienta su desaparición. Debería habernos hecho leer los muertos que no son los nuestros con unas gafas diferentes: y es que la violencia de Estado es todavía más consentida en tanto que sale de sus fronteras. En vista de las circunstancias solo queda esperar que no sea esta vez la conciencia tan impuntual como acostumbra.

 

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Nací en el Portonovo del 1996 y lo que escribo es, probablemente, patológico.

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