Gervasio Sánchez : “En algunas ocasiones es mucho más valiente no hacer una fotografía”

Hay un problema con las miradas y es que algunas están llenas de olor a carne quemada. Hay uno mayor: somos ciegos ante ellas. Durante años, Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) ha dedicado su labor periodística a fotografiar y documentar la vida de quienes han vivido o viven bajo la orden del miedo, la violencia y el caos de un conflicto. El drama de los desaparecidos, las víctimas de las minas antipersona o la realidad de las mujeres en Afganistán son líneas de las que se ha servido para poner rostro a todos esos problemas que aun hoy consideramos demasiado ajenos. En un parque de Santiago de Compostela, conversamos de su experiencia en zonas de conflicto. Al llegar nos dice que suele aceptar muchas entrevistas. “Leguineche me dijo una vez que llegaría el día que dejaría de conceder tantas”, confiesa. Por ironías de la vida, Gervasio nos concedió dos: en efecto, nunca sabes cuándo te va a fallar la grabadora.

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The21: ¿Una buena fotografía sirve para cambiar las cosas o solo para remover conciencias durante unos minutos?

Una buena fotografía es difícil que vaya a cambiar las cosas, en todo caso lograría algo con muchas fotografías juntas sobre un acontecimiento. Una fotografía buena puede convertirse en un icono de una historia, de una cobertura…Cuando uno recuerda qué fotos fueron las más conocidas de la Guerra de Vietnam pues siempre aparecen una serie de imágenes en tu cabeza que están por encima del resto y posiblemente, por aquel entonces, cuando se publicaron tuvieron un gran impacto. Aun así, por desgracia las cosas no cambian por una fotografía. Pueden tener cierto impacto en las posiciones de algunos gobiernos, pueden contribuir para que haya una implicación mayor por parte de organizaciones internacionales para paliar el hambre o en situaciones de catástrofes humanitarias, pero el cambio difícilmente será significativo.

Conozco a fotógrafos que han hecho coberturas potentes como es el caso de Salgado en la gran catástrofe humanitaria que hubo en Sahel en los años 80. Su trabajo supuso un cambio en la percepción por parte de los gobiernos y los ciudadanos y posiblemente las decisiones políticas que se tomaron fueron en parte gracias a la sensibilización que causó su trabajo. Existen también fotografías como las tomadas por James Nachtwey en Somalia que ayudaron a impulsar la implicación de Estados Unidos en el conflicto. Pero, en general, creo que una imagen más bien lo que produce es un debate rápido tras el que todo se diluye: llegan otras imágenes, llegan otras historias y al final todo queda olvidado. Puede que este sea un discurso un poco pesimista, pero es lo que he ido descubriendo a medida que he ido evolucionando en mi trabajo.

The21: Ramón Lobo dijo en una ocasión que tus fotografías son como un puñetazo sobre la mesa. ¿Para transmitir esta sensación, debe un fotoperiodista superponer las emociones de la gente que retrata a la propia técnica?

Siempre digo que técnicamente no soy una maravilla, de hecho nunca hice un curso de fotografía, con lo cual todo lo que aprendí fue sobre la marcha y cometiendo muchísimos errores. Aprender cometiendo errores creo que es muy justo y además sirve para mejorar y no caer en la tentación de creer que lo sabes todo cuando apenas has empezado. Yo lo que hago son trabajos en los que trato de documentar lo que ocurre buscando narrativas diferentes. Hay una tendencia a contar las cosas de un modo superficial, retratando lo más evidente de los conflictos: los muertos, los heridos, los combates…Es cierto que he fotografiado esas situaciones, pero cuando me planteo hacer algo más en profundidad sobre un conflicto como la búsqueda de los desaparecidos tras una guerra, las víctimas de las minas antipersona o la situación de las mujeres en Afganistán intento pensar en cómo lo podría presentar para cambiar la percepción de la gente a través de mis imágenes, para conseguir que no se queden en la mera superficie del problema contando lo mismo que cuentan los demás. Muchas cosas están ya dichas, por eso lo interesante es centrarse en el punto de vista. Contar algo de un modo distinto puede servir para trastocar la percepción de los ciudadanos e incluso para conseguir que tu trabajo es un puñetazo sobre la mesa.

The21: Pero pese a todo, lo que capta la atención del público son las fotografías que tienden al puro morbosismo.

Sí, muchas veces el público lo que le interesa es lo morboso. Ayer mismo se produjeron unos atentados y pudimos comprobar el impacto emocional que tuvo la muerte de una persona en Francia. Todo el mundo habla de lo ocurrido, pero no lo hizo cuando esto mismo ocurría en otras partes del mundo o cuando ocurre ahora. Solamente nos impactamos cuando las desgracias ocurren en nuestras propias fronteras.

El ébola es un claro ejemplo de esto: cuando miles de personas morían en África a cause del ébola nadie se interesaba por lo que estaba ocurriendo allí. Sin embargo, cuando se descubrió el caso de un misionero español infectado se montó un debate gigante y verdaderamente obsceno. Los medios de comunicación, los médicos y los políticos se dedicaron a hace puro espectáculo de esta historia. Los medios hicieron énfasis en el puro morbo para vender. Los médicos –y con esto no me refiero a los médicos que estaban trabajando el tema, sino a sus portavoces, directivos…- también presentaron un escenario de gran confusión como si fuesen los salvadores del mundo. Esto ocurre porque hay una mala información. Los medios de comunicación no hacen bien su trabajo y es muy fácil manipular a una sociedad poco o mal informada.

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The21: Hace unos años, a raíz del accidente de tren de Santiago de Compostela se levantaron muchas críticas con respecto a las fotos de los cadáveres de las víctimas o de los familiares llorando. ¿Por qué nos parece una falta de respeto fotografiar sangre e invadir la intimidad de aquellos que han perdido a su familia en nuestro país y, sin embargo, nos parece lógico que se tomen fotografías de este tipo en otros lugares como Gaza, Siria o Irak?

Este es un tema que hemos debatido mucho estos días en Santiago y se trata de qué se debe garantizar, el derecho a la intimidad o el derecho a la información. Aquí tenemos un problema grave porque si garantizamos en su totalidad el derecho a la intimidad, prácticamente nada se podría fotografiar. Planteémoslo de esta manera: no fotografiemos nada, no fotografiemos lo que ocurre en Irak, en Siria, en Gaza, lo que pasa ahora mismo en Túnez, Francia…No fotografiemos cualquier lugar en el que se produzca una guerra o atentado. El derecho a la intimidad, si se aplica de una manera rigurosa, puede dañar con seriedad a otro derecho fundamental que es el de la información, el derecho de saber qué está ocurriendo.

Ciertamente, cuando nos ponen delante unas imágenes terribles de una desgracia que ocurre en Filipinas, nadie se queja porque es algo muy alejado de nuestra realidad. Pero si mostramos fotografías de un accidente de Santiago reaccionamos porque los protagonistas son más próximos a nosotros. Es un debate difícil de solucionar. Yo lo que creo es que hay fotografías que se publican y cuentan mucho y otras que apenas aportan nada. Y en la mayoría de los casos, las fotografías morbosas se encuentran entre éstas últimas.

Quizás se debería buscar el equilibro entre ambas partes, pero si comenzamos a fijarnos límites como, por ejemplo, mantener una distancia de dos metros con respecto a quienes fotografiamos, estamos hiriendo de muerte al derecho de información. Y de hecho, si por encima de todo está el derecho a la intimidad, muchas de las fotografías que he hecho a lo largo de mi vida no habrían existido. Evidentemente, en los proyectos fotográficos que he hecho en profundidad yo no me he dedicado a robar fotografías. En estos trabajos siempre he tratado de hablar con los protagonistas y contarles qué estaba haciendo. Por ejemplo, cuando quiero documentar cómo se produce una entrega de cuerpos de personas desaparecidas, quiero hablar con los familiares y decirles para qué estoy allí y cuál es mi trabajo. Si llego a un hospital y quiero documentar la realidad de quienes han sido víctimas de minas antipersona o bombardeos, voy a intentar hablar con esas víctimas y explicarles lo que hago. Ahora bien, si en ese mismo hospital de pronto ocurre una emergencia y llegan veinte heridos, voy a hacer fotografías, no puedo preguntar; si lo hago, ya no tomo la fotografía.

Hay que decir que en la profesión hay muchos fotógrafos que trabajan con sumo respeto en este tipo de situaciones -por ejemplo, utilizando distancias focales que no molesten a las personas o que no resulten una provocación para las mismas- y otros que se meten muy encima porque lo único que les importa es su fotografía o una declaración televisiva. Se trata de situaciones y debates muy complejos y como fotógrafo tienes que saber que a veces es mucho más valiente no hacer una fotografía y no golpear todavía más a personas que están sufriendo.

The21: Una de tus reflexiones acerca de los conflictos en los que has estado es que el verdadero horror es el de quienes los sobreviven.

Pienso que, al final, los muertos son el menor problema de una guerra. Una persona muere y se entierra. A mí lo que me ha interesado documentar en los conflictos en los que he estado es qué pasa con los vivos: cómo se defienden de la guerra, cómo se defienden del desastre, del miedo, de la psicosis, cómo intentan sobrevivir en medio de bombardeos, cómo es la vida de alguien que se ha quedado sin sus dos piernas, cómo muchos niños intentan ir al colegio sin que los maten…Es muy importante tener en cuenta todo esto a la hora de valorar quiénes son los protagonistas o dónde poner el punto de vista de tu trabajo en zonas de conflicto. Evidentemente, lo que ha ocurrido con los muertos se debe contar como una forma de demostrar hasta dónde pueden llegar la conducta humana y la violencia de una guerra. Cualquier muerto que es víctima de una guerra es una persona que deja una historia inconclusa y existe una responsabilidad por parte de todos. Aunque creamos que la guerra que existe en estos momentos en Siria no tiene nada que ver con nosotros, hay conductas internacionales que nos implican a todos en este tipo de conflictos y por eso tenemos que entender que cualquier guerra es un fracaso de todos y no solamente de los que combaten o mueren sobre el terreno.

The21: En lo que respecta a las fosas comunes…


La guerra no acaba cuando Wikipedia dice, acaba cuando sus consecuencias se superan. El próximo 15 de diciembre se cumplen veinte años del fin oficial de la guerra de Bosnia. Desde el punto de vista oficial esa es la fecha en la que se pone fin al conflicto, desde el mío eso es falso. La guerra de Bosnia no acabó entonces, acabará el día que todos los desaparecidos sean localizados, sumados, identificados y entregados a sus familias. Y actualmente, en pleno 2015 todavía se siguen buscando a personas desaparecidas.

Desde el año 2003, cada 11 de julio se realiza una entrega de cuerpos en Srebrenica, en conmemoración de la masacre que se produjo en ese mismo lugar el 11 de julio del 95. El número de desaparecidos de esa zona son entre 8300 y 8500. Se han entregado alrededor de 6500 cuerpos a sus familias. ¿Que cuándo acaba la guerra de Bosnia? Cuando consigan decir que se han sumado todos los cuerpos, que se han identificado y que se han enterrado. Ese día posiblemente se pueda decir que esta guerra ha terminado.

The21: En base a eso, ¿se puede decir que en España falta un punto y final para la Guerra Civil?

Evidentemente. Los desaparecidos son el mayor drama de una guerra. Es sencillo: los muertos se entierran, los heridos se curan, las paredes derribadas se reconstruyen, los casos de estrés postraumático se tratan…Olvidar y obviar el drama de los desaparecidos, por un lado, pisotea los derechos y la dignidad de sus familiares y por otro, evita que las heridas de la guerra se cierren y que sus consecuencias se extiendan durante décadas. Eso es lo que ha pasado en España. Si los políticos de los años 80 hubieran sido valientes, y no cobardes como han sido, se habría actuado. Los llamados padres de la transición, aunque se presenten ante el público como los generadores de un cambio entre el franquismo y la democracia, fueron unos cobardes. Nunca prestaron atención a este problema y si durante esos primeros años de la democracia se habló de ello en alguna ocasión, alguien tuvo que decidir que era un tema que no se debía tocar y ahí se quedó. Y yo puedo entender que a finales de los 70 la muerte de Franco estaba muy reciente y que había asuntos más graves que solucionar pero, a finales de los ochenta y principios de los noventa tendría que haberse hecho algo. El gobierno de aquella época, el de Felipe González y Alfonso Guerra, tendría que haber planteado reunir a todo la clase política española, incluidos los sectores más involucionistas o conservadores, y planificar un proyecto serio y en profundidad para solucionar este problema.

En 2015 estamos a punto de alcanzar los cuarenta años de la muerte de Franco y sigue sin haber un proyecto serio. La Ley de Memoria Histórica realizada por Zapatero en el 2007 ha sido una ley fallida y que además ha provocado un montón de problemas. Si se hiciera un balance serio y se pusiera una lupa sobre qué ha ocurrido con el dinero, posiblemente encontrásemos más de un escándalo. Fue una ley que, además, sirvió para exhumar personas pero no para identificarlas porque ni siquiera se hizo un banco sanguíneo o de ADN para comparar el de las víctimas con el de sus familiares. La cobardía de la totalidad de la clase política ha impedido una solución a este problema en España. Y esto es gravísimo desde todos los puntos de vista, sobre todo porque el paso del tiempo es irremediable en este tipo de temas.

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The21: Con respecto a tu experiencia en Sierra Leona, tú te implicaste en el proyecto de Chema Caballero para rehabilitar a niños soldados ¿Cómo fue esta experiencia?

A mí las palabras implicación o compromiso me hacen mucha gracia. Yo soy periodista y para mí el Periodismo significa compromiso e implicarte en la historia que estás tratando. Cuando hay que reforzar el curriculum de un periodista con palabras como compromiso o implicación es que algo falla. Yo cuando veo una historia que me interesa lo que hago es intentar documentarla lo mejor posible y sé que para documentar una historia tienes que volver a sus escenarios muchas veces y eso fue lo que hice en Sierra Leona.

En 1999, horas antes de marcharme de Sierra Leona, me enteré en el mismo aeropuerto de un proyecto de rehabilitación de niños soldado que dirigía un misionero español. Cuando regresé me planteé la posibilidad de quedarme una temporada en el lugar donde Chema Caballero dirigía su iniciativa. Entonces empecé a documentar la historia de los niños soldado y en mayo del 2000 publiqué un gran reportaje en la revista Tiempo, que era un medio que por aquel entonces apostaba por trabajos de largo aliento. Entonces ya era más fácil publicar un reportaje de este tipo en Tiempo que en un diario como El País, con el que, por cierto, yo colaboraba. En El País ya comenzaba a haber gente dentro a la que no le interesaban para nada ese tipo de temas. A mí el tema de los niños soldado me parecía muy importante y si quería seguir trabajando en él tenía que volver a Sierra Leona, así que planifique con Chema Caballero una serie de viajes que entre los años 2000 y 2004. Publiqué primero un libro literario que se llama Salvar a los niños soldado (2004) y luego uno fotográfico llamado Sierra Leona: Guerra y Paz (2005).

The21: ¿Y cómo es la mirada de esos niños que han sido víctimas y verdugos al mismo tiempo?

En un país como Sierra Leona, salir de una guerra y tener la oportunidad de formar parte de un proyecto de rehabilitación que te va a permitir dejar las armas, las drogas, convertirte en un ciudadano y conseguir un proyecto de vida es increíble. Muchos de estos niños habían sido reclutados forzosamente y convertidos en máquinas de matar por las buenas o por las malas. Quienes se negaban a matar, morían y por mi experiencia en la guerra, hay muy poca gente que prefiera morir antes que matar. La mayor parte de la gente mata antes de morir, lo he visto en todas partes: en una guerra, héroes hay muy pocos. Con este proyecto, niños que habían sido obligados a hacer cosas tan brutales bajo los efectos de las drogas o de la manipulación tenían la oportunidad de encontrar una salida. Hay que tener en cuenta que para que un proyecto así funcione tiene que contar con los profesionales ideales y si aún por encima éstos son del país, conocen los hechos y forman parte de lo que ocurre o lo han sufrido en sus propias carnes es mucho más fácil que funcione que si se hace con extranjeros. Hay un error garrafal en creer que porque vengan psicólogos de otro país se van a solucionar los problemas de niños de una cultura que está tan distanciada a la suya. Por eso el proyecto de Chema Caballero funcionó, porque se construyó con trabajadores locales. De hecho, los únicos extranjeros eran él y otra misionera.

Yo pienso que la mirada de un niño que deja las armas y que dos semanas después está jugando al fútbol, bañándose en la playa, recibiendo una comida decente y que tiene un lugar digno donde dormir es la mirada de la vida.

The21: El retrato de la realidad de Adis es muy destacada en tu trabajo. ¿Fue una historia que pasó del plano profesional al emocional?

Cuando conocí a Adis en el Hospital de Sarajevo en marzo de 1996 ya había hecho algunos reportajes sobre el impacto de las minas antipersona sobre la población civil en Angola y en Camboya. Cuando volví a Sarajevo en el 96, iba acompañando al equipo que iba a realizar la película Territorio Comanche (1996). Tras una semana de viaje por diferentes escenarios de la guerra, todos los del equipo se marcharon y yo decidí quedarme unos cuantos días más. Lo primero que hice fue ir a un hospital para visitar a víctimas de minas. Allí, un doctor al que ya conocía perfectamente me dijo: “ayer llego un niño al hospital, no sé si ha sobrevivido porque estaba muy grave. Acércate”. Fui para allá y encontré a Adis en un estado horrible, pero vivo.

Una vez que volví a España, con lo que había fotografiado en Angola, Camboya y Bosnia me puse en contacto con las siete ONGs que formaban parte de la campaña española contra los campos de minas (entre ellas Médicos Sin Fronteras, Intermon Ofxfam y Manos Unidas) y les planteamos hacer un proyecto que sirviese para denunciar el tema. Estas organizaciones aceptaron y comenzamos a trabajar en ello. Fue precisamente esa forma de trabajar a largo plazo, volviendo a los sitios y siguiendo las historias, la que planteé como la manera de trabajar que yo debía seguir. Me di cuenta de que esas historias valía la pena continuarlas y por eso fui regresando a los lugares en donde había conocido no solamente a Adis, sino a Sofía en Mozambique, a la que conocí con trece años y que ahora ya tiene dos hijos; Sokheum Man, a quien fotografié antes de que le amputasen la pierna derecha en un hospital de Camboya; una mujer en Angola que había perdido una de sus piernas y a dos de sus hijos en una explosión; Manuel Orellana en El Salvador; Agustino Pérez en Nicaragua y muchas otras personas con las que me fui encontrando por el camino forman parte de mis vivencias. Al final, todo esto consigue involucrarte en las vidas de tus protagonistas, mejora tu propia condición humana y, por otro lado, te permite contar mejores historias. Sería absurdo dejarlas a un lado y no hacerlas por no saber relacionarte con las personas o por no estar dispuesto a pasar el tiempo necesario junto  a ellas.

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The21: ¿Regresar acompañado de tu familia a lugares en los que has trabajado ha sido una forma de superar las situaciones vividas en esas zonas de conflicto?

Es complicado explicar a gente cercana lo que ocurre en lugares como en los que yo he estado. Entre otras cosas porque darles mucha información es peligroso en todos los sentidos: si saben demasiado sobre lo que está pasando y decides volver a esos escenarios, obviamente se van a preocupar. A veces lo mejor es evitar dar muchas explicaciones, aunque evidentemente esas personas saben que se trata de zonas de guerra en las que ocurren cosas muy graves y que si tú estás en ellas te expones a ser la siguiente víctima, eso está claro. De hecho, muchos compañeros han muerto en zonas de conflicto y que si se hubiesen quedado en casa seguirían vivos.

Hay que saber buscar la forma de que entiendan tu trabajo y por eso en algunas ocasiones he regresado con mi familia a lugares en los que había trabajado, porque creía que era importante mostrarles que yo no me marchaba de mi casa como si esto se tratase de una aventura. De hecho, siempre digo que para mí el peor momento de una cobertura es darle al cero en el ascensor. Es decir, yo no huyo de mi casa o de una vida hecha trizas en donde me aburro o no hago nada que me interese. Tengo una vida con mi familia y estoy muy a gusto en mi casa y sé que cuando me voy a un sitio determinado lo que me voy a encontrar es una situación de caos absoluto, que voy a tener que trabajar muchísimo y que es peligroso. Por eso digo que el peor momento consiste en darle al cero.

Poder mostrarle a tu familia los que hasta hace poco eran niños soldado y ver que tu hijo con seis años se queda dormido en las rodillas de uno de ellos y conoce su historia a mí me reconforta. Cuando viajamos a Bosnia en el año 2002 recuerdo que mi mujer me dijo: “ahora entiendo mejor por qué has venido aquí tantas veces”.

The21: Siempre se suele elogiar la cobertura de la guerra de los Balcanes. ¿Qué diferencia había entre el periodismo en zonas de conflicto que se hacía entonces y el que se hace ahora?

Se elogia lo que ya no se va a volver a repetir. Y hablamos de periodismo español. En España hemos pasado de tener un buen periodismo en los ochenta y principios de los noventa a tener un mal periodismo. Y hablo en general y sin referirme a los periodistas, la mayoría de éstos creo que intentan hacer bien su trabajo y lo hacen cuando les dejan. El problema es que en la estructura de mando de los medios hay gente que ha escalado posiciones y que solamente se dedica a defender los intereses políticos y económicos. Esto es gravísimo para los que son los objetivos del periodismo. Pese a todo, hay que decir que también antes existían intereses en los medios de comunicación. Cuando gobernaba el PSOE, el diario El País jamás hizo una investigación periodística seria sobre la corrupción de dicho partido durante el gobierno de Felipe González o sobre el caso GAL. A otros periódicos le ocurría lo mismo cuando gobernaba el PP en los años noventa, ABC es un ejemplo de ello. Esto es lo que ocurría y quien lo niegue, miente descaradamente. La prensa española es muy sectaria y si nos referimos a la radio o a la televisión, ocurre exactamente lo mismo.

¿Cuál es la diferencia entre entonces y hoy? Pues que en aquellos años la sección de periodismo internacional todavía tenían una cierta calidad, incluso a pesar de los intereses de cada medio. Concretamente, la guerra de Bosnia cuadró dentro de esta calidad informativa en donde medios como El País o El Mundo competían fuertemente por el número de lectores y, por lo tanto, en ofrecer informaciones de calidad. Todo esto ha desaparecido y no debido a la crisis económica, eso es mentira. Del 2004 a 2008, cuando se produjo la guerra de Irak, nuestro país no estaba en crisis y, sin embargo, dicha guerra prácticamente no se cubrió en España. El motivo de todo esto es que los medios de comunicación, en su mayoría, han dejado de creer en el periodismo para defender intereses ajenos a la profesión. Las empresas periodísticas están preocupadas por dividendos, por mercantilizar un producto que por hacer periodismo de calidad. Esta es la realidad.

The21: Pero entonces, ¿eres o no optimista con respecto a modelos económicos alternativos en el mundo del periodismo?

Yo conozco muchos medios alternativos, lo que básicamente viene siendo la prensa digital, y muchos de ellos están contra las cuerdas porque no han conseguido encontrar la solución al problema financiero. La mayor parte de los medios digitales pagan mal. Si me voy mañana a Afganistán a trabajar en una historia, yo, que llevo más de treinta años escribiendo, haciendo fotografías y radio, para sobrevivir no podría trabajar con ningún medio digital español si quisiera regresar de a España habiendo cubierto al menos con todos los gastos. Incluso gastando lo menos posible, viviendo en casas particulares en vez de hoteles, no podría pensar en hacer una cobertura con cualquier diario digital.

Conozco las tarifas que paga cada uno y algo está fallando: no se ha conseguido el soporte económico suficiente para que se consiga hacer un periodismo autónomo, de calidad y competitivo que permita a los periodistas vivir con decencia. Y claro, cuando dices estas cosas parece que estás tirando piedras sobre tu propio tejado pero es que si no comenzamos a hablar con seriedad de lo que está pasando lo que hacemos es caer en una mentira. Las tarifas que pagan todos estos medios son tan ridículas que es imposible vivir de ellas. Hay personas que están trabajando muy duramente en este mundo que no llegan ni al salario mínimo interprofesional. Por otro lado, hay que decir que los medios tradicionales tampoco están pagando lo que se debería y que incluso, a veces, te puedes topar con un medio digital que te paga una miseria superior a la que El País o que El Mundo ofrecen. Y esto pasa en el periodismo internacional, pero también en el periodismo local. Una persona que vive en Madrid y que quiere hacer periodismo de calidad en Madrid necesita tener unos mínimos ingresos mensuales para poder vivir con dignidad y no estar todo el día haciendo cuentas. Y cuando tú tienes que hacer veinte piezas en vez de diez para ganar esto va a repercutir en la insuficiente calidad de tu trabajo. Quizás habría que plantear el hacer menos piezas y obtener un trabajo de mayor calidad y eso, con todos mis respetos, no lo está haciendo nadie.4

The21: Con respecto a lo ocurrido en los Balcanes, tú has criticado en numerosas ocasiones la pasividad de Europa, así como la actitud del Gobierno de Felipe González, la posición de Izquierda Unida… ¿Cómo explicarías la política, la diplomacia e incluso la propia actitud de los ciudadanos europeos frente a esta guerra?

Bueno, digamos que esto nos conduce de nuevo a tu primera pregunta. Si con una buena cobertura no se consiguió parar la guerra de Bosnia; si con una buena cobertura no se consiguió que la opinión pública se activara (apenas hubo manifestaciones en contra de esta guerra); si una buena cobertura no impidió que los políticos mintieran, que organizaciones como Izquierda Unida se aliaran con los sectores más bestias de la guerra o que diplomáticos europeos actuaran de manera cínica….Si con una buena cobertura pasa todo esto, ¿qué pasaría sin una buena cobertura?

La guerra de Bosnia fue brutal por hallarse en un escenario europeo con políticos de todo tipo de nacionalidades e ideologías haciendo absolutamente el ridículo. Felipe González tenía una influencia muy relativa en comparación con otros políticos socialistas o conservadores europeos como pueden ser los franceses, alemanes o ingleses que no fueron capaces de impedir la guerra. Fue muy vergonzoso también el comportamiento diferentes diplomáticos europeos, entre ellos, el del español Javier Solana. En nuestro país, Izquierda Unida y el Partido Comunista se aliaron con Slobodan Milošević, el mayor criminal de esa guerra, porque tenían ese tipo de mentalidad sectaria que dice que hay que acercarse a quienes compartan tus líneas ideológicas, a pesar de que Milošević hacía tiempo que había dejado el comunismo y el socialismo aparcados y que simplemente utilizaba el nacionalismo brutal para mantenerse en el poder. En los Balcanes se estaban haciendo regados de sangre mientras todos miraban hacia otro lado.

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The21: Hay un famoso discurso tuyo en el que lograste empalidecer a muchos líderes políticos debido a la implicación de España en la venta de armas.

Sí, fue un discurso que hice cuando me entregaron el Premio Ortega y Gasset en mayo de 2008. Por aquel entonces, Zapatero llevaba cuatro años en el gobierno, un gobierno que por cierto llegó al poder contra la guerra de Irak. Resulta que el gobernante que más instrumentalizó la palabra paz, que más había abusado de la palabra paz, que más la había prostituido había duplicado en ese año 2008 la venta de armas españolas. Cuando se fue Aznar vendíamos 400 millones de euros y éste había triplicado ya la venta de armas del gobierno de Felipe González, quien a su vez ya había triplicado la venta de armas de los gobiernos de Calvo Sotelo y Adolfo Suárez. Adolfo Suárez vendió armas a Indonesia en plena ebullición del horrible genocidio de Timor Oriental Felipe Gonzalez a Irak e Irán cuando ambos países protagonizaban una guerra; Aznar dictaduras en los que se violan diariamente los Derechos Humanos…Todos los gobernantes españoles desde la muerte de Franco han vendido armas a países con conflictos armados. Entre mayo de 2008 -cuando hice mi discurso- y diciembre de 2011 el volumen de las exportaciones españolas de armas había pasado de 900 millones a 2400 millones. Esto da una idea clara de para qué sirven los discursos: para poco o para nada. Los políticos se ríen en tu cara y los ciudadanos actúan de una manera pasiva. Yo he tenido discusiones muy fuertes con amigos que votaban a los socialistas y que no querían saber nada sobre ese tema, me he peleado con algunos medios de comunicación y en algunas ocasiones he tenido momentos complejos que han servido para perjudicarme a mí mismo cuando le he dicho a medios importantes con los que yo colaboro que le preguntasen a Zapatero sobre la venta de armas y como evidentemente estos medios eran afines a Zapatero, no se lo preguntaron. El principal financiador de armas es el banco Santander y cuando se murió Botín, en esa ola vergonzosa de artículos vomitivos que se escribieron sobre él, nadie sacó el tema como tampoco se mencionó que tuvo que pagar doscientos millones de euros por tener dinero en paraísos fiscales.

Entre medios que no hacen su trabajo, políticos que actúan como les viene en gana, banqueros que se ríen y la pasividad absoluta de la opinión pública, es muy difícil que un discurso pueda servir para algo. Luego hay momento como los de ayer en Santiago viendo colocar la bandera LGTB en el Ayuntamiento o a unos concejales que podrían ser tus hijos que te hacen pensar que las cosas están cambiando, que los partidos tradicionales como el PP, el PSOE o IU se han llevado un golpe impresionante y que los nuevos partidos pueden abrir una nueva etapa, aunque yo tampoco es que deposite demasiadas esperanzas en todo esto.

The21: En cuanto a ese nuevo escenario político, en diferentes medios se criticó especialmente a Podemos por sus posiciones con respecto a la prensa.

Bueno, creo que es como si ahora deciden criticarme a mí con respecto a mi opinión sobre la prensa. Yo digo que los medios españoles hace años que han dejado de hacer su trabajo y que se han vendido al mejor postor, que son los grandes bancos y los grandes intereses multinacionales. ¿Qué decía Podemos? ¿Que la prensa española tiene relaciones tremendas y vergonzosas vinculadas a los poderes políticos y económicos? Pues yo, que no he votado a Podemos, también lo digo. La gente está harta de esto y lo que tienen que hacer los medios de comunicación es hacer bien su trabajo. Lo que deben hacer es un buen periodismo de investigación y contarnos el desfalco bancario y los problemas de corrupción en tiempo real y no con años de retraso.

The21: ¿La popularidad de las tertulias televisivas nos está convirtiendo en una sociedad que en vez de información consume meras opiniones?

Creo que es preocupante que se haya dejado de valorar el periodismo de investigación en particular, que no se invierta en ello y que sí se haga en cambio en opinión. Hoy en día se paga mucho mejor una opinión que muchas veces lo único que hace es potenciar los intereses del medio y contar las cosas como el medio quiere que se cuenten mientras que una buena información sobre África u Oriente Medio sea mal pagada.

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The21: Enrique Meneses contaba que cuando un periodista joven se acercaba a él quejándose de la lamentable situación laboral de la profesión y le preguntaban sobre qué debían hacer para poder trabajar como periodistas, él le decía: “haz como Gervasio Sánchez, como Miguel Gil, como Ricardo Ortega, como yo. Compra un billete y vete con dos cojones a buscarte la vida”. ¿Cuál sería tu consejo a las nuevas generaciones de periodistas?

La verdad es que tal y como están las cosas, cada vez veo más complejo poder vivir del periodismo de este país. Hay personas tienen más de treinta años que están cobrando cantidades de dinero ridículas por su trabajo cuando son buenos periodistas. Hay un cuello de botella difícil de solucionar entre la cantidad de gente que sale de la Facultad de Periodismo y la de periodistas que se van cada año a la calle. El consejo que le doy a los más jóvenes es que se especialicen, que aprendan idiomas como pueden ser el árabe, el ruso o el chino si lo que les interesa es el plano internacional, que se desenvuelvan bien escribiendo en inglés.

Por otro lado, a mí ahora mucha gente me mira como si estuviese en un pedestal pero, para llegar a donde he llegado, he tenido que trabajar de camarero durante muchísimos años. Primero para financiar mis estudios universitarios –si no hubiese trabajado, no habría podido estudiar en la universidad y eso da una idea de dónde vengo- y luego para pagar muchos de los viaje que hice entre 1984 y 1991. Esto tenía una ventaja y es que yo trabajaba durante dos o tres meses al año de camarero durante el resto del año viajaba. Además, elegía yo los temas sobre los que iba a trabajar y, aunque es cierto que solía seleccionarlos en función de la agenda internacional, cuando todo el mundo se iba yo me podía quedar allí para continuar trabajando en mis proyectos. Así es como fui construyendo mi modo de trabajar y cuando llegó el momento en el que conseguí ingresar más dinero con mis colaboraciones que con mi trabajo de camarero dejé de servir mesas. Pero el día que eso ocurrió fue el día antes de cumplir 32 años y es algo que hay que tener muy en cuenta cuando se habla de ti y de tu curriculum.

The21: ¿Hace falta salir de España para retratar situaciones gravemente denunciables?

Si yo quisiese publicar en una sección local cosas tan críticas como las que he publicado en internacional, no me dejaría. Tú puedes dedicarte a criticar ciertas malas prácticas de otros países del mundo, pero va a ser difícil ser igual de crítico en una sección local de un periódico. Es mucho más fácil que te dejen denunciar cosas que ocurren a miles de kilómetros de distancia que las que ocurren cerca de tu casa. Por eso yo soy muy respetuoso con aquellos que hacen periodismo local porque sé lo que significa hacer periodismo local en un país en el que existe tantísimo sectarismo.

The21: ¿En ningún momento te pusieron límites para contar todo lo que quisieras contar sobre un tema internacional?

Por suerte yo siempre he trabajado con medios de comunicación que me han respetado. Por ejemplo, Heraldo de Aragón, que es un periódico pequeño con el que he trabajado durante veintisiete años, jamás me ha tocado una línea. Con La Vanguardia e incluso con El País, exactamente lo mismo. En realidad, lo que yo escribía no entraba en colisión con los intereses de las empresas periodísticas. Otra cosa hubiera ocurrido si, por ejemplo, yo hubiese decidido escribir en El País sobre Uribe en los últimos años de su gobierno. En esos momentos, PRISA estaba batallando por conseguir el tercer canal de la televisión colombiana y criticar a su presidente era algo impensable para el medio. Solo hay que ver la cobertura de El País sobre Colombia en 2002 y en 2010, es un escándalo. A Uribe, responsable de los falsos positivos, se le ha dado un premio importantísimo en España patentado por sectores de la derecha y por grupos mediáticos cercanos al PSOE. Esto es así: si tu trabajo no interfiere a sus intereses, lo publican; si no, lo arrasan.

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Entrevista por Ana Uhía. Fotografías por Álvaro Rodiño.

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