La dimisión del arte

El proceso histórico que se vive en Catalunya es un hecho muy singular. Una confluencia histórica de crisis, ha permitido a una, hasta 2010 minoría, alcanzar una posición hegemónica en nuestra sociedad. La ruptura que se espera equivale a una segunda transición, aunque no se haga ningún referéndum, hay una ruptura con el Estado español por parte de capas muy numerosas de la sociedad catalana.

¿Y el arte? La maquinaria pictórica catalana, musculada a más no poder por Miró, Picasso, Dalí, Tapies, y tantos otros, que han hecho del principado un lugar sorprendente por su calidad artística, está respondiendo de forma lenta a este proceso. El primer manifiesto de artistas por el derecho a decidir, es de este mayo. Por lo que nos preguntamos: ¿el arte también es independentista?

El buen lector se preguntará: ¿por qué los artistas catalanes tienen que inmiscuirse en este debate? Pues porque los artistas tienen que tener un rol central en nuestra sociedad, del que parece, han dimitido. Joan Miró pintó un cartel para reclamar el Estatuto de Catalunya en la transición, también elaboró carteles comunistas y donó obra para la supervivencia de los presos políticos. El mismo Antoni Tapies, casi el pintor por antonomasia en Catalunya, participó activamente al lado del Partido Comunista durante la transición.

En los debates nacionales, se suele exponer que si el arte no tiene fronteras, ¿por qué defenderlas? Miró decía que conforme pintaba más su tierra más universal se sentía. No tenía ningún problema en exponer su nacionalidad y toda la crítica lo aplaude como un pintor universal. Ahora si un artista expone a la palestra su nacionalidad y sus convicciones políticas se lo tilda de provinciano, panfletista, etc… Los artistas contemporáneos se limitan a interactuar con la sociedad a un nivel global, cosa que tiene un defecto. Nadie lo hace, solamente una pequeña elite socio-económica. Decía Antonio Gramsci que para hacerle entender una cosa a alguien se la tienes que exponer desde su propia cosmovisión. Si Miró miraba el mundo lo hacía desde una visión local, para hacerla universal. No hacía un arte universal, para un público local. Hay una gran diferencia. Cuando OBEY hace un grafiti en Málaga de crítica social, la hace a las instituciones globales, pero es que para el malagueño medio, las instituciones globales se les escapan. En cambio sus intereses locales, los entiende. Si le hablas a esa persona con un lenguaje local te entenderá y le podrás hablar de cualquier cosa, porque en el fondo todos los humanos tenemos más o menos los mismos problemas.

¿Pues para quien habla OBEY? Él habla para una élite que lo puede entender por qué tienen la misma cosmovisión del mundo. Para la gran mayoría de la población OBEY habla de unos problemas compartidos con una sintaxis ilegible. De este modo, sus grafitis pasan de ser denuncias de un problema, a ser parte del problema.

Otra cosa también es que la mayoría de artistas quieren tener un éxito mundial, se tiene que hablar de ellos en Taiwán y New York, pero son desconocidos en su ciudad o pueblo. Hecho que los desconecta de la realidad. Los artistas así se convierten en parte de la jet-set.

En este mundo internacional, de multimillonarios que viven unos meses en cada continente, el artista se desconecta de los problemas mundanos, vive en un mundo global en el cual no hay fronteras, pues su obra y él mismo quedan incapacitados para entender este concepto, básicamente porque no tiene problemas con su nación, que para él ya no existe.

El arte, si ha dimitido en su función nacional o social en Catalunya, no es que no le interesen los problemas nacionales y sociales, es que no sabe como interactuar con ellos. Y los artistas que si tienen una labor comprometida, no son capaces de crear hegemonía, ni trabajar por un fin único. Si preguntáramos a Josep Guinovart sobre el fin último de su arte, te diría: ¡El socialismo! El fin de toda injusticia, el triunfo de la clase trabajadora. Los artistas ya no ceden obra, la cobran.

Este, mis lectores, es el problema: la lucha en el  campo artístico queda desactivada por falta de un objetivo al que llegar. Por falta de una voluntad de construir hegemonías culturales que permitan cambios reales.

En Catalunya actualmente hay una hegemonía cultural a favor de la independencia, pero ha sido creada sin el respaldo de los artistas de este país. Este hecho es preocupante, por un motivo muy simple. Nuestra memoria queda fijada en imágenes y sublimada en el arte. Al pensar en los bombardeos de la Guerra Civil nuestro cerebro hace ¡click! y ve el Guernica de Picasso. Cuando ya mayores pensemos en estos días, ¿qué cuadro veremos?

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Joan Vila i Boix

Nacido el 1991, estudio Historia del Arte en Barcelona. Escribo crítica de arte y de literatura, con pasión y compromiso. Creo en la importancia de los detalles que pasan desapercibidos. Todo eso lo hago de forma clara y catalana, paradójicamente en castellano.

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