Las claves del Tapiz biológico

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A inicios de la década de los 70, Barry Commover propuso lo que denominó las cuatro leyes de la ecología, la primera de las cuales decía: “Todo está relacionado con todo”.

Si algo ha quedado claro desde la publicación de El Origen de las Especies (1859), es que todos y cada uno de los organismos de este planeta estamos, queramos o no, de algún modo emparentados. Hoy, además, conocemos muy bien como unas especies se relacionan y dependen de las otras en el tapiz biológico de la Tierra, más allá del parentesco genético que pueda existir.

En la década de los 60, el biólogo Robert Paine descubrió, tras estudiar en detalle a una estrella de mar (Pisaster), que en la región rocosa de la costa, la biodiversidad se veía reducida cuando ésta se eliminaba. Al principio las áreas donde se habían extraído las estrellas se vieron colonizadas, en gran parte, por cirrípedos (Balanus y Mitella) pero poco a poco, los mejillones se fueron haciendo con la hegemonía. Entonces, como consecuencia del monopolio de los mejillones, las algas se redujeron tanto que, por ejemplo, las aparentemente quietas lapas se vieron obligadas a iniciar una migración a otras áreas en busca de recursos. Paine nos ensenó que las estrellas de mar estaban manteniendo a ralla a la población de mejillones, quienes de no estar controlados acababan corrompiendo el ecosistema, en el sentido de que varias especies desaparecían, mientras otras se hacían dominantes. Es él quien acuñó, por aquel entonces, el término “especie clave”, para referirse a aquellas especies que son las máximas responsables de la integridad y persistencia inalterada de las comunidades a lo largo del tiempo, debido a sus efectos sobre los tamaños poblacionales de las demás.

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Robert Paine. Imagen de “The Natural Histories Project”

Más tarde se fue comprobando en distintos ecosistemas la existencia de más especies clave. Un bonito ejemplo lo representan las nutrias marinas de las islas Aleutianas (Alaska), quienes al alimentarse de forma importante de erizos de mar, impiden que estos diezmen los bosques de macroalgas. A finales del siglo pasado las orcas del Pacífico Norte empezaron a alimentarse de nutrias marinas, dado que sus principales presas (focas y leones marinos) se habían hecho cada vez más escasas por culpa de la acción del hombre. Paralelamente a la disminución de nutrias, se pudo observar que el número de erizos de mar había aumentado notablemente y, consecuencuentemente, los bosques de grandes algas fueron perdiendo gran parte de su esplendor. Éste es un claro ejemplo de cómo tocando al ecosistema, aunque sólo sea un poco, tal y como hicimos al cazar a las presas de las orcas, podemos estar creando indirectamente importantes alteraciones.

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Una nutria marina con un erizo de mar. Imagen de Neil Fisher.

Más ejemplos de especies clave los constituyen las hormigas rojas, que controlan a los artrópodos dañinos para la agricultura, o incluso los hongos del género Ophiocordiceps, que parasitan a los insectos en ambientes cálidos y húmedos. Existen miles de especies diferentes y cada una ataca a una variedad de insecto en concreto, impidiendo que un grupo adquiera preponderancia: a mayor abundancia de una especie, mayor facilidad para ser parasitada por el hongo.

Una especie de Ophiocordyceps parasitando a la hormiga Camponotus leonardi.  Imagen de David Hughes.

 

No obstante, el ejemplo más sorprendente de todos cuantos pueda haber es el de los lobos de Yellowstone. A finales del siglo XIX-inicios del XX estos eran vistos como algo muy negativo, dado que muchas veces eran responsables de importantes pérdidas económicas, al ocasionar la muerte de parte del ganado. Se trata de un hecho que nos toca muy de cerca a los gallegos y, aunque a muchos les sorprendan los ataques, es fácil entender por qué se producen: los lobos son depredadores carnívoros y, si nosotros les quitamos los ciervos, lo que les queda son las ovejas y las vacas. En realidad no son los lobos quienes nos están comiendo el espacio a los humanos; ellos llevaban ahí mucho más tiempo que nosotros. Así pues, la solución más acertada y justa no debería pasar por erradicar al completo a estos animales. Sin embargo, esto es lo que se hizo durante décadas, no sólo en España, sino también en otros países de todo el mundo, alcanzándose sumas de dinero superiores a los 50 euros por la cabeza de un lobo.

Felix Rodríguez de la fuente fue la persona que más trató de concienciar a la sociedad de la importancia de conservar al lobo. Imagen de RTVE.

En la década de 1930 ya casi no quedaban lobos en ningún estado de EEUU, estando restringidos a Canadá-Alaska. Con la desaparición de los mismos se observó un incremento muy notable en el número de ciervos y alces, quienes, por sobrepastoreo, limitaron el crecimiento de muchas especies vegetales. Y dado que hay animales cuya vida está fuertemente asociada a los árboles, como los castores y las aves, estos también se vieron notablemente afectados por la falta del lobo. En 1995, tras años de dura concienciación, el gobierno federal puso en marcha un programa de reintroducción de lobos en Yellowstone y 20 años más tarde los investigadores no salen de su asombro. Con la vuelta del lobo, no sólo volvieron a florecer las plantas que estaban eclipsadas por los herbívoros, sino que pronto regresaron aquellos pájaros y castores, así como otros muchos animales, que habían abandonado esa región. Los lobos cambiaron el paisaje, literalmente, en cuestión de unos pocos años, y curiosamente los hogareños, que generaciones atrás se habían mostrado en contra de estos, ahora pueden ver como sus tierras son un poco más estables.

Resulta realmente interesante y profundo pensar en las sutiles relaciones que existen entre los organismos de este planeta. Todo está relacionado con todo. Los humanos somos una especie más en el complejo entramado reticular de la vida en la Tierra, y es por ello que deberíamos cuidar nuestras acciones. Parafraseando a Carl Sagan:

Estamos tirando del tapiz biológico planetario y no sabemos si sólo arrancaremos un hilo o si se desbaratará todo el tejido

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Álex Tuñas Corzón

Un enamorado de la vida en toda su expresión, por eso estudio biología y trato de que la gente vea lo bella y buena que es.

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