Las malditas pinzas del cáncer

Cangrejo fondo blanco

Por Tania M. T.

Cangrejo fondo blanco

Hace unos 2500 años el griego Hipócrates se encontró ante un paciente con un bulto de lo más peculiar. Las prolongaciones que presentaba le recordaban a un pequeño crustáceo y por ello decidió referirse a la anomalía con la palabra griega “carcinos”, equivalente en castellano a “cangrejo”. Más tarde el romano Celsus tradujo dicha palabra al latín “cáncer”.

Para encontrar la descripción más antigua del cáncer tendríamos que remontarnos varios cientos de años antes de los griegos y los romanos. Fue descubierta en el llamado papiro Edwin Smith (del 3000 a. C), en Egipto, que explica el procedimiento a través del cual una serie de tumores de páncreas eran cauterizados.  Con todo, lo más probable es que el cáncer sea en sí tan antiguo como la propia multicelularidad, tal y como se predice en un estudio publicado el año pasado en Nature, en el que por primera vez se vio que invertebrados tan simples como las hidras de agua dulce, organismos probablemente muy similares a los primeros animales que poblaron el planeta (hace más de 500 millones de años), también padecen tumores.

De forma general, el cáncer engloba a un conjunto de enfermedades que tienen en común la proliferación descontrolada de células en un tejido u órgano determinado que, salvo en los de la sangre (leucemias y linfomas), tiende a llevar a la aparición de tumores localizados, que son masas sólidas y amorfas de células. Muchas de estas células cancerígenas pasan continuamente a la sangre o a la linfa, pudiendo ser transportadas a diferentes tejidos en los que, tras adherirse, pueden formar nuevos tumores. Este proceso se conoce como metástasis y es la causa más común de muerte por cáncer.

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Imagen de microscopía de fluorescencia de células HeLa. En el 1951 un doctor de EEUU cedió sin permiso una muestra de tejido tumoral a un científico que estaba intentando cultivar células in vitro. La afroamericana Henrietta Lacks era la paciente, de ahí el nombre de las que a día de hoy son las células humanas más utilizadas en investigación. De rojo se aprecian los microfilamentos de actina formando las típicas prolongaciones de las células cancerígenas que permiten la movilización a otras regiones, de azul cyan se tiñen los microtúbulos y de azul-violeta el núcleo. Imagen de National Institutes of Health.

 

En total existen más de 200 tipos distintos de cáncer, cada uno con sus particularidades, pero todos ellos caracterizados por surgir a partir de una célula con una actividad divisoria anómala debido a la presencia de uno o varios genes mutados que otorgan a la célula capacidad proliferativa e invasiva. Por lo tanto el cáncer es un problema genético en toda regla, aunque no necesariamente heredable. En efecto, en la mayoría de las ocasiones las mutaciones son somáticas (aquellas que surgen en vida y afectan a las células del cuerpo que no originan gametos). Desde que en la primavera del 1982 los equipos de Weinberg, Wigler y el español Mariano Barbacid aislaron el primer gen promotor de tumores, u oncogén, se han descubierto muchos otros implicados en el cáncer. Actualmente, la base de datos COSMIC (Catálogo de Mutaciones Somáticas del Cáncer) incluye algo más de 500 genes que se encuentran mutados entre los distintos tipos de cáncer, lo que supone más del 1 % de los genes humanos. De estos, un 90% presenta sólo mutaciones somáticas, un 20% presenta sólo mutaciones germinales (heredables) y un 10% presenta mutaciones de ambos tipos.

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Mariano Barbacid. Imagen de Bernardo Corral.

Tumores comunes de mama, ovarios, próstata y colon, entre otros, tienen una media de 33 a 66 genes mutados. Otros, en cambio, como los melanomas tienden a presentar más mutaciones, llegando a rondar las 200, lo cual se explica por la mayor interacción del tejido con agentes mutágenos, como la luz ultravioleta. Lo mismo se aplica a los tumores de pulmón de las personas fumadoras, que acumulan 10 veces más mutaciones que los de las no fumadoras debido a la acción de mutágenos presentes en el tabaco, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, el arsénico, el formaldehído y las nitrosaminas. Además, también se ha visto que simplemente analizando el patrón epigenético de un pulmón se puede saber si la persona era o no fumadora, pues las modificaciones químicas presentes en el ADN son diferentes.

Sumado a todo ello, los cánceres que surgen debido a la influencia de una causa externa no se hacen aparentes hasta bastante tiempo después de la exposición al agente causal, de tal forma que muchas veces el confiado fumador que lleva años encendiendo cigarrillos sin notar nada raro lo más probable es que este incubando un cáncer mortal en sus entrañas que reduzca considerablemente su esperanza de vida.

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Incremento paralelo del consumo global de cigarrillos (línea roja) y de las muertes por cáncer de pulmón de personas fumadoras (línea verde). La línea azul representa los cánceres de pulmón de las personas no fumadoras. Fuente: Molecular Biology of The Cell (2015), traducida.

En relación con esto, es posible que el lector escuchara o incluso dijera en algún momento eso de: “pues fulanito bebió y fumó toda la vida y tiene 90 años, mientras que menganito, que se cuidaba mucho, se murió con 40”. Bueno, lo cierto es que no todo el mundo que lleva “malos” hábitos de vida se muere debido a eso, de la misma forma que no todos las personas que practican actividades de riesgo extremo se mueren por hacer lo que más les gusta. Es simplemente una cuestión de jugar con la suerte. Lo que se sabe a ciencia cierta es que con el paso de los años la probabilidad de sufrir cáncer es mayor para todo el mundo, puesto que aunque nuestras células presentan sutiles sistemas moleculares de control y reparación, a veces alguno de los errores cometidos durante la replicación pasa desapercibido y la acumulación de mutaciones aleatorias a lo largo de la vida en genes clave o conductores termina haciendo saltar el cáncer. La realidad es que si el estilo de vida de la persona no es sano las probabilidades de caer fruto de su pasto se ven muy incrementadas.

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Existen puntos de control del ciclo celular que garantizan que las células no se dividan si las condiciones no son las adecuadas. Si estos funcionan correctamente, las células que presenten daños en el ADN no entrarán ni en la fase de replicación del ADN (fase S) ni en la de división (fase M). Las células cancerígenas se saltan los controles, al tener mutaciones en genes implicados en el buen funcionamiento de estos. Imagen de Molecular Biology of the Plants, traducida.

Un aspecto curioso del mencionado papiro Edwin Smith es que el autor dejó escrito un rotundo “no hay tratamiento”, refiriéndose al fatídico cáncer. 5000 años después, aun cuando todavía seguimos desconociendo infinidad de cosas, no sólo hemos desvelado la base molecular que se esconde detrás de muchos cánceres sino que hemos conseguido que algunos tipos sean curables, como el de cérvix causado por el virus del papiloma humano, frente al cual hay una eficiente vacuna. Además, se empieza a abrir el camino para el tratamiento personalizado -o a la carta- de la mano de la farmacogenética, que trata de encontrar el tratamiento farmacológico correcto y en la dosis adecuada en función de la genética particular de cada persona, un área de investigación que en la Universidad de Erasmus de Rotterdam, en Holanda, están explotando a fondo y que aquí en Compostela están intentando implementar las investigadoras Ana Latorre y Olalla Maroñas, bajo la dirección de Ángel Carracedo.

Si hay algo que arroje esperanza a quien el cáncer desespera es el hecho de que el progreso en esta materia en lo poco que llevamos de siglo ha sido asombroso. Actualmente existen grandes consorcios con un montón de profesionales implicados en la búsqueda de fórmulas para hacer frente al temible cangrejo hipocrático que tan frecuentemente nos roba a familiares, amigos y grandes mentes como muy recientemente hacía con Oliver Sacks. A todos los investigadores y a todas las personas afectadas les enviamos desde The21 ánimos para que sigan ganándole el pulso a las malditas pinzas del cáncer.

 

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Álex Tuñas Corzón

Un enamorado de la vida en toda su expresión, por eso estudio biología y trato de que la gente vea lo bella y buena que es.

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