Lucha de Gigantes

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Reconstrucción de un combate en el Cretácito entre el T-Rex y el Ankylosaurus.

La Historia de la Vida en la Tierra nunca ha sido fácil de conocer y menos aún de entender. Hemos excavado muy profundo, hemos rescatado huesos y fósiles, hemos especulado y teorizado sobre cuerpos petrificados en la roca que llevan ahí desde antes del nacimiento de nuestra especie. Ellos fueron los reyes de los tiempos pretéritos, los Gigantes del Pasado. Aún nos asusta el T-Rex en las películas. Una mole de 12 metros de altura y 6 toneladas de peso hostigando a un poderoso Ankylosaurus, con su cola en forma de maza de demolición. El Megalodon surcando los mares, el Quetzalcoatlus cortando el aire con sus alas fibrosas, el Anomalocaris devorando Trilobites

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Recreación del Anomalocaris.

Tendríamos que remontarnos 525 m.a atrás en el tiempo para contemplar una de las primeras batallas por la supervivencia. En los fríos mares del Cámbrico, una pequeña criatura corre por el fondo oceánico nerviosa, temiendo que la muerte la pueda alcanzar en cualquier momento. Su espalda está acorazada pero su vientre es vulnerable, tiene muchas patas pero casi no puede correr, posee los ojos más evolucionados de toda su familia pero aún así, el Trilobites no es rival para el Anomalocaris.

Su nombre significa “gamba extraña” y se entiende esta apreciación ya que es a lo primero que recuerda. Durante más de 15 m.a este animal ha sido el rey y señor de los mares primigenios. No os imaginéis un coloso; el Anomalocaris más grande medía 1 metro de largo, pero su éxito no dependía de su tamaño sino de sus brazos espinosos con los que cazaba a todo lo que se le pusiese por delante. Su estrategia favorita era poner al Trilobites boca abajo y cogerlo con sus largos apéndices. Una vez hecho esto, lo devoraba con una boca equipada con varias filas de dientes.

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Eurypterus remipes.

Aunque este animal fue el primero de su cadena alimentaria, en los millones de años posteriores, otras criaturas consiguieron arrebatarle el trono. En una era conocida como Silúrico los mares se llenaron a rebosar de criaturas exóticas, peces primitivos y grandes formaciones coralinas. Si hubiésemos vivido hace 432 m.a podríamos acariciar el lomo de un escorpión marino gigante conocido como euríptero. Los eurípteros fueron un género de escorpiones descomunales que poblaron estos océanos y se convirtieron en auténticas máquinas de caza. El Eurypterus remipes tenía una longitud equivalente a una persona adulta. Este monstruo de las profundidades podía nadar y caminar por el fondo, donde se alimentaba. Su poderosa cola tenía una aguja afiladísima que usaba mientras cazaba y se defendía.

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Comparación entre un Dunkleosteus y un humano.

El Devónico fue la era de los “peces-tanque”, gigantescos monstruos armados con escamas óseas muy gruesas y endurecidas, que se disputaban el trono marino después de combates donde los contrincantes rara vez salían con vida. El Dunkleosteus era una de estas bestias. Con sus 10 metros de longitud, una cabeza acorazada y unas mandíbulas espinosas, fue uno de los pretendientes a la corona marina. También fue la era de los peces Sarcopterigios, conocidos por ser los primeros peces en salir del agua y colonizar tierra firme. Es posible afirmar que descendemos de algunas ramas de estos peces ya que de ellos derivaron los anfibios y luego los reptiles hasta llegar a nosotros los humanos.

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La tortuga gigante del género Archelon.

Durante gran parte del Triásico, el Jurásico y el Cretácico, las especies que gobernaron el planeta no fueron otras que los dinosaurios. Algunos de los animales más grandes de la Historia de la Vida vivieron en estas épocas remotas. El Brachiosaurus, de hasta 60 toneladas de peso, 25 metros de largo y 13 de alto fue una de las especies titánicas que vivió en el Jurásico junto a otros bien conocidos como el Tyrannosaurus, el Stegosaurus o el Triceratops, partícipes de los combates más épicos de todos los tiempos. Esta etapa estuvo caracterizado por las luchas entre los más grandes. Como en todos los periodos, los carnívoros ocupaban nichos ecológicos adyacentes a los de los herbívoros con lo que los encuentros eran comunes. Las especies evolucionaron hasta convertirse en armas de matar y en poderosos escudos de músculo y hueso, como prueban los datos recogidos en el registro fósil.

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Diente de megalodón

Al margen de las batallas entre estos reyes, algunas especies tremendamente fascinantes poblaban bosques y océanos. Por citar a dos de ellas, el conocido Velociraptor se parecía bien poco a la imagen mostrada en la taquillera película “Jurassic Park”. El Velociraptor era un poco más grande que un Golden Retriever, radicando su fuerza en su trabajo en equipo y su astucia natural. Algunos estudios actuales (2010) afirman que esta criatura incluso podría haber sido carroñera, por lo que la imagen de cazador sanguinario dista poco de ser verdad. En contraste, los océanos de este período acogieron a las tortugas más grandes de la historia. El género Archelon es un género extinto de tortugas marinas que podían llegar a medir hasta 5 metros de longitud.

La caída de un asteroide, un cambio climático, el extremado tamaño de los dinosaurios son algunas de las teorías que los paleontólogos y paleozoólogos barajan. Sea como fuere, los dinosaurios se extinguieron. La tierra volvió a tener vida pero otros animales serían sus gobernantes. El Cenozoico (la era en la que vivimos) albergó a especies increíbles como el Megalodon conocido por ser el tiburón más grande de todos. Con sus 18 metros de largo era tan colosal como algunas ballenas, las cuales cazaba. Sus dientes podían alcanzar los 13 cm de largo y en su mandíbula cogerían 4 o 5 personas dispuestas en fila. Esta criatura apenas tuvo rivales y las causas de su extinción se consideran desconocidas.

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Mandíbula de megalodón.

En tierra firme las especies más características fueron grandes mamíferos herbívoros como el Mamut. A menudo se representa a los tigres dientes de sable o Smilodon atacando a los mamuts, aunque no se sabe a ciencia cierta si estas especies se encontraron a lo largo de sus vidas. Los descubrimientos de mamuts congelados abrieron la posibilidad de su clonación pero actualmente se discrepa que sea posible. Además, la clonación del mamut conllevaría la creación de un ecosistema y un nicho ecológico para él cosas que, en las condiciones actuales, es inviable.

La lucha por la supervivencia ha sido un proceso que todas las especies han experimentado en sus carnes. Estos combates se han sucedido y se sucederán a lo largo de toda la Historia de la Vida como testimonio de que la vida sigue su curso: Unas especies mueren y otras nacen; unas especies llegan a la cima de su cadena alimentaria y otras se hunden hasta lo más bajo. En conclusión, una Lucha de Gigantes, la mayor historia jamás contada, la Historia de la Vida.

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Pontevedrés, residente en Santiago de Compostela. Estudiante de Biología en la USC, investigador en formación y amante de la ciencia.

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