Mejor improvisado

Algunas de las más famosas escenas de todos los tiempos alcanzan un grado de perfección tan alto que difícilmente puede surgir de la pluma de un guionista o de la técnica del cámara o director, sino más bien de los actores. La esencia misma del cine reside en crear una realidad o recrearla, si la película es true story; pero estas son, sin duda y en el sentido literal: una ficción. Jules, interpretado por Samuel L. Jackson en la icónica Pulp Fiction, no deja de ser un personaje. No existe. Y aunque lo hubiera hecho, el actor no es la persona.

Ahí reside la maestría: conseguir, bien por cámara y guión, y sobretodo, por el actor en el caso concreto, lograr acercarse lo máximo posible a la realidad ideada. Es cuando los actores improvisan que pueden crear algo realmente auténtico, por un simple motivo: son ellos mismos. Se les pida esta tarea o les salga del pecho, se salgan del guión para cubrir una carencia o bien para corregir un error del equipo técnico, es incuestionable que muchas escenas fueron originariamente incorrecciones que resultaron ser mejores, por la improvisación, que lo que debiera haber sido rodado. Hoy, bien para recomendar varias películas y recordar otras muy buenas, bien para que sepáis que fue y que no fue escrito en el guión o simplemente para recrearnos un poco: hablamos de estas escenas improvisadas.

Sospechosos habituales, el mejor final de la historia del cine” repite compulsivamente un amigo mío. Seguramente el mejor papel de la vida de Kevin Spacey y aseguro que es una de las mejores historias que he visto relatadas en el pantalla. En la película, 5 sospechosos de un delito de robo se ponen en línea para una rueda de reconocimiento policial. Originalmente debía ser una escena seria, pero los actores no podían- no sabemos por qué- comportarse en el escenario. El director Bryan Stinger acabó tan hasta las narices que les dejó improvisar la escena y el resultado es el que aparece en la película: risa auténtica y un comportamiento de mentalidad impropia para un actor profesional. Genial.

“¡Dame las jodidas llaves, mamonazo!”

Esta y la próxima escena son de las que considero como una muy mala pasada. Algo que ningún actor- pese al resultado que se consigue- debería sufrir. En el film de 1979, Alien, presenciamos una cena en la que un alienígena irrumpe del estómago de uno de los comensales, causando miedo en personajes y espectadores. Más allá de eso: aterrorizó a los actores. El director Ridley Scott, intencionalmente, por supuesto, no les contó qué iba a pasar exactamente con ese cuerpo, ni qué efectos especiales iban a ser empleados. No hay más que verles las caras: una sorpresa terrorífica, perfectamente encajada en una escena inofensiva.

 

Los pájaros, de Alfred Hitchock, es una de las obras maestras del cine. De esta me sé unas cuantas anécdotas que bien dan para entretener una tarde, pero hoy simplemente os diré, si me permitís la expresión, que Tipi Hedren “las pasó realmente putas”. Los Pájaros ganó un Oscar a mejores efectos visuales, y no es de extrañar: los pájaros que atacaban a Tippi en la escena escalofriante del film eran reales. Antes de empezar la película la encerraron en una habitación, comentándole que usarían pájaros mecánicos para el rodaje. Sin embargo, instantes antes del “acción” en la- discúlpenme- magistral escena, le dijeron algo así como: “no queda bien con pájaros falsos. Venga, con los de verdad. ¡Acción!”. La actriz se vio contra la pared atacada por pájaros reales e incluso uno de ellos impactó en el ojo de Hedren causándole un derrame de retina. Estas son algunas de las perlas ocultas que este film atesora, pero hoy quédense con la “actuación” de una chica defendiéndose de los cuervos.

 

La escena tuvo que ser repetida en varias ocasiones, ya con otros efectos. Pero el susto inicial no se lo quita nadie.

El silencio de los corderos es una de las películas emblemáticas de Anthony Hopkins, que interpreta al caníbal asesino Hannibal Lecter. La agente especial del FBI, Clarice, fue interpretada originalmente por Jodie Foster, pero para las consecutivas entregas cambiaron de actriz y de éxito. El mismo que hoy día tiene la serie de nombre homónimo al asesino. En el film original Antohny Hopkins dice: “me comí su hígado con unas judías y un buen Chianti”, y continuación añade una especie de silbido o onomatopeya que no estaba en el guión. Pretendía ser una broma, señalar que el personaje bromeaba con el crimen cometido, pero resultó ser una de las escenas más escalofriantes de la película.

 

Bueno, no todas las improvisaciones de la historia son horripilantes o terroríficas; así que vamos por último con un clásico de los romances. Resulta que en Pretty Woman, una de esas películas que ves si la coges empezada en la televisión, Richard Gere abre una caja con un collar para dárselo a Julia Roberts y acto seguido la cierra repentinamente. Fue una improvisación del actor, que provocó un susto y risa tan genial en Julia que el director decidió dejarla como el corte final de la película. Una maravilla de buen humor.

El mismo buen humor con el que espero que os quedéis tras esta sucesión de grandes- improvisadas- escenas.

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Trasnochada caballerosidad. Cinéfilo y melómano, estudiante de derecho en su tiempo libre. ☐ Bodrios infumables. ★ Típica película de domingo. ★★ Buenas películas, de las que aportan algo. ★★★ Obras maestras. Estas maravillas irrepetibles. ☞ Cinéfilos. ¿Te gusta el cine?

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