Nunca es tarde para soñar

Cuando aún somos niños, al parecer nuestras preocupaciones no van más allá de alguna que otra pataleta con papá y mamá, o del número de goles que hemos conseguido marcar en el partido del patio del colegio. Si nos enfadamos, luego ni nos acordamos. Si nos caemos al suelo, enseguida nos levantamos. Y si realmente nos agrada una cosa, no mostramos el menor reparo en expresarnos tal y como nos sentimos respecto a ella.

A estas edades, a todos se nos ha presentado en más de una ocasión el famoso “¿Y tú, qué quieres ser de mayor?”. Puede que algunos de nosotros no nos acordemos de lo que en aquellos tiernos momentos se paseaba por nuestras inocentes mentes, pero desde luego, los niños nunca dejarán de sorprendernos con sus respuestas, tan sinceras como fantásticas.

Sin embargo, parece que a medida que vivimos experiencias, crecemos y conocemos mundo, esta ilusión tiende a difuminarse en el espacio y el tiempo, hasta convertirse en tan solo un recuerdo de inocentes momentos que vivimos años atrás. Esta vez, la respuesta a la mágica pregunta “¿Qué quieres ser de mayor?” cambia radicalmente. Es como si de repente, todo se complicara. Como si de pronto, muchas puertas se cerraran de golpe, y nos encontrásemos ante la presión de escoger sin alternativa una de ellas.

No entendemos nada. Los mayores nos dicen que para lograrlo hemos de convertirnos en adultos. En cambio, si observamos con cierto detenimiento a la sociedad de hoy en día, veremos que existen muchos sitios en los que la felicidad y la ilusión brillan por su ausencia. ¿Dónde han quedado todos aquellos sueños que tan presentes teníamos cuando éramos pequeños? ¿Y esa vitalidad pura que transmitíamos allá donde fuésemos? ¿Por qué todo el mundo va con tanta prisa? ¿Por qué la gente maldice sus ocupaciones día sí y día también? ¿Acaso no están a gusto con sus vidas? ¿Sí? ¿Pero han logrado sus sueños? ¿Qué diantres es lo que está ocurriendo entonces? ¿Es verdaderamente esto a lo que llaman “mundo real”?

La sociedad, títere de los poderosos, nos dice cómo debemos ser y lo que debemos hacer. Qué apariencia, qué pensar, qué estudiar, qué no hacer… Sin darnos cuenta, nos hacen creer que las posibilidades en nuestras vidas son ínfimas. Y poco a poco, nos van enfrascando en una tóxica y pesada rutina que se repite una y otra vez. Nos tratan como a un borrego más de un gran rebaño que ellos dirigen a su antojo. Nos dejamos llevar como peces muertos en un río. Y entonces, nos olvidamos de soñar…

Ya no pensamos en lo que realmente queremos hacer, sino en lo que está mejor considerado socialmente. Nos comportamos así por miedo, por inconsciencia, y porque no creemos en nosotros mismos… Ya ni nos acordamos de cuál ha sido siempre nuestro verdadero sueño. Pero, ¿sabéis qué os digo? Que yo no estoy dispuesto a rendirme. Digan lo que digan los demás, yo lo voy a intentar. Me apoyen o no me apoyen los demás, yo lo voy a intentar. No me rendiré. Tengo un sueño, y lo voy a cumplir.

Porque sé que se puede. Hay gente que lo ha conseguido. Sin ir muy lejos, a algunos de ellos los podemos ver en los medios de comunicación casi todos los días: cantantes, actores, futbolistas, periodistas, médicos… Pero he aquí la cuestión: creemos que ellos están a años luz de nosotros. Que son diferentes. Que tienen suerte. Que han sido tocados por una varita mágica que los ha empujado directamente a alcanzar sus sueños. Y nos equivocamos profundamente. Porque estoy seguro de que, en la mayoría de los casos, hay mucho esfuerzo, paciencia y trabajo detrás de esos logros personales. Pero claro, nos lo venden de otra forma. Nos lo venden como algo inalcanzable. Y lo hacen para controlarnos. Para que nos rindamos antes de intentarlo. Y no lo van a conseguir.

Atrevámonos a soñar, entonces. Decidme, ¿qué podemos perder? Persigamos nuestros sueños durante nuestras vidas, porque nosotros también podemos conseguirlo. Primero, tenemos que saber qué es lo que realmente nos gusta y en lo que podemos destacar gracias a nuestras habilidades únicas. Debemos de ser sinceros con nosotros mismos, y una vez que tengamos claro el qué y el cómo, lanzarnos a por ello sin dudarlo ni un solo instante. En segundo lugar, fijémonos objetivos a corto y a largo plazo, sin desesperarnos, y trabajemos un poco cada día para que dentro de unos años estemos más cerca de cumplir nuestro propósito.

Puede que algunos piensen: “¿Y si nunca alcanzo mi sueño?”. No hay de qué preocuparse. Si te guías por lo que de verdad te gusta y por tu corazón, la vida te abrirá otra puerta desconocida para ti que te servirá de puente hacia la felicidad. Te lo aseguro. Muchas veces puedes creer que fracasas, pero si tratas de verlo de otra forma, quizás te des cuenta de que estás adquiriendo aún más experiencia. Si tantas ganas tenemos de hacer realidad nuestro gran sueño, haremos todo lo que esté en nuestras manos para cumplirlo. Y apenas nos preocupará lo que ocurra a nuestro alrededor. Sabremos que somos nosotros los que tomamos las riendas de nuestro carruaje de la vida, y que no existe nada ajeno que nos pueda derribar. Así, en los momentos de crisis, dejaremos de culpar a lo que nos rodea de nuestros supuestos males. Y creceremos.

No tengamos miedo al fracaso. Pensemos que sin él, nunca conoceremos qué es el éxito. Fallemos, equivoquémonos, salgamos de nuestra zona de confort, metamos la pata… Y aprendamos. Seremos más fuertes después de estas experiencias, y continuaremos nuestro camino. Lancémosle nuestro mensaje a la vida. Si estamos convencidos y creemos en nosotros, esta nos devolverá la moneda tarde o temprano.

No nos dejemos pisar por nadie. La gente que detracta nuestras ilusiones es la que ha optado por rendirse. El único impedimento que existe en nuestras vidas somos nosotros mismos, y esa es la gran dicha con la que contamos y con la que tenemos que saber jugar a nuestro favor. Cuando seamos plenamente conscientes de ello y decidamos perseguir nuestros sueños, nada nos parará. Porque tú, sí, tú, el que está en este preciso momento leyendo este texto, también puedes. La cuestión es, ¿quieres? 😉

“No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos”

“Nunca jamás me digas que hay algo que no puedes hacer”

“No intentas construir una pared. Dices “Voy a poner este ladrillo tan perfectamente como pueda”. Y lo haces todos los días. Y pronto tienes una pared”

Will Smith

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