Palos de Ciego

Mucho ha llovido desde que, en 1849 y durante el Congreso de la Paz de Paris, Victor Hugo acuñara el término de los llamados Estados Unidos de Europa. Años después, en 1946, Churchill le tomó el relevo e insistió en esa idea ante la Universidad de Zurich como única forma de acabar con el drama europeo posterior a la Segunda Guerra Mundial, “reconstituir la familia europea o, al menos, en tanto no podamos reconstituirla, dotarla de una estructura que le permita vivir y crecer en paz, en seguridad y en libertad. Debemos crear una suerte de Estados Unidos de Europa.” Hoy por hoy, nos encontramos frente a algo radicalmente distinto.

Europa se tambalea incapaz de dar una respuesta eficaz a la amenaza terrorista que se cierne sobre ella, cuyos muertos ya no se lloran a miles de kilómetros y que, irónicamente, comparte su epicentro con la Unión Europea, la ciudad de Bruselas. La demagogia que azota nuestros días apunta entre otros a los refugiados que pierden su vida en nuestras tierras y costas, a la vez que olvida que la creación de ACNUR, el alto comisionado de las naciones unidas para los refugiados, fue fruto de los miles de desplazados europeos que dejó la devastadora Segunda Guerra Mundial.

La solución a la imposibilidad de reaccionar de forma uniforme al drama que vivimos ha sido nefasta. Tras la sucesión de respuestas unilaterales de candar las fronteras, el espacio Schengen en entredicho (siendo benévolos con la expresión) y mientras observamos con una mezcla entre miedo y escepticismo como las ideas xenófobas de la ultraderecha van calando entre los ciudadanos de varios países, hemos firmado el ya famoso acuerdo con Turquía.

Syrian Refugees

Imagen de una ciudad siria desolada. Por UNRWA

Un acuerdo en el que se vulneran de forma flagrante los derechos de los refugiados al devolverlos a Turquía, país que, por conveniencia y sorprendentemente, ha sido declarado seguro por tal de poder evitar infringir el principio de no devolución de la Convención de Ginebra que prohíbe precisamente eso, la devolución o expulsión a territorios no seguros. En lo que llevamos de 2016, Turquía ha sufrido atentados en cinco ocasiones y vive inmerso en un conflicto por el Kurdistán. Las organizaciones y asociaciones que trabajan sobre el terreno han alertado repetidas veces sobre la ilegalidad del mencionado acuerdo además de la inutilidad que tendrá tratar de cerrar una de las vías de acceso a Europa, algo que llevará a una saturación de las demás, a su vez notablemente más peligrosas.

No menos importante es la aceleración que supondrá todo esto para Turquía a la hora de negociar su inclusión en la Unión Europea, algo que se remonta a muchos años atrás y que Europa no veía con buenos ojos. Sin embargo, ahora ha decidido mirar hacia otro lado en materia de Derechos Humanos llevando la idea de la realpolitik a su extremo y haciendo que algunos nos sintamos avergonzados de la enseña que luce en nuestro pasaporte.

Es en ese preciso instante en el que uno se plantea si queda algo de unión en nuestra Unión Europea, o lo único que hemos creado tras estos años es una relativa homogeneización económica y jurídica entre los estados miembros. Tras esta apariencia de cara a la galería en la que todos parecíamos tener un enorme sentimiento europeísta y dados los últimos acontecimientos, al parecer se esconden actitudes que no permiten que actuemos como un todo. Soy de los que sigue pensado, quizás soñando, que aún podemos llenar de contenido el lema “unida en la diversidad” que cimienta (o debería cimentar) el porqué de su nacimiento. No obstante, es evidente que si no se da una cesión notable de soberanía y una mayor implicación de los ciudadanos europeos (o los que quieran serlo) en su funcionamiento, no creo que podamos ir más allá de un puñado de tratados y el euro como moneda.

Viendo lo que ha sucedido en los últimos meses la Europa de los derechos humanos ha fracasado estrepitosamente y si no nos planteamos seriamente si nuestra intención es la de acercarnos a algo parecido a aquella idea de los Estados Unidos de Europa, continuaremos dando palos de ciego al aire al funcionar como una unión. Decidamos que queremos ser, pero yo, al menos, no quiero ser parte de lo que han hecho que seamos.

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Find what you love and let it kill you, y así intento funcionar.

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