Podemos: símbolo y sentido común

Fotografía de Dani Pozo

Pablo Iglesias. (Fotografía de Dani Pozo).

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Logotipo de Podemos

El filósofo y teórico de la cultura prusiano Ernst Cassirer (1874-1945) entendía que los seres humanos se orientan en el mundo por medio de símbolos, que allá donde nos encontramos con la nada los humanos necesitamos crear símbolos para colonizarla, para enfrentarnos a ella, pues estos son creadores de sentido. Sin duda el lenguaje es uno de los grandes símbolos, una de las grandes herramientas para lidiar con esa realidad que se nos presenta ajena, pues este es  performativo, es decir, construye realidad. Antonio Gramsci (1891-1937), considerado el teórico de la superestructura y referencia intelectual obligada para los miembros del partido Podemos, estudió también la cultura y entendió que la hegemonía era una de claves para comprender las relaciones que se dan en la sociedad entre dominantes y dominados. Así los dominantes construían y construyen hegemonía, controlaban y controlan  a los dominados por medio de los aparatos ideológicos del Estado (medios de comunicación, sistema educativo, literatura, artes, deporte, etc.). Para entender el nacimiento, la irrupción en el tablero político y el éxito de Podemos son fundamentales la cultura y el lenguaje como constructores de hegemonía y sentido común.

El surgimiento de Podemos se produce en enero de 2014, cuando un grupo de intelectuales provenientes de distintas esferas de la vida pública  vinculados a formaciones de izquierdas como IU o Izquierda Anticipalista, deciden dar un paso al frente al observar una crisis de legitimidad en eso de “la izquierda”. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de crisis de legitimidad de la izquierda? A la traición por parte del PSOE de sus principios económicos y sociales (mala gestión de la crisis económica por parte del presidente Rodríguez Zapatero; adopción de políticas más cercanas al neoliberalismo que a sus principios socialdemócratas; modificación del artículo 135 de la Constitución Española, que antepone el pago de la deuda pública a la inversión en Sanidad y Educación Pública; uso de “puertas giratorias”; gran descontento y enfrentamientos entre la cúpula y las bases del partido…) y la consecuente decepción y pérdida de confianza de sus votantes. También a la torpeza e ineficacia de IU de construir un proyecto de país transformador, capaz de armar y movilizar mayorías, de representar toda la indignación surgida a raíz de una crisis económica que provoca más de cinco millones de parados, recortes en sanidad y educación pública, la proletarización de la clase media, reducción de pensiones y desahucios.

Así, a partir de todos estos elementos Podemos saca dos conclusiones: la primera  es que se ha abierto una ventana de oportunidad para representar toda esa indignación, canalizar la voluntad de cambio y transformación para materializarla en votos; la segunda es que para ello hay que hacer todo lo contrario a lo que ha hecho la izquierda tradicional (de donde ellos venían), para orientar el sentido común de la gente hacia esa dirección de  cambio. Para ello será fundamental la creación de símbolos alternativos, de significantes nuevos que actúen como agregadores y con los que la masa se identifique. Por tanto, para la creación de estos, será necesario el olvido de los anteriores: desaparecen “la lucha de clases”, los “comunistas”, la “revolución”, “la conciencia de clase”, “el anticapitalismo”,  la hoz y el martillo, el canto de la Internacional, la bandera republicana y lo más importante, la izquierda. Los nuevos significantes que se crean son: la lucha entre “los de arriba y los de abajo”, rompiendo con el eje izquierda-derecha; “el cambio”; “el sentido común”; “la casta” (grupo de poder muy reducido en la sociedad que ostenta la mayoría de privilegios y riqueza, en contraposición a “los de abajo”); el círculo morado como logo para el nuevo partido, un atrevido ensalzamiento de la patria (un concepto siempre vinculado a la derecha más reaccionaria pero que en Podemos se reviste de la esencia de la soberanía popular), y por último el tertuliano y profesor universitario Pablo Iglesias, líder y cabeza visible de la formación. Además, la  gran mayoría de los integrantes (Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Irene Montero, Teresa Rodríguez, Luis Alegre o Pablo Echenique) son muy jóvenes, no superan los 40 años, y aportan un viento fresco a una política rancia y caduca que demanda nuevos líderes.  En conclusión, a partir de un profundo análisis comunicativo que permite la construcción de realidad y de agregadores, Podemos es capaz de sumar apoyos de la izquierda tradicional que encuentra en ellos una garantía electoral. Pero también, al haber roto el eje izquierda-derecha, reciben apoyos de votantes con posicionamientos ideológicos distintos de la izquierda, siendo para muchos la nueva formación un voto de castigo con respecto a los partidos tradicionales.

Con todo ello, el éxito electoral es enorme, consiguiendo 5 eurodiputados en la Elecciones Europeas de mayo de 2014 (más de un millón de votos) con solo cuatro meses de vida política. A partir de aquí las proyecciones de voto van en constante aumento, llegando incluso a ser según el CIS primera fuerza política en España en intención de voto a finales de ese año. A partir de entonces se invierte esa continuidad hasta llegar hoy, a menos de un mes de las elecciones generales, a verse en una posición alejada de la posibilidad de formar gobierno.

¿A qué se debe esa caída desde la cima? Este progresivo descenso porcentual de proyección de votos puede interpretarse, por un lado, a la luz de la sobreexposición a los medios de comunicación (que se ha leído como un arma de doble filo: permitiendo la aparición del partido, y al mismo tiempo la diana y el espacio para la crítica de toda su oposición), pero también – y a esta me voy a dedicar- por una apropiación de los significantes que construyeron a Podemos por parte del resto de formaciones. Se ha producido un proceso camaleónico, una “podemización” con fines electorales para frenar al partido morado.

ARTÍCULO RODRIGO 1 (editado)

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Podemos creó no solo un nuevo lenguaje, sino también un nuevo estilo de hacer política que sorprendió al resto de formaciones. Tras unos primeros meses de estupefacción los asesores de esos grandes partidos deciden que hay que “podemizarse”, es decir, entienden que la política ha cambiado y que es necesario evolucionar para que esa sangría de votos que dibujan las encuestes frene. Así, en el PSOE es elegido Pedro Sánchez secretario general, relevando en el cargo a Rubalcaba (vieja política), aportando una cara más joven al partido. Además desaparecen las corbatas y los trajes en muchos de los actos de los socialistas, también  los vuelos en business, asumen el término “cambio”, cuando este se refería a terminar con la partitocracia del PP, pero también del PSOE. Lo mismo sucede en el caso del PP, donde sus “cachorros” se hacen más visibles en los medios y ascienden a cargos de poder en el partido. Este es el caso de Pablo Casado (diputado por Ávila), que sustituye a Carlos Floriano como Vicesecretario de Comunicación del PP;  pero también del de Andrea Levy (diputada en el Parlamento de Cataluña por Barcelona) que sustituye a Esteban González Pons como Vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, y el de Javier Maroto (exalcalde de Vitoria) nombrado Vicesecretario Sectorial del PP. Además se crea un nuevo logo del partido, más “moderno” y actualizado y se depone al Ministro de Educación Ignacio Wert, el peor valorado en las encuestas y fuente de muchas de las críticas de la ciudadanía. Por otra parte, una fuerza como Ciudadanos que hace dos años no tenía representación parlamentaria fuera de Cataluña, irrumpe también en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 con dos eurodiputados, iniciando desde entonces una carrera de fondo: tercera fuerza política a nivel municipal y entra en diez parlamentos autonómicos en mayo de 2015, y es la segunda fuerza política más votada en las elecciones a la Generalitat en septiembre y hoy, a menos de un mes de las elecciones, se sitúa como una de las fuerzas políticas con posibilidades de gobernar. Ciudadanos, a pesar de sus diez años de vida política, se presenta como un partido nuevo y fresco que roba mucha expectativa de voto transformador a Podemos, ya que canaliza ese voto de descontento o de castigo en posiciones más conservadoras y menos “radicales”.  Para ello el partido asume gran parte de su lenguaje (“casta”, “sentido común”, incluso lemas como el del “cambio” -en su caso “sensato y moderado”). Además Albert Rivera, joven líder del partido naranja, presenta buenas dotes para la dialéctica y una cara nueva con el favor de los medios. Esto significa que si en un primer momento el panorama de la política nacional se presentaba como un combate de tres, con Ciudadanos se presenta un cuarto actor que complejiza el reparto de votos, se dinamita aún más el bipartidismo y con él la posibilidad de construir mayorías absolutas.

Por ello la marca Podemos y toda su simbología pierde esa fuerza torrencial que fue tan efectiva en un primer momento y el partido comienza a perder votos, según las encuestas, desde principios de 2015. En las elecciones andaluzas de marzo de 2015, Podemos entra con 15 diputados, ya pesar de que la pérdida de votos de PSOE y PP es muy grande,  aun así obtienen 47 y el 33 diputados respectivamente. La crisis bipartidista es innegable, pero la velocidad del cambio -a pesar de las condiciones microclimáticas de Andalucía como uno de los feudos socialistas- no es el que en un primer momento se creyó. La segunda cita es en mayo con elecciones autonómicas y municipales en las demás comunidades autónomas. En ellas se observan que en las municipales, formaciones como Ahora Madrid o Barcelona en Comú, vinculadas a Podemos, pero sin utilizar la marca del partido obtienen porcentualmente mejores resultados a nivel municipal que el partido a escala autonómica.  Se entiende que parte de las lecturas de los resultados de las elecciones a la Generalitat en septiembre de este año pueden hacerse a la luz de estas claves, pero serían insuficientes. Pues estas vienen determinadas por el eje nacionalismo-independentismo, quedando fuera el izquierda-derecha, pero también el arriba-abajo (Podemos), lo que explica los malo resultados de la formación.

A menos de un mes de las elecciones del 20 de diciembre, sin posibilidad temporal de repensar los significantes que un día nacieron con el partido, Podemos ha de salir a ganar, siendo consciente de que no las tiene todas consigo. Pero teniendo en cuenta que su posicionamiento en torno al pacto antiyihadista y al proyecto de independencia de Cataluña, puede ser una baza de la que obtener un decisivo rédito electoral.

Artículo escrito por Rodrigo Olmo, estudiante de Filosofía y Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid.

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Comentarios

Comentario

1 Comment

  • Diciembre 7, 2015

    Sara Ramos Margallo

    Después de leer este artículo, y pensar que ha sido escrito por un joven estudiante de la Universidad Complutense de Madrid, dan ganas de dejar toda la política en manos de estos jóvenes.
    Desde luego, nos iría muchísimo mejor.