¡Que arda Troya!

Brad Pitt interpteta a Aquiles en Troya (2004)

Una lucha de hombres y dioses, hachas y espadas, piedra y fuego. La gloriosa Troya contra la incipiente Grecia, Agamenón contra Príamo, Menelao contra Paris, Héctor contra Aquiles y la hermosa Helena en medio de estos belicosos hombres. Ese era el escenario, ese era el momento. La obra más épica que ha concebido la humanidad. Zeus, Atenea, Hera y Afrodita, junto a Apolo, el arquero, peleando codo con codo, defendiendo a troyanos o a griegos, favoreciéndoles en combate o maldiciéndoles. ¿Dónde esta el límite entre lo humano y lo divino cuando se encuentran juntos en el campo de batalla?

Eneas huye de Troya

Nuestra historia se desarrolla en las costas de la península de Anatolia, en la actual Turquía, hace 3000 años. Ya el inmortal Hércules batalló contra los habitantes de Ilión, denominación griega para la ciudad de Troya, matando a su rey, Laomedonte, por incumplir su promesa para con el semidios griego.

Troya era tan famosa como lo puede ser hoy New York City para nosotros. Se cantaban leyendas sobre sus altos y gruesos muros, impenetrables e inexpugnables; se entonaban epopeyas sobre sus reyes y victorias, adquiriendo esta ciudad la categoría de legendaria. Amada por los dioses y hombres, la prosperidad de Troya se debió, principalmente, a su privilegiada posición comecial (suponiendo el nodo mercantil entre Grecia y Asia), a brillantes alianzas con sus vecinos, los dárdanos, y a las victorias de sus ejércitos.

Mitológicamente, Troya era famosa por encontrarse cerca de las proximidades del Monte Ida, un promontorio asociado a Zeus, padre de los dioses griegos. Ilión era uno de los principales centros de culto a Apolo, dios del sol, tradición que ya provenía del Antiguo Egipto, por lo que Apolo se puede asociar con el dios Ra. Los ciudadanos de Troya se conocían también como teucros debido al nombre del primer rey mítico de Tróade -región donde se alza la ciudad-, Teucro, hijo de Escamandro y la ninfa Ida. Tal es la fama de este personaje mítico que se le atribuye la fundación de cientos de ciudades, el ejemplo más cercano, Pontevedra. En esta epopeya, los dioses se mezclan con los hombres, llegando a sufrir heridas en su propia carne inmortal, por lo que muchos sucesos están fuertemente sesgados.

Aquiles arrastra el cadáver de Héctor tras la muerte de Patroclo

Históricamente, cuando el arqueólogo Heinrich Schliemann encontró, en la colina de Hisarlik, los restos de la mítica Troya, se terminó de clarificar la historia narrada por Homero siglos atrás. El poeta pudo exagerar los datos referentes al número de soldados o naves, pero nada exageró de los acontecimientos: la guerra de Troya fue real. El enfrentamiento armado entre las dos potencias del momento, Troya y Micenas, fue una guerra de diez años de duración, que cubrió de sangre las proximidades de la sagrada Ilión. Lo sorprendente de este hallazgo arqueológico es la presencia de varias Troyas. Hasta diez ciudades se alzaron en el lugar donde se produjeron los sucesos más fascinantes de la Ilíada homérica. Se considera que la ciudad Troya VI es la candidata más exacta para ser la Troya de los tiempos del rey Príamo. Sus colosales murallas y el fastuoso palacio son muestras del poder de esta ciudad en su área circundante.

La historia cantada por Homero es una narración de 51 días de asedio aqueo (griego) contra la ciudad teucra. El rapto de Helena de Esparta por el príncipe troyano Paris se tomó como casus belli (motivo de guerra) por parte de la coalición Aquea para declarar la guerra a Troya. En la obra se mezclan sucesos fantásticos con otros bastante verosímiles. Hay multitud de héroes que pelearon en esta contienda como Áyax Telamonio, Odiseo, Aquiles, Héctor, Diomedes o Eneas (protagonista de la Eneida del poeta romano Virgilio).

El tesoro de Príamo, un ajuar fastuoso atribuido al rey troyano

Tal fue la repercusión de esta contienda que, en el 2004, se llevó la legendaria Ilión a la gran pantalla bajo el título de Troya. Aunque, en un principio, la película tuvo muchas críticas debido a su exageración en el número de hombres y naves, en la actualidad se calcula que más de 1000 naves zarparon hacia Oriente, atravesando el Egeo siguiendo al poderoso Agamenón, rey de reyes, y a su hermano, el bravo Menelao, rey de Esparta. De media, cada navío podía albergar a unos 75-150 hombres, por lo que el ejército aqueo se compondría de casi 150.000 hombres armados para el combate. En comparativa, los defensores troyanos estaban en desventaja 10 a 1.

El fin de Troya fue rápido y violento. Tras una fingida retirada de los aqueos, un grupo de troyanos halló un gran caballo de madera en las costas de Ilión, tributo a Poseidón, señor de los caballos. Los valientes teucros llevaron la ofrenda al templo del dios del mar, intramuros, despedazando parte de la gruesa y legendaria muralla troyana. Lo que no sabían es que, en el interior, un grupo de griegos esperaban a la caída de la noche para abrir las puertas al ejército de Agamenón. El destino de Troya estaba sellado.

“Que arda Troya” grita Agamenón (Brian Cox) al final de la película Troya

El saqueo fue atroz. Los templos en llamas, mujeres violadas, niños arrojados desde las muralas y hombres empalados. La sangre se mezclaba con el humo, los sonidos del entrechocar de espadas se enturbiaba con los gritos de la población intentando escapar. Fue el caos. De entre los que consiguieron huir tenemos que nombrar a Eneas, cargando con su padre a cuestas, salió de Troya y se embarcó hacia la península Itálica, donde, según la tradición, fundaría otra ciudad conocida en la antigüedad, Roma. El fin había llegado.

La caída de Troya VI supuso el fin de la obra más épica narrada en un libro. Desde la furia de Agamenón, a la pasión de Paris, la cólera de Aquiles y el honor de Héctor, la guerra de Troya no dejó indiferente a nadie y, durante treinta siglos, la historia de aquellos lejanos muros sigue teniendo un poderoso eco en nuestra cultura. Solo hace falta pensar en el nombre del talón del pie para recordar nuestra fuerte cultura grecolatina, testimonio inmortal de los sucesos que cantó un poeta griego en su mejor obra, la Ilíada

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Pontevedrés, residente en Santiago de Compostela. Estudiante de Biología en la USC, investigador en formación y amante de la ciencia.

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