¿Qué ocurre cuando nos emborrachamos?

¿Te has emborrachado alguna vez? El consumo excesivo de alcohol es uno de los principales problemas sanitarios en el primer mundo. El alcohol lleva con nosotros desde los albores de la humanidad, asediando nuestros hígados, confundiendo nuestras mentes y dejando nuestros cuerpos en bancarrota. ¿Qué efectos tiene esta sustancia en nuestro cuerpo? ¿Cómo la asimilamos? ¿Por qué tenemos esa desagradable sensación después de consumir alcohol?

Estructura química del etanol

Lo primero que tenemos que hacer para responder a estas cuestiones es investigar qué es el alcohol y cómo es su estructura química. El alcohol que ingerimos en las bebidas espirituosas, tanto destiladas como fermentadas, es el etanol. El etanol es un compuesto formado por dos átomos de carbono (C), seis átomos de hidrógeno (H) y un átomo de oxígeno (O). El etanol puede encontrarse en diferentes concentraciones en las bebidas alcohólicas. Cuando hablamos de una bebida alcohólica de graduación 25 % estamos expresando que por cada 100 g de disolución (en su mayor parte en las bebidas alcohólicas agua y restos del producto de donde destilamos el alcohol) hay 25 g de alcohol puro. A mayores graduaciones, más alcohol y con ello más sensación de embriaguez.

Después de un par de tragos de esta maravillosa bebida, tu cuerpo empezará a notar los síntomas de la alcoholemia. Una fascinante sensación que pasa por un estado de euforia, sofoco, vista borrosa, poca percepción del espacio, mareos y poliuria, es decir, una constante necesidad de orinar. Se suele considerar que por cada 200 ml de cerveza que ingiramos, nuestro cuerpo orinará unos 320 ml de líquidos, con lo que el balance neto es negativo. La deshidratación es un problema con el que el alcohólico tendrá que convivir. En etapas graves de una intoxicación etílica se pueden producir mareos severos, náuseas y vómito. El alcohol puede entrar muy bien en tu cuerpo mas la salida es más complicada, dejando secuelas en todo el organismo.

Vitamina B1, esencial para muchos procesos metabólicos.

Por una parte, el alcohol afecta gravemente al nivel del sistema nervioso central, impidiendo que los neurotransmisores (moléculas que permiten el contacto neuronal) funcionen correctamente, perjudicando al habla, al equilibrio y a la expresión de las emociones. Es muy común que falten recuerdos después de una borrachera. Esto se conoce como Síndrome de Korsakoff y está muy relacionada con la vitamina B1 o tiamina. La tiamina es clave en muchos procesos de nuestro metabolismo y el consumo de alcohol impide su correcta absorción. Esto deriva muchas veces en bajadas de azúcar (hipoglucemias) que pueden llegar a causar la muerte.

Sin duda alguna, todos hemos oído ese mito popular de que un buen chispazo quita el frío del cuerpo. Menos mal que nuestras abuelas no se dedicaron a la medicina profesional, ya que su infalible remedio no es del todo correcto. El alcohol afecta severamente a la termorregulación corporal, es decir, al conjunto de procesos que permiten que mantengamos una temperatura constante de 37 grados celsius. El alcohol genera una falsa sensación de calor en brazos y piernas debido a que es un poderoso vasodilatador (ensancha el diámetro de nuestros vasos sanguíneos permitiendo que circule más sangre por ellos). El problema es que las extremidades -lo que se denomina zona periférica corporal- disipan el calor muy rápidamente, enfriando nuestro cuerpo de modo gradual. Este descenso de temperatura unido a la bajada de azúcar que se produce como consecuencia de cantidades semi-letales de alcohol ingeridas pueden conducir a la muerte.

La cerveza es una bebida fermentada como el vino. Por el contrario, ginebra y vodka son bebidas destiladas.

Otra de las fatídicas consecuencias de una noche de diversión y desenfreno radica en el hecho de que las capacidades reproductivas se ven seriamente afectadas. Por todos es conocido que si nos pasamos con el alcohol no esperemos más diversión, ya que el alcohol influye negativamente en los procesos de erección masculina. La testosterona, la hormona masculina encargada de, entre otras funciones, fomentar el deseo sexual, se ve inhibida por altos niveles de alcohol. La capacidad de bombeo del corazón se ve mermada en etapas posteriores a la ingesta de alcohol, por lo que la erección es débil o no se produce.

En personas que, con frecuencia, consumen grandes cantidades de alcohol, los problemas de salud son muy graves y pueden acarrear la muerte. El alcoholismo crónico es una patología grave que causa daños a todos los niveles del organismo. El hígado es el órgano encargado de metabolizar el alcohol y otras drogas, por lo que dosis elevadas de etanol pueden producir daño hepático severo, cirrosis y cáncer de hígado. La masiva y prolongada ingesta de alcohol puede causar infertilidad, disfunción eréctil, daño cerebral grave, depresión e incluso la muerte. El alcohol es una de las drogas más interesantes en este punto ya que es la única cuya abstinencia puede provocar la muerte.

La cirrosis es una patología grave en personas alcohólicas.

Si una persona con alcoholismo crónico deja de introducir alcohol en su cuerpo de manera súbita se puede producir el “Delirium Tremens“. El síndrome de abstinencia alcohólico provoca un estado en el individuo que se caracteriza por fuertes temblores, sudoración, escalofríos, palpitaciones y agitación. El Delirium Tremens es el estado más grave de la abstinencia alcohólica y puede producir alucinaciones, aumento extremo del diámetro de la pupila ocular (midriasis), hiperventilación, hipertermia y taquicardia, pudiendo todos estos síntomas derivar en la muerte del paciente. Hay que tener en cuenta que, aunque su consumo es muy extendido y está libre de prohibiciones, el alcohol es una droga dañina y peligrosa.

Conducir bajo los efectos del alcohol no es una práctica divertida. Los desequilibrios en la capacidad óculo-manual que acarrean el exceso de alcohol no son compatibles con una conducción responsable y segura. La visión borrosa, el mareo y la somnolencia que implican unas copas de más pueden costar vidas humanas. No es extraño oír que se ha producido un accidente de tráfico debido a que el conductor se encontraba bajo los efectos del alcohol; el alcohol provoca más muertes en carretera que las inclemencias del tiempo.

Se suele decir que la información es poder y, en este caso, la información puede salvar vidas. Un consumo adecuado del alcohol es aceptable y, en algunos casos, saludable. El consumo irresponsable puede ocasionar la muerte. Por tanto, la próxima vez que decidas pedirte otra copa más una noche de fiesta sin control, recuerda, el alcohol puede matarte y no merece la pena arriesgar la vida innecesariamente. Consumo si, pero con responsabilidad.

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Pontevedrés, residente en Santiago de Compostela. Estudiante de Biología en la USC, investigador en formación y amante de la ciencia.

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