Sir Winston

Winston Churchill, uno de los tres grandes hombres de estado del siglo XX, se distinguió durante nueve décadas por una impresionante combinación de voluntad, elocuencia, imaginación, inventiva y espíritu de organización. Pero también por una increíble cabezonería, combatividad, egotismo y una sistemática oposición. Hay que destacar que su personalidad salió a relucir bien pronto, cuando a los 12 años en una carta a su madre le dijo: Mientras no tenga nada que hacer no me importa trabajar un poco, pero si siento que me fuerzan… eso va en contra de mis principios. Tres años más tarde, el reverendo Welldon, director del Public School de Harrow lamentaba amargamente que un joven, de nombre Winston, tuvo la desfachatez de decirme cómo debía hacer mi trabajo.

No era más que el principio. En otoño de 1893 , los instructores de la Royal Military College de Sandhurst constataban estupefactos que el cadete Churchill discutía sus órdenes… Tras su salida de Sandhust con el rango de subteniente, este excelente caballero fue enviado a la India junto a su regimiento, el 4º de húsares. La vida en la guarnición de Bangalor era bastante tranquila, con poco trabajo y con la mínima consideración por la disciplina y la jerarquía militar; sin embargo, logra ser trasladado al noroeste del país. donde ciertas operaciones militares se estaban llevando a cabo con el fin de apaciguar una revuelta creada por la tribu de los Mamund. Su comandante en jefe en esta misión, el general Jeffreys, señaló que: el coraje y la determinación de teniente W. S. Churchill han sido fundamentales en los momentos críticos. Sin embargo, el resto de los miembros superiores de la hierarquía militar todavía no ven con buenos ojos a este oficial excéntrico, quien dedica su tiempo fuera de combate al periodismo y que, a través del Daily Telegraph, publica artículos críticos sobre la estrategia de sus superiores. A pesar de las múltiples llamadas al orden, éste lo hará también en Sudán en 1898, cuando hizo encolerizar a su comandante en jefe, Herbert Kitchener, describiendo las atrocidades perpetradas contra los derviches en la batalla de Omdurman (de los 52000 soldados sudaneses murieron 10000 y otros tantos fueron heridos; por el lado inglés murieron 47 personas y apenas 400 resultaron heridas de una fuerza de 25000 hombres).

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Participando también en la batalla de Boers en Sudáfrica al año siguiente, este militar y periodista se convirtió en periodista militar gracias a numerosos reportajes poniendo en evidencia la incompetencia del general al cargo, el general Buller. Estos artículos causaron tal revuelo que en el Morning Leader se pudo encontrar el comentario: “Todavía no hemos recibido confirmación alguna de que el ministro de Guerra haya nombrado al Señor Winston Churchill comandante de las tropas de Sudáfrica con el general Redvers Buller como jefe de estado mayor“.

En la armada, un oficial subalterno que criticaba sin pudor las iniciativas y estrategias de sus superiores era habitualmente castigado mediante encarcelamientos. No obstante, en este caso, estos castigos eran imposibles por tres razones: el primero de ellos es que Churchill era familiar del primer duque de Marlborough, y nadie quería tener la responsabilidad de arrestar a uno de sus descendientes; el segundo es que su madre tenía influyentes contactos como el Príncipe de Gales o el ministro de Guerra. Por último, fuese en India, Sudán o Sudáfrica, este joven impertinente era un habitual de las acciones heroicas; la última de ellas, la del sabotaje a un tren blindado lleno de heridos ingleses, dio la vuelta al mundo. Capturado por el enemigo, este periodista logró evadirse de sus captores  y regresó a la compañía  salvando a múltiples compañeros. Esta historia fue publicada por diferentes periodistas y hasta por el propio Churchill… Así pues, en su regreso a Inglaterra en el verano de 1900, Winston era un personaje célebre en su reino. Es precisamente el verano del cambio de siglo cuando decide volver a su tierra natal para tratar de satisfacer la ambición de toda su vida, convertirse en primer ministro; dado que su padre, lord Randolph Churchill, murió antes de poder hacerlo.

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Sus primeros pasos en política comenzaron con su elección como diputado conservador de Oldham en septiembre de 1900. Sin embargo, como cabría esperar, es un diputado totalmente atípico cuyos votos ignoraban la disciplina del partido. Sobre la guerra de Sudáfrica, el presupuesto de la armada (considerándolo excesivo), las cuestiones sociales, la cuestión irlandesa o el proteccionismo son temas en los que se declara radicalmente en contra de la política conservadora y que derivó, en el año 1904, durante una sesión parlamentaria, al cambio de partido; se levantó de su asiento y se sentó junto a la oposición. Él mismo lo explicaría diciendo: Los hay que cambian de principios por el amor a su partido. Yo soy de los que cambia de partido por amor a sus principios.

Cuando los liberales se alzan con el poder en las elecciones generales de 1906 Churchill se convierten en Subsecretario de Estado en las Colonias, posteriormente Ministro de Comercio en 1908 y, finalmente, Primer Lord del Almirantazgo en 1911, (el escalafón más alto en la marina británica que actualmente recae en la corona inglesa). En todos estos puestos trata de reformar radicalmente las organizaciones pidiendo lo imposible a los funcionarios y al propio Parlamento y llegando a lograr sus objetivos. Su popularidad aumentaba.

Fue La Gran Guerra la que haría salir de sus escondite la destacable inventiva y la sorprendente combatividad de Winston Churchill.  El primer Lord del Almirantazgo conoce la guerra, le gusta la guerra y la sabe manejar pero este activista se encuentra rápidamente ante la oposición de sus colegas más cautos y menos inspirados. Debido a su total responsabilidad en la desastrosa derrota en la batalla del estrecho de Dardanelos se ve obligado a dimitir. Sin embargo, en todos los puestos que desempeñaría hasta el verano de 1917 no cesó en ningún momento de denunciar la política de guerra -pusilánime y locamente temeraria- de su gobierno. Es, finalmente, el nuevo ministro Lloyd George quien decide incluir los servicios de este opositor nombrándole ministro de Armamento. En este puesto, Churchill será durante dieciséis meses el “Don Pelayo” de la Primera Guerra Mundial.

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Tras el regreso de la paz, este guerrero-diputado-ministro-periodista, vuelve a estar en desacuerdo con la política de su partido: es el único que aboga por una intervención en Rusia contra los bolcheviques al estar salvajemente en contra de un acuerdo con los laboristas. Así pues, tras las elecciones de 1922, Winston se encuentra completamente aislado. Dos años más tarde vuelve al partido conservador de una manera muy discreta y diciendo: cualquiera puede cambiar de partido, pero se necesita cierta imaginación para cambiar dos veces“.

A pesar de que fue nombrado Chancellor of the Excheque, (el equivalente inglés de ministro de Economía),  en 1926 por el Primer Ministro Stanley Baldwin, él mismo reconoció que era un ministro, en este ámbito, bastante incompetente. Sin embargo, en este puesto, da nueva muestra de su combatividad logrando detener la huelga de mineros del año 1926; huelga generada por las consecuencias de sus desafortunadas iniciativas económicas empezando por el cambio de patrón de la Libra inglesa al oro.

Con las crisis de 1929 y la caída del gobierno de Baldwin, Churchill vuelve a la oposición aunque, dada su ya conocida personalidad, vuelve a la oposición de la oposición. Desaprueba la política conservacionista del gobierno, especialmente en el tema de la India, en el que él se obstina en rechazar todo abandono. De este modo va a convertirse en “conservador de la oposición”, estando en desacuerdo con todos los demás partidos en las cuestiones esenciales: el desarme, el pacifismo, la defensa del Reino Unido y la política apaciguadora del por entonces Primer Ministro Neville Chamberlain. Sus llamadas en favor de un rearme, su apoyo al rey Eduardo VIII y su completa oposición a los acuerdos de Munich hacen de él el político más impopular de Gran Bretaña. No es hasta que Hitler ocupa Praga en 1939 y amenaza Polonia cuatro meses más tarde que la opinión pública exige el retorno de Churchill a la primera línea de la política inglesa. Del propio Hitler llegaría a decir cosas del estilo: Si Hitler invadiera el infierno, yo haría un discurso en la Cámara de los Comunes con referencias favorables al diablo” o “No odio a nadie, excepto a Hitler y eso es profesional“.  

Es con la declaración de guerra cuando Neville Chamberlain llama a filas al único político que conoce la lucha, que no la teme y que la sabe manejar; en septiembre de 1939 Winston Churchill se convertiría nuevamente en Primer Lord del Almirantazgo.

Para este tipo de 65 años la vida era un eterno “vuelta a empezar”. No contento con controlar la guerra por mar con una inagotable energía, comienza a inmiscuirse en todos los asuntos del resto de ministros, empezando por “el primero” de ellos. Sin embargo Chamberlain cree ingenuamente que el bloqueo impuesto a Alemania permitirá acabar la guerra sin recurrir a acciones hostiles. Radicalmente en contra de esta política de pasividad, Churchill multiplica los discursos bélicos y las acciones marítimas. La desastrosa campaña de Noruega entre abril y mayo de 1940 pone en evidencia el precario estado de preparación de las tropas británicas y Chamberlain, quien es nombrado responsable, se ve obligado a dimitir. El 9 de mayo de 1940, Churchill se convierte Primer Ministro de un gobierno de coalición nacional. Ignorando todo consejo de personalidades como Lloy George, Lord Halifax o R A Butler, el Primer Ministro y Ministro de Guerra rechaza inmediatamente toda proposición que pueda resultarle razonable a unos nazis victoriosos en el continente. Desde ese momento su único objetivo y oposición tiene un nombre: Adolf Hitler.

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Durante cinco años, 18 horas por día y 365 días por año, Churchill controlará su país a través de los tormentos y horrores de una guerra desarrollada en tres continentes al unísono. Tuvo que combatir las insolencias y la procrastinación  de los tiempos de paz, las dudas e indecisiones de los jefes de estado mayor menos inspirados y más ponderados, el entusiasmo y las tentaciones estratégicas de los aliados americanos todavía más aguerridos, las  inquietantes exigencias y amenazas de los aliados soviéticos o las intrigas y las divisiones de los once gobiernos en el exilio desde Londres a El Cairo antes de poder ver desplomarse al Reich, en el medio de Berlín, en mayo de 1945. Y de verse despedido por los electores británicos tres meses más tarde…

Convertido en jefe de la oposición de Su Majestad, Churchill vuelve a la carga en contra del gobierno laborista en el interior  y contra la expansión soviética en el exterior. El discurso de Fulton en Zurich en 1946 hizo de él el primer heraldo de la guerra fría y de la Unión Europea. Si embargo, en su regreso al poder en 1951, se convierte en el creador de un posible acuerdo de entendimiento entre los Estados Unidos y la URSS. No obstante, el clima de tensión posterior a la guerra de Corea, el despertar anticomunista en los Estados Unidos y las rivalidades en el seno del sistema soviético redujeron a cenizas toda su obra. Tras su retirada en 1955, el heroico octogenario, ganador del premio Nobel de literatura en 1953, libraría un combate épico contra La Parca, lucha que no abandonaría hasta pasada una década, cuando en 1965, a los 90 años, el hombre que sólo podía ofrecer al pueblo inglés “sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas bajó los brazos y se convirtió en mito.

 

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Comentarios

Comentario

E Fdez

Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer. Una creencia: todo el mundo debería creer en algo, yo creo que voy a seguir leyendo, discúlpenme.

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